Tu trato con los animales hablará de ti mejor que tus palabras -R.M.J.

miércoles, 2 de enero de 2008

LA SUMA QUE RESTA - Prólogo y Capítulo 1


Prólogo
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-----¿Es aventurado asegurar que nos hallamos ante un fenómeno literario que puede romper moldes en la literatura contemporánea? ¡No! Pienso que nadie escribió nada como “La Suma que Resta”.
-----En esta novela la imaginación desconoce los límites y su andamiaje argumental es un constante juego de sorpresas, en una cadena de historias que se abren de modo sorprendente y se cierran de manera inesperada. Es una historia de historias y en cada una fulgura el testimonio de una vileza, en la que la emoción alterna con los hallazgos y la creatividad con la prosa, dentro de una narrativa llevada con equilibrio y en la que los silenciosos vericuetos se desgranan pero sin escaparse de la madeja, sin ceder nunca a la palabrería insustancial y siempre por medio de bellas imágenes. Aquí el ingenio convive con el lenguaje abarrotado de insinuaciones y cuajado de ironía. A lo que cabría adicionar esa cualidad poco vista de escribir opinando, dejando una enseñanza.
-----El empleo del idioma, distanciado del uso coloquial de las palabras, es profuso y sereno, sin entrar en ese delirio edulcorado por el exceso de una terminología extravagante, incomprensible e innecesaria (práctica muy a gusto de algunos autores que ven en esa frivolidad una elevación de su obra, renegando así a aceptar que la verdadera elevación la otorga la inventiva).
-----En “La Suma que Resta” destaco la osada insistencia de prescindir de los nombres personales y el cuidado de conceder un modo de hablar que diferencia y determina a cada personaje, como así también a la gente de la ciudad y la de los pueblos. Es decir, que Ricardo Muñoz José, sin abandonar la riqueza del lenguaje inventa otro lenguaje.
-----Estamos ante una narrativa construida ladrillo a ladrillo aplicando el esmero y la prolijidad, en la que se hurga hasta herir, removiendo la memoria hasta desenterrar olvidos imperdonables. Enfrentando así al lector a una cruda realidad que se ve y respira y dejando en quien lee una sensación de asombro, al advertir que participa en un análisis repleto de violencia reprimida y de endebles humana, para luego darle el alivio de la situación divertida.
-----A lo largo de la novela, por momentos la angustia absorbe al silencio y la ausencia se torna vigilante, con un objetivismo a veces extremado, conducente a desenmarañar el gesto, recuperando así sentimientos enjuagados en el egoísmo y que aún sobreviven. Con este desdoblar de recursos se evidencia el derrumbe interior oculto detrás de una presencia correcta, pero en la que siempre planea un síntoma de acusación. A mi modo de ver, esta novela es como una bandera roja que ondea para avisarnos que nos hemos adentrado en territorio de revelación.
-----Por todo lo dicho, me inclino a afirmar que nos encontramos ante un escritor para escritores (para los que quieran aprender), porque la escritura de Ricardo Muñoz José es novedosa, excitante, a veces caricaturesca, pero siempre enternecedora. Y aunque se luce en la utilización del idioma él no busca ese lucimiento, más bien persigue hacernos saltar de sorpresa en sorpresa, desenmascarando ese afán de perfeccionismo moral y espiritual, portador de la virtud, que muchas personas dicen poseer.
-----Para concluir, entiendo que la presente narración compone un todo y por tanto es inseparable, pero voy a incurrir en un abuso y destacar la participación del indigente, ya que es una auténtica bofetada en el rostro de la indiferencia y llega a su mayor esplendor cuando renuncia a la esperanza. Son las páginas más conmovedoras que he leído en mi vida.
-----Si “La Suma que Resta” alcanza la difusión que se merece, marcará un antes y un después en la narrativa moderna.
-----Ahora, lo ideal sería que Ricardo Muñoz José nos regalara con una segunda parte de esta inolvidable novela, porque la unión de géneros literarios y el despliegue de humor sano, no es moneda corriente.
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Hernán Lezama Whailer
Catedrático de Historia de la Literatura

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1



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Lindor Birli y Crispín Birloque, detuvieron sus cabalgaduras en la punta de la loma y quedaron extasiados, mirando el magnífico espectáculo con los tres ojos que entre ambos reunían.
------¡Qué istraordinario!
------¡Imprisiona!
------Me se da ques tierra virgen.
------¡Sí! Y parece que nos istá isperando.
------Es toa pa nosotro.
------Y yo toy iscuchando que me pide que nos quidemo con ella.
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-----En el confín de oriente, el sol se asomaba como un bebé rubio agazapado en un punto del cielo. La luz imparable se extendía en la mañana, soltando un burbujeo de reflejos que desmontaba el apogeo de la sombra. La brisa juguetona se divertía con la calma en fuga, e iba poniendo en cada rama y en cada hoja, el repetido retorno del diurno andar de la vida. Todo se desperezaba al modo de las mismas porfías. Prendida de la nada, una nube blanca dibujaba su vellón con paciente actitud de espera. En lontananza, una bandada de aves, cual notas musicales recorría sin ruido el pentagrama del firmamento.Las dentadas montañas -rastro del primitivo eructo geológico-, semejaba a la cola de un dragón recostado contra el azul etéreo. Palpitando, la soledad abría su dilatado manto. El silencio se encogía, prensado por el canto del río y el trinar de los pájaros, que íbanse ensamblando al onírico ambiente con sus voces de alegría. Al paisaje de rojiza tierra, verde vegetal y ocres mil, se sumaba el acicalado rostro de las flores, formando la irisada paleta de un invisible pintor. Desde la cumbre del aire, aquel territorio, arisco y despoblado, se ofrecía generoso.
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-----Con ese recital de belleza tropezaron Lindor Birli y Crispín Birloque, dos aventureros socarrones y pendencieros, que erraban por los caminos unidos por el lazo de la amistad.
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-----Pero una amistad inarmónica, ya que en ambos residían sus propias singularidades.
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-----Lindor Birli era un hombre moreno, alto, fuerte, con mirar de búho, nariz puntiaguda, labios gruesos, dentadura sucedánea, y un mentón desafiante que le acentuaba la cara musculosa. La cintura flexible y las largas piernas, ponían balanceo a su andar desgarbado de jirafa en estado de gestación. Lindor Birli, mostrábase orgulloso hasta lo incierto, testarudo sin fisura y tacaño con ensañamiento. Adoraba el color naranja, pues según él, lo influía positivamente para la rigurosa lucha diaria. Por lo tanto, siempre usaba una camisa anaranjada más sucia que conciencia de pederasta.
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-----En Crispín Birloque la descripción asumía otra partitura. Era de cabeza ovoide, y cara rubicunda dividida en tres secciones; abajo la boca pulposa, arriba la frente extensa, y en el centro una mirada bicolor, con un ojo verde natural y otro negro de cristal. Y, firmando la fachada, un pelo rubio, lacio y graso que caía a compartir sitio con los hombros. A su complexión abreviada la beneficiaban los ágiles movimientos, y una voluntad incansable. Aunque, a diferencia de su compañero, esgrimía una diplomacia hervida a fuego lento, y una conversación forjada a fuego intenso. A él le encantaba el morado por haberse criado comiendo moras; de ahí su incondicional apego a usar en el cuello un pañuelo más morado que ojo a la virulé.
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-----También en el dúo permanecían otras particularidades.
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-----Lindor Birli alardeaba de levantar sillas con los dientes; las mordía por el respaldo y las alzaba hasta ponerlas en el estante. Empero, un día, una silla se compinchó con una piorrea sin curar, y entre las dos se quedaron con su dentadura. Desde aquel momento, se tuvo que apañar con una postiza de celuloide que le hicieron de urgencia. Una solución discutible, dado que cuando se excedía en la masticación, el celuloide se calentaba amenazando arder igual que la cera. Ante tal riesgo, Lindor Birli se sentaba a comer con un cubo de agua a su lado; al menor chispazo metía la cabeza en el cubo.
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-----Por su parte, Crispín Birloque se jugaba el físico con el ojo de cristal. Su drama comenzó una lejana fecha, cuando comía boniatos asados y se le posó una avispa en una ceja. Él le soltó una cachetada con la mano que tenía el tenedor… La avispa voló y su ojo derecho apareció ensartado en la punta del cubierto. La ciencia de la época nada pudo hacer por su bonito ojo verde, aunque le dio la opción de reemplazarlo por otro de cristal. Le dieron a elegir en un surtido de diversos precios y calidades. Él se quedó con el negro porque estaba más barato.
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-----La dentadura de Lindor Birli logró ser famosa; si se la extraía asustaba a los niños, y si se la ponía espantaba a los mayores.
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-----La mirada de Crispín Birloque jamás pasó desapercibida. Con el ojo negro fijo y el verde en actividad, esparcía el pánico cada vez que deseaba escupir. El distraído de turno, se movía de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Pocos lo consiguieron. La mayoría concluyó el impasse limpiándose los trapos y llenándolo de insultos. Sólo Lindor Birli salía airoso, ya que él no lo miraba a los ojos para no volverse loco.
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-----Aparte de las curiosas disparidades, en los dos existían esas habilidades tan propias de los seres habituados a atravesar cualquier pantano. Lindor Birli era un experto cazador de hormigas, y Crispín Birloque con las hormigas, ajo y guisantes, hacía unas fritangas de chuparse los codos.
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-----Y por más que las circunstancias lo dijeran, este dúo no fue nunca un dúo al uso; tratábase de un dúo de cuatro, porque debajo de cada hombre había una bestia, y arriba de cada bestia un hombre. Lindor Birli montaba una yegua testaruda y Crispín Birloque un caballo estrellero. Y así como los hombres compartían la necesidad de aventuras, los animales compartían las garrapatas. Por lo demás, igual que el agua y el aceite; desprecio mutuo. La yegua odiaba al caballo al serle menester seguir cultivando la virginidad, y el caballo aborrecía a la yegua por no dejarle descargar el exceso de soltería. Pero la inquina no vedó tal probabilidad, y un día la yegua parió algo raro; de configuración indefinida, y por tanto, inclasificable. La gente alarmada poco tardó en poner el grito en el escándalo:
------¡Es un cintauro!
-----Y puesto que el caballo, por ser caballo, no concordaba con la porción humana del centauro, las suspicacias se encaminaron hacia Lindor Birli. Pero las sospechas nunca consiguieron afianzarse, y el tiempo le encargó al olvido que tapara el asunto.
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-----El territorio encontrado contaba con un río. Algo que alegró a los aventureros, debido a que, aun siendo gente de muchos caminos y de dormir a la intemperie, se daban el lujo de un baño mensual. El río, con su tajo partía la región dividiéndola en dos. Sin sonrojos, los hombres imitaron el ejemplo y se repartieron el territorio; todo lo existente al norte del río fue a manos de Lindor Birli, y de lo que se hallaba al sur se apoderó Crispín Birloque.
-----Y la tierra, que no era de nadie porque era de todos, de golpe y expolio pasó a poseer dueños. El célico se pintó de nubes moradas y naranjas. Las lagartijas desaparecieron entre las piedras y los sapos se difuminaron en las hojas; espantados por el descaro de la avidez humana. Desde las entrañas de la vergüenza vino un fuerte viento de rechazo, y las copas de los árboles se tumbaron para el mismo lado, como queriendo alejarse del lugar y no ser testigos de tan insultante saqueo; ¡de tan tremenda desfachatez! Mas, ¿qué sabían del mundo las lagartijas, los sapos, el viento y los árboles? En este planeta ¡todo pertenecía a alguien! ¡Desde la montaña a la piedra! Y aquel que le clavara primero las uñas se quedaba con lo que hubiera, y el resto a mirar el paso de la vida sin meterse en asuntos ajenos. Así había sido desde que el hombre se estrenó como persona, y depositara su ávida ambición en la Tierra.
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-----Los escasos habitantes ya establecidos en la región, aceptaron pasivamente el impúdico atropello, y con su silencio permitieron que el robo inaugurara una nueva sucursal. Y los aventureros, tan bien hermanados, ya que la lucha a contrapelo les destapaba la necesidad de ayuda y de mutua protección, aparcaron la amistad y descosieron sus destinos, prestos a reconocer la parte del pastel que a cada uno le correspondió en el reparto.
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-----Pero, no por ser activos militantes de la apropiación indebida, sentíánse apáticos ante los vaivenes del amor. Lindor Birli y Crispín Birloque, repletos de falta de cariño, en los largos recorridos por sus dominios, se colaron en todos los catres que se pusieron al alcance; dónde veían pelo se iban de cabeza a la piñata. Más que latifundistas parecían DDT; mataban cualquier cosa. Por culpa de estas andanzas, en la zona se produjeron muchísimos milagros; los niños aparecían adentro de las solteras, y de alguna casada que pastaba al rocío.
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-----Lindor Birli se enredó con una ermitaña que perdía aceite. Una mujer que rascándose el ombligo se comunicaba con las piedras, las plantas y las ánimas del más allá. La ermitaña residía en una cueva enclavada en la ladera de un cerro, y para subir empleaba una tosca escalera de palos, mas, al no saber que la escalera servía en ambos sentidos -subir como bajar-, cada mañana saltaba desde la cueva a la planicie lastimándose las posaderas. Lindor Birli, más inteligente, le construyó un tobogán para que la mujer descendiera con dignidad.
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-----Por su parte, Crispín Birloque tuvo una experiencia de hondo contenido matemático. Luego de fecundar a todo bicho con faldas, cayó víctima de un mal cálculo; un marido inoportuno regresó antes de tiempo, y él se vio obligado a saltar un alambrado. Sus atributos masculinos quedaron colgando de las púas del alambre de espino.
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-----Las placenteras andadas repletas de sablazos sexuales, dieron un copioso fruto; Lindor Birli fue padre de veintiocho hijos -ya que al centauro no le concernía esta suma-, y Crispín Birloque se quedó en veinticinco, por el inoportuno marido y el desatento alambrado. Todos los críos fueron legalmente reconocidos, porque a los dos les chiflaba la posibilidad de perpetuar sus apellidos. Eso sí, sin perder las respectivas solterías.
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-----Y mientras el viento dispersaba la noticia del hallazgo de la nueva tierra de esperanza, muchos desheredados se iban asentando en la región. Los pioneros, de muy buen grado admitían el aumento de la población. Se fregaban las manos mirando sus talegas, y con la idea depositada en futuros manoseos, teniendo a esos vecinos en el papel de damnificados.
-----Pero, aquella amistad, enraizada en los años y en los caminos recorridos, un día rodó por los suelos. El derrumbe adquirió altura, cuando Crispín Birloque encontró en su propiedad un yacimiento de plata. La envidia cegadora vendó los ojos de Lindor Birli.
------El Crispín acaricéa la riqueza, y yo me rasco en de mientra me se caen las pulgas.
Eso sí, ni la envidia ni el resentimiento supusieron un escollo, para que Lindor Birli no se valiera de sus dos buenos ojos y mirara hacia abajo: él captó que la tierra le pedía ser fertilizada por el sudor de la agricultura. Entonces introdujo la cría de ovejas.
------Trabajar la tierra es dimasiao pesao. Qué la trabajen los otro, ¡qué pa eso son los otro! Yo cobrándoles el arriendo toy bien servío.
-----Y tras guardarse la mitad del terreno con el fin de pacer a sus ovejas, el resto, minuciosamente dividido en parcelas, se lo alquiló a los más necesitados. En el momento que el suelo empezó a dar fruto, Lindor abrió un comercio de productos alimenticios y herramientas de labranza, y a los aparceros les cambiaba lo que producían, por los víveres y los enseres vendidos por él.
-----A todo esto, Crispín Birloque seguía contratando mineros y gritándoles a pulmón abierto para aumentar la producción.
-----Lindor Birli, con los productos de la tierra, la carne de oveja y las mercancías de su establecimiento, pronto derivó en el dueño de la comida, y se engolosinaba sabiendo que los mineros de Crispín Birloque si no comían no trabajaban. Y ya que la ambición le metía dureza en el alma, se impuso incrementar los beneficios y aumentó los precios de todos sus artículos, forzando a mineros, agricultores y pastores, a deslomarse hasta reventar para poder comprar alimentos.
-----La carestía de Lindor Birli alegró a Crispín Birloque, pues su producción se disparaba. Mas, a la vez, lo carcomía recordar que el dinero siempre finalizaba en la hucha de su adversario. En respuesta, y apremiado por la urgencia de paralizar tamaña fuga, construyó un prostíbulo. Un prostíbulo al que irían sus mineros, los agricultores y los pastores de Lindor Birli, para así llenarle el calcetín a él.
-----Lindor Birli, enseguida se percató que el burdel de Crispín Birloque funcionaba a tope, y al correr parejo mujeres y alcohol las peleas eran frecuentes. Peleas que casi siempre acababan en muertes. Sobre la marcha fundó una funeraria. Su funeraria, tras cobrar los servicios, sin ceremonias ni entierros, hundía a los difuntos en el río.
-----Pero, Crispín Birloque, nunca se aliaba con la desidia, y al ver que Lindor Birli no construía un cementerio, habilitó un solar para ese fin, así la gente -luego de pagarle por enterrar ellos mismos a los suyos-, tuviera un lugar donde llorar a sus muertos.
-----Lindor Birli, con el orgullo hondamente tocado, contraatacó con la buena obra y construyó una escuela, situando al frente a un maestro fiel a sus directrices. De esta manera controló a los padres por medio de los hijos, a la postre, sus futuros clientes.
-----Crispín Birloque, para asestarle la puñalada mortal, edificó una iglesia para que el cura, leal a él, se hiciera con todo el mundo.
-----Empero, el cura, un verdadero lince husmeando negocios, les dio el soplo a sus superiores. Y la Iglesia, a fin de ampliar su espacio de influencia, captó la nueva rentabilidad, y trajo el ferrocarril para así dominar a los dos terratenientes.
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-----Y el ferrocarril que daba salida al mineral, a las ovejas y a la producción agrícola, favorecía el arribo de nuevos pobladores. Por oleadas llegaban sastres, labradores, carreros, leñadores, herreros, lavanderas, barberos, catequistas, soñadores, tahúres, y prostitutas. Muchas prostitutas -por eso, los que nacían en la región eran unos auténticos hijos de ellas-. Con tal avalancha de gente, pronto la economía voló alto.
-----En un tris las calles adquirieron forma, las casas se avecinaron, y florecieron múltiples casuchas con empaque de comercios, que se engalanaban con rústicos carteles anunciando la especialidad que el ocupante ofrecía.
-----Crispín Birloque, siempre tan propenso al encandilamiento, se dejó llevar por la vanidad y accedió a la atracción de la flamante tendencia. Obedeciendo al influjo resolvió poner un cartel, y su mina de plata pasó a llamarse MINA DE PLATA. Eso sí, con mayúsculas.
------Desta jorma me libro de los ladrone de oro -pensó.
-----El cartel, lejos de encocorar a Lindor Birli, le espoleó la burla y también la avidez.
------Asín se salva de los ladrone de oro y se queda a mercé de los ladrone de plata. Con el cartel les istá indecando el lugar.
-----Crispín Birloque movió los hilos de su servicio de espionaje, y en un soplido conoció las rastreras intenciones de Lindor Birli. E intuyendo el peligro que lo acechaba, se propuso cubrirse la espalda y que nadie metiera la mano en su alcancía de plata. Mandó levantar un muro de piedra alrededor de la mina. Arriba del muro hizo poner pedazos de botellas rotas con sus afiladas puntas mirando al cielo, y encima de los trozos de vidrio, alambre de espino.
------Ahora naide podrá saltar ahí adentro pa robarme el minerío.
-----En la puerta, la única puerta, puso un guardián de su entera confianza.
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-----Mas, Crispín Birloque subestimó la sutileza de la corrupción, y Lindor Birli, fiel cultivador de la corruptela, sobornó al vigilante con unas monedas, una cesta de frutas y dos gallinas.
-----Y al grito de: “Ábrete Sésamo”, la puerta, como en el famoso cuento, se abrió delante de los treinta y nueve ladrones (el cuarenta, Lindor Birli, no fue). Los saqueadores entraron a la mina al amparo del infiel guardia de Crispín Birloque. Pero no robaron nada, puesto que con las prisas, olvidaron llevar un carro para cargar el mineral.
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-----El incidente agarró un curso insospechado. Crispín Birloque, hondamente herido en su amor propio, ¡retó a duelo a Lindor Birli! Y Lindor Birli, con tal de no ver menoscabada su autoridad, ¡aceptó! Pero, al ser personajes tan conocidos, gozaban de menos simpatía que el sarampión, y todos se negaron a apadrinarlos. O casi todos, ya que el sepulturero, por razones irrebatibles se ofreció, y debieron conformarse con un solo padrino para los dos. Entonces, el riguroso sepulturero preguntaba en nombre de uno, y respondía en nombre del otro. Luego de una larga negociación consigo mismo, el hombre se decidió por la utilización de pistolones de un único disparo.
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----Un grisáceo amanecer y en una trocha angosta, Lindor Birli y Crispín Birloque se batieron a duelo con un resultado espeluznante; ¡una paloma muerta y una bala en la pierna derecha del padrino! Y por más que luego el padrino se comiera la paloma con arroz, nada se pudo hacer por su pierna. Los dos contendientes se la amputaron allí mismo. Y dada la urgencia, dispusieron una solución provisoria que acabó siendo definitiva; con esparadrapo y alambre, le sujetaron al muñón un palo con una rueda de carretilla en la punta. El pobre hombre, caminaba con la pierna izquierda y rodaba con la derecha.
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-----Ergo el fallido duelo, los adversarios tornaron a sus solitarias vidas, ignorándose mutuamente. Empero, y dado que el tiempo es mejor consejero que los balazos, con la circulación de los meses las entendederas aclararon las ídem, poniéndoles delante de los ojos una amarga realidad; ¡estaban solos! ¡Apeados del mundo! No contaban con nadie porque no había nadie. Las mujeres que amaron, una vez usadas fueron abandonadas. Ellas, más que un cariñoso recuerdo por “su” hombre alimentaban al vitriolo del rencor, dado que siempre se vieron tratadas cual sandías; comido lo de adentro, adiós a la cáscara y a aguantarse las semillas que engordarían la barriga. Semillas que derivaron en muchos hijos. Hijos que, por ser de diferentes madres, ignoraban el sentido familiar. Ellos, en su progenitor no veían a un padre; veían un mosquito que aplicada la picadura voló por si las moscas. Sin esposa ni hijos, ¿puntuaba en algo el respeto conseguido a fuerza de mangonear? ¿Y la riqueza? ¿De qué les servía la riqueza ante tanta soledad?
------Istamo más solo que lobo oyendo misa.
-----La acosadora vejez, les gritaba al oído una sola palabra: ¡Reconciliación!
-----De los dos, Crispín Birloque lucía el talante más sociable, por tanto, lo normal era que diese el primer paso. Mandó un mensajero a casa de Lindor Birli, anunciando su próxima visita. El otro accedió encantado.
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-----Una tranquila mañana de otoño, Crispín Birloque resolvió ir a recuperar la antigua amistad. Antes de partir miró a Bufón, su perro (y única compañía), y le soltó una recomendación:
------Ahí te quedas, ¡al cuidao de las casa!
-----El can dio un breve ladrido acusando el recibo del encargo.
-----Montó en su viejo caballo estrellero y enfiló a la vivienda del camarada. El momento llamaba y debía arrinconar los intervalos que abonaron las desavenencias, pues detrás de la borrasca fulguraba el aprecio de antaño. El sol le caía de frente sin terciarle la mirada, ya que a esa hora un Febo aletargado planeaba casi aterido. En el cielo, las nubes deshilachadas por el viento, engullían sus deseos de apagar la suave claridad. Cruzó el río con los ojos revolcándose en el agua. A su paso todo manaba tranquilidad, era como si el firmamento se hubiera engullido los agobios de la tierra. El silencio percutía en el oleaje del matorral. Unos breves rayos iluminaban los espejos del tiempo, y la hierba desprendía la caricia matinal. Un dedo invisible jugaba con las hojas barnizadas por el poso del rocío. En la cumbre de un cerro, un buitre extendía las alas saludando a pico levantado al eterno infinito. Crispín Birloque, libre del bozal de la premura, tomó por la vera del regajo buscando en el polvo del camino el susurro del planeta. El andar de su caballo se reiteraba en un vacío percutir, que deshacía la posibilidad de volar con el eco. Desde lejos vislumbró la vivienda del amigo. Una casa rural pintada de naranja. El perfil de Lindor Birli se dibujaba en el rectángulo de la puerta.
------Asigún veo, el anaranjao sigue siendo su color javorito.
-----Se tapó el ojo de vidrio con un parche morado, y rumbeó a la meta. Sin embargo, al llegar no pudo reprimir un fiero escalofrío. Vio que de un árbol pendía una cuerda con el nudo corredizo hecho. ¡Preparada para el ahorcamiento! Miró la escena con ojo azorado, y parpadeó repetidas veces espantando el recelo.
-----Crispín Birloque se enfrentó al amigo con la sospecha en la piel. Lindor Birli le alargó su mano cuarteada por la vida.
------Me se alegra el corazón al verte, Crispín.
------Lo mismo digo, Lindor. Verte me da un patadón de alegría.
------Y a mí la alegría de quel patadón no sea pa mí.
-----El encuentro resultó positivo. Se trataron sin resentimientos. En perfecta armonía recorrieron las inmediaciones, y se embobaron mirando las gallinas, los patos y la cerda preñada.
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-----A la hora de la comida, Crispín Birloque se sorprendió de no ver el cubo con agua junto a la silla de Lindor Birli.
------Es que ya no lo nicesito. Aprendí a comer a juerza de clavar incías. Iso sí, cuando me se da por comer iguana jrita, tonce me pongo mi dintadura nueva de baquelita marrón.
------Te jelicito. Veo que has cambiao.
------Tamién tú has cambiao. Ahora te se da por ponerte nel ojo un parche morao.
------Sí. Me lo tapo porque anda por ahí un endividuo a la caza de vidrio, y toy con miedo que algún día me pesque dormío y me mate pa robarme el ojo.
-----Comieron juntos, bebieron juntos y cantaron juntos. Todo fue ameno y de lo más entrañable. Sin embargo, en cierto momento, a Crispín Birloque le dio un nuevo escalofrío; ¡atrás de una puerta vio una escopeta cargada! Tragó saliva y se decantó por el disimulo. Al caer la noche, Lindor Birli insistió en que se quedara a dormir.
------Con el vino que tas tomao y con ese caballo meio ciego, de siguro que entuavía te matas nun barranco. Y luego dispués me mato yo pa dir a ricogerte.
-----Y demostrando ser un buen anfitrión le cedió su camastro. A Crispín Birloque el ofrecimiento le estampó la emoción en el alma.
------Dijar su cama pa que la use la visita, es cosa de hospitalidá.
-----Era una gran verdad. Lástima que las chinches del camastro no conocieran ese principio. Y para colmo, ¡las chinches resultaron ser caníbales! ¡Las picaduras parecían mordiscos de cocodrilo! No pudo conciliar el sueño. El obligado desvelo lo introdujo en la senda del recelo. ¿Por qué la habitación estaba llena de flores? ¿Por qué la horca en el árbol? ¿Por qué la escopeta cargada tras la puerta? ¿Por qué la insistencia para que se quedara a dormir? La respuesta entró en su mente con la misma celeridad de una bengala encendida.
------¡El Lindor me istá quiriendo matar!
Al despuntar el día montó en su viejo caballo estrellero y se marchó casi sin despedirse.
------Ahora ispero tu visita -gritó desde la tranquera.
------Iré a verte, Crispín, y antes de dir te avisaré antes. Y llevaré un rigalo pa celebrar la visita.
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-----Así lo hizo. Poco tiempo después, Lindor Birli le anunció la fecha que iría a visitarlo. Empero, Crispín Birloque, rencoroso hasta la décima potencia, no olvidaba los sustos pasados en casa de Lindor Birli, ni tampoco olvidaba que en una ocasión intentó un robo en su yacimiento. Por eso lo esperó con una sorpresa; con polvillo de las galerías de la mina llenó un gran saco de arpillera, y lo colocó sobre la puerta de la cocina.
------Cuando istemo comiendo le via pedir que vaya a la cocina y traiga la sal. Y apenas toque la puerta el saco le va caír incima, ¡y lo va aplastar como a una cucaracha!
-----También pensó en cubrir el crimen con una coartada.
------A la Policía le via contar que se chocó con el colchón colgao del aucalitu, y quel
colchón vino a cair incima dél. Y si por un acaso cuando muera me voy pal Cielo, a Dio le via inventá otro cuento.
-----Buscando no inspirar desconfianza, disfrazó su intención con un gesto de finura, y se aceitó el ojo de vidrio que al parpadear hacía el ruido de un molino de viento. Lindor Birli lo agradecería, por lo mal que le sentaban los ruidos molestos.
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-----Un día de semblante claro, con el sol otoñal abrazado al tibio céfiro, la vegetación bebiendo tranquilidad, y el canto de los pájaros acompañando el repliegue del silencio, Lindor Birli montó su amada yegua, dispuesto a enhebrar las asperezas del camino en dirección a la casa del antiguo camarada. Empujado por la brisa cruzó el río. Ese río compañero de tantas horas largas. Y en aras de un empeño enfiló al paraje llamado por su amigo, Piedradoble.
------¿Qué será iso de Piedradoble? Nun lugar hay una piedra o hay dos piedra. Pero una piedradoble, ¡no! De siguro ques cosa del alcohol o del ojo de vidrio sucio.
-----El último tramo le endulzó los sentidos poniéndole cosquillas en las manos, emoción en el cuerpo y humedad en los ojos. Entonces la prisa, despegándose de los ramales del sosiego, rompió la apatía a favor de su corazón anhelante. Sólo la yegua rezumaba nerviosismo, al presentir el infausto reencuentro con su aborrecido enemigo; ¡el caballo estrellero de Crispín Birloque!
-----A la distancia, Lindor Birli avistó la casa del amigo rebosante de color morado. Pero su vista, cascada por los años, la vio borrosa, tal si mirara con las gafas empañadas.
------Él dende siempre le anduvo dando al gusto por el morao. Y
parece que entuavía sigue.
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-----Lindor Birli venía a devolver la visita, y en prueba de amistad traía un regalo; una botella de buen vino. Aunque previamente, se había bebido el contenido y rellenó el casco con aceite de ricino.
------Le vía hacer una broma al Crispín, y me se da que le va dar alegría porque a él siempre le gustaron las broma. Y si la palma es cosa dél. ¡Mejor pa mí! Un güeco menos pal rencor.
-----Al paso cansino de su yegua, Lindor Birli se fue aproximando a la casa. Al llegar, descabalgó con movimientos pausados. El perro Bufón corrió a recibirlo moviendo la cola a modo de saludo. Crispín Birloque levantó los brazos expresando alegría. Lindor Birli caminó al encuentro del amigo con una sonrisa marrón en los labios; pues ya se había puesto la dentadura de baquelita.
------Es too un placer ricebirte, Lindor.
------El placer es más mío que tuyo, Crispín.
-----Crispín Birloque se mostró halagado con la botella de vino. Empero, cediendo a la desconfianza asilada en su mollera, la puso en un rincón junto a un grupo de botellas, y manoteó otra sin que el amigo notara el cambiazo.
------La beberemos en la comida, Lindor.
-----Lindor Birli se sonrió con suficiencia, consciente que jamás picaría en su propia celada. En tanto, Crispín Birloque se partía de risa acariciando la sorpresa montada arriba de la puerta de la cocina. Evidentemente, la amistad entre ellos ya no existía. Uno de los dos sobraba. Y el sobrante, siempre era el otro.
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-----Se sentaron a la mesa como buenos camaradas, y hablaron mucho y removieron los recuerdos, mientras que en la olla se oía el ronroneo de la sopa de ajos que Crispín Birloque preparaba, y que a Lindor Birli tanto le apetecía. Y apenas el fuego puso la palabra fin a la cocción, los platos se llenaron y la sopa de ajos atiborró el sitio con su característico aroma. Los estómagos abrieron las compuertas y la voracidad apareció.
------Crispín, ¿tienes queso rallao pa la sopa?
------Sí, hombre. Ahora mesmo te lo traigo.
-----Crispín Birloque, víctima de un temporal olvido, se levantó y
presto enfiló a la cocina en busca del queso rallado. La distracción rápido le pasó factura. Empujó la puerta, y el saco, tras engancharse en un clavo, se rasgó… ¡Le cayeron encima treinta kilos de polvillo de la mina! Y tuvo suerte, pues la avalancha lejos de matarlo lo dejó atontado.
-----Pero, las enfermedades nunca son condecoraciones, y en el momento más inoportuno saltan convertidas en un incordio. Crispín Birloque padecía alergia asmática y el polvo para él era un veneno. ¡Quedó atrapado en la polvareda que nublaba la cocina! Ypso facto, los bronquios se declararon en huelga mudando su misión. Se puso pálido, la respiración se tornó difícil, forzada; el pulso se desmadró, un sudor frío le humedeció la epidermis, los músculos del cuello se tensaron, y le sobrevino una tos seca. Bufón, su leal perro, lo miraba sin entender qué le ocurría. Crispín Birloque, trastabillando salió al patio, dio unos breves pasos y estampó la cara en el semblante de la tierra. Lindor Birli se deshacía a carcajadas.
------¡Cayíste en tu propia trampa, bellaco! ¡La priparaste pa mí y te la has comío tú! Ja, ja, ja…
-----Crispín Birloque nadaba en medio de la vida y de la muerte. Y aun sabiéndose perdido, puesto que una insuficiencia respiratoria podía mandarlo de cabeza al hoyo, del interior de su alma mezquina sacó fuerzas y alcanzó a gritar:
------¡Mis discendiente me vingarán matando a tus discendiente!
------¡Te quivocas! ¡Van ser mis discendiente los que se cargarán a toos los tuyo!
-----La piel de Crispín Birloque se fue amoratando, y poco a poco se integró en el matiz del pañuelo que usaba, y el conjunto devino en una inmensa mancha morada -su color de la suerte-. Él advertía el final aleteando a su lado. La respiración de un momento a otro iba a cortarle el suministro y el corazón detendría su andar. La muerte, con la guadaña flameando, lo llamaba desde el borde de la sepultura. Había llegado la hora temida. La hora de partir.
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-----Lindor Birli, para celebrar la segura desaparición del antiguo camarada, atrapó del montón una de las botellas -él jamás agarraría la que estaba en la mesa- y se llevó el premio, ¡la botella con aceite de ricino! De un largo trago se bebió la mitad.
------¡Puf! ¡Qué vino asquiroso!
-----Al principio no notó nada. Pero, al poco rato, ¡una hoguera se encendió en sus tripas emprendiendo un abrasador viaje intestinal!
------¡Por Dio! ¿Qués isto?
-----Por el aparato respiratorio comenzó a subir una onda de calor a incinerarle el paladar, y al emerger por la boca íbale cuarteando los labios. El pelo dio un respingo alzándose al célico. Sus ojos, como pimientos en un charco, se desorbitaron agitados por un impetuoso dolor venido de sus vísceras. La nariz se le atrancó y las orejas casi alzaron vuelo. Le pareció que en su estómago se peleaban dos gatos enfurecidos. Y aunque todos sus poros expulsaron un aire caliente, algo más grande pretendía encontrar salida y no acertaba el punto. Lindor Birli se aflojó el cinto, y sujetando el pantalón con la mano derecha, arrancó rumbo a la maleza con un papel en la izquierda. De tanto apretar las nalgas para impedir cualquier fuga, escasamente le dio tiempo de agacharse. El rostro se le puso amarillo, del amarillo pasó al verde, y del verde a un tono lechoso. Disparó un desgarrador alarido, ¡y ahí quedó! O mejor dicho, ¡quedó a medias! Lindor Birli no pudo dejar este mundo en cuerpo y alma. Su cuerpo sí se fue al cementerio, mas su alma, hasta hoy anda a los saltos por el matorral.
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-----A la semana los vecinos fueron a buscarlo, y lo encontraron recostado a una roca, el pantalón en las rodillas, las manos agarradas a los arbustos, la cara mirando al cielo y la boca abierta; en un claro pedido de ayuda divina. Lo colocaron en una carretilla y lo trajeron como lo hallaron; sentado y más duro que pan viejo.
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-----Los familiares, al no poder disminuir la rigidez del cuerpo, le dieron una paliza a fin de ablandarlo e introducirlo en el ataúd. Pero, Lindor Birli, terco hasta después de muerto, toleraba los golpes y se endurecía sin cesar. Al final, uno de sus hijos tuvo una brillante idea; lo zambulleron en agua caliente y lo hirvieron igual que un pollo. El rigor mortis transigió. Los deudos, en venganza, lo sepultaron boca abajo, por si revivía e intentaba salir que se enterrara más y más.
------¡Pa que aprienda! -dijeron en coro.
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-----A Crispín Birloque, en plena crisis respiratoria lo llevaron al Hospital Comarcal. A corta distancia lo siguió Bufón, su inseparable perro, Al enfermo lo ingresaron de urgencia, y al can le dieron una patada. Bufón, cariacontecido, se echó en la puerta del hospital a esperar a Crispín. Los médicos, al ver a Crispín Birloque, ordenaron su urgente aislamiento y lo pusieron en una habitación ventilada. Y no para facilitarle la respiración; sino porque al anciano le olían los pies de tal forma que nadie podía aguantar.
-----Una misericordiosa señora, con el alma tiritando de emoción y el corazón goteando ternura, se ofreció a lavárselos a cambio de no verlo más. Seguidamente, ni facultativos ni enfermeras escatimaron esfuerzos intentando salvarle la vida. ¡De nada sirvió! La vida suele ser sorpresiva y tarde o temprano decide cambiar de recipiente, y se larga desentendiéndose del trasto inútil.
------Lo metieron nuna tienda de osígeno –relató un pariente-, y, al no dentrarle aire, el viejo se murió asfisiao.
------Istá claro -agregó otro-, sin osígeno el asfisiao se asfiséa.
------Y si no se asfiséa no es asfisiao.
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-----Crispín Birloque abandonó este mundo, en el justo momento que sus vías respiratorias determinaron bajarle la persiana. Estiró la pata con la lengua afuera y el ojo de cristal en la mano.
-----Entretanto, Bufón, se fue muriendo como mueren los perros fieles; lentamente, fijo en la puerta, sin comer ni beber; aguardando el regreso del amigo.
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-----Ni la muerte igualó a los dos terratenientes. En la tumba de Lindor Birli apareció un centelleo naranja; su color de la lucha. El sepulcro de Crispín Birloque se cubrió con un resplandor morado; su color de la suerte. Desde entonces, sobrevuelan la atmósfera de la región dos nubes amenazándose cual rapaces enfrentadas; una es de color naranja y la otra morada.
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-----Lindor Birli fundó Piedrarroca, Aristagorda, Patoancho, Toril
de las Ranas, Cabriola, Paisaje Movido y Valle Separado. Crispín Birloque hizo lo propio con Piedradoble, Espantapenas, Salteado, Amígdalas, Pantano Seco, Vadepalos, y Pozo Tuerto.
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-----El tiempo continuó su recorrido sin alterarse por la muerte de los dos precursores. La parte norte del río derivó en una ciudad; la llamaron Ciudad de Birli, Y la parte sur, gracias a su incontenible crecimiento, devino en Ciudad de Birloque. El progreso, con sólido empuje, ahogó el río tapándolo con alfombras de cemento conocidas por puentes, hasta convertirlo en algo muy parecido a un desagüe. Sepultado el tramo de la corriente de referencia, las ciudades fueron avanzando hasta darse un fraternal abrazo. Así nació Birlibirloque. La que, sin variar modos ni medios, siguió creciendo apoyada en lo oculto y lo extraordinario (a este fenómeno el mundo lo llamó arte de birlibirloque).
-----El buen clima, la ambición, el trabajo, y la irrisoria visita de la muerte, impulsaron la región a la prosperidad. Allí germinaban las oportunidades. Cualquier iniciativa venía acompañada por el triunfo. Todo daba dinero. Muchos hicieron fortuna. Incluso, un matrimonio se enriqueció falsificando huevos.
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-----Mas, la paz no cuajó entre los descendientes de los pioneros. Al contrario, disparó las rivalidades. Ambos clanes, para vengarse de los déspotas patriarcas, borraron los espacios que desunían a sus iguales, y devinieron en familias blindadas; sin fisuras ni desvíos. Familias entregadas a una descarnada pugna, a fin de superar una a la otra. La voracidad, tan reacia a los límites, se conservaba remando en el aire. Todos vivían atrapados por las cadenas de la codicia. Los descendientes resultaron más avariciosos que los viejos patriarcas, y aunque llovieran rayos nadie pensaba aflojar. Y, de esta forma, una guerra más civilizada que las militares pero no menos perniciosa, se descolgó por el horizonte con el único fin de vaciar bolsillos ajenos.
-----Dispuestos a obtener parcelas de poder que redundaran en el engorde de sus ya gruesas fortunas, los Birli pusieron un periódico. Contestaron los Birloque con una emisora de radio. Para meter sus ruines dedos en el conjunto de las economías los Birli fundaron un banco. Los Birloque, vendiendo la usura como obra de bien social, correspondieron con una financiera. Los Birli, urgidos por proteger su capital, crearon la Policía, y los Birloque organizaron una banda de ladrones para mantener ocupada a la Policía de los Birli.
-----Pero, un día la barrera del interés metió las pezuñas, y en la especulación inmobiliaria coincidieron los objetivos. Las familias lograron un acuerdo tácito. Sin estorbarse resolvieron dar palos con total fiereza; vendiendo, comprando, desalojando, endureciendo los intereses que ahogaban a los deudores, y luego de recuperar con sucios manejos lo vendido con sucias hipotecas, volvían a vender. Y otra vez a oprimir; comprando, vendiendo, desalojando…
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-----No obstante, el acaecer de los nuevos tiempos los enfrentó a una dura evidencia; detentar el poder económico no significaba tener la gallina por el cogote. Lo que realmente seducía a ambas familias, era manejar los hilos de la totalidad del poder. Así siendo, ¡nació la política! Los Birloque crearon un partido de rostro amable y gancho tierno, y lo denominaron Felicidad Duradera. Los Birli, conociendo los bueyes que araban esas tierras, hicieron el partido Riqueza para Todos, y ganaron las elecciones. En las subsiguientes convocatorias electorales, aparecieron agrupaciones con otras ofertas; las mujeres se aliaron en Convergencia Ovular, los machistas en Testosterona y Progreso, las costureras en Corte y Confección, los carniceros en Corte y Consumición, y los patronos en Coste y Explotación. Mas, ninguna fórmula atraía. El electorado se inclinaba hacia Felicidad Duradera o hacia Riqueza para Todos. Y cuando se aburrían de ser felices iban de cabeza a la riqueza, y tan pronto el sueño de riqueza los soltaba, volvían a caer en brazos de la felicidad.
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-----Y en esa lid de envites y manotadas, ambición y escamoteos, pasó más de un siglo, con la población apostando por la fuerza del crecimiento. Las dos familias se cruzaron, uniéndose y desuniéndose mil veces, y acabaron por diluirse en la sociedad igual que perfume en la floristería, llegando, inclusive, a no reconocerse ni por el color ni por la madeja. En las venas de un López navegaba sangre Birli, y en la sangre de un González corría la de los Birloque. El azar jugaba a la voltereta con todos ellos, y así fueron juntándose, procreando, riñendo y odiándose sin sospechar el bagaje que traían.
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-----Empero, en el farragoso aliento de Birlibirloque jamás dejó de ondear la terrible maldición. En cada planta, en cada piedra, en cada trino, perduraban las dos frases premonitorias:
------¡Mis discendiente me vingarán matando a tus discendiente! -gritó Crispín Birloque.
------¡Te quivocas! ¡Van ser mis discendiente los que se cargarán a toos los tuyo! -respondió Lindor Birli.
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-----Ahora, de la ruleta de los años se desprendía la carrera menos esperada; el destino con paciencia de artesano y firmeza de verdugo, con los Birli y los Birloque iba a componer el más increíble de los mosaicos, manipulando a todos ellos con sardónica risa. El destino contaba que su derecho a la diversión carecía de fecha de caducidad, y la muerte también atesoraba su opción a desmelenarse. De acuerdo a sus irreductibles designios establecerían un apretado lazo de mutuo apoyo, a fin de cruzarle los cables a la existencia de los clanes.
-----El imprevisto y la fatalidad ya estaban preparados para dar el pistoletazo de salida.
-----¡Allí dónde el destino sumara haciendo pupa, la muerte restaría haciendo puré!

3 comentarios:

Dragon dijo...

Felicidades por este nuevo libro, he disfrutado mucho leyendo este capitulo (que bien escribes!) .
Un saludo cariñoso desde mi rincón.

Lenny dijo...

Gracias Ricardo por hacernos participes de este nuevo libro. Como siempre haces que me sumerga en la lectura, me gusto. Muchas felicidades!
Un abrazo, L.

lagalgalluenta dijo...

¡¡¡ Enhorabuena Ricardo !!!
Ha sido estupendo poder leer este primer capitulo.
Esta muy bien escito, y con humor que falta hace.
Un abrazo.