Tu trato con los animales hablará de ti mejor que tus palabras -R.M.J.

martes, 20 de diciembre de 2011

Truhán, un perrito hecho regalo.

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OTRO CUENTO DE NAVIDAD


Autor: Ricardo Muñoz José



La mano humana surgió ante la perra, y ella armó con el gruñido el escudo protector de sus crías. Cuando el cachorrito se elevó llevado por la mano, dibujó una dentellada de feroz decisión.


La voz del perro-padre frenó el impulso del instinto.
-Déjalo. No le hará nada. El hombre es el mejor amigo del perro.
El perrito escuchó la frase paterna y la guardó en la memoria.


La perra lanzó un gemido, y levantando una pata a modo de ruego, esgrimió una muda mueca implorando que le devolviera a su hijo. Los ojos se le vidriaron, y de su boca abierta cayó la lengua vencida.
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Acurrucado entre las altas paredes de una caja de zapatos, el perrito pasó de las manos del hombre a las manos de otro hombre, a cambio de dinero.
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El coche, al alejarse, apagó con distancia los lastimeros aullidos de la perra, que ahogada en impotencia tragó la amargura de la certeza: sabía que nunca más volvería a ver al hijo de sus entrañas.
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Una calle marcó el punto de destino. El hombre descendió del vehículo caja en ristre; tal un pirata cargando el cofre del tesoro. Tras un corto viaje en ascensor, un desolado pasillo los depositó ante una puerta. El hombre la abrió y dijo a viva voz:
-¡Niños! ¡Éste es el regalo de Navidad!


La alegría iluminó todos los rostros. Cual un muñeco de peluche el perrito pasó de brazo en brazo, coronado de miradas tiernas y aturdido de caricias. En el ánimo del animalito aterrizó la felicidad al saberse amado. A modo de obsequio de bienvenida pronto recibió un nombre: lo llamaron Truhán. Y para Truhán, el rudo frío de diciembre desaparecía en el calor humano que lo rodeaba.
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Las jornadas pasaron y los gemelos, Marisa y Jorgito, hacían del descanso de Truhán un postergado deseo, ya que, entre juegos y mimos, lo agotaban. Y los paréntesis de respiro eran aprovechados por la abuela Paca, que lo ponía en el regazo a colmarlo de cariño. Además, tres veces al día lo llevaban al parque, donde corría a gusto, y con otros perros del vecindario enredabánse en continuos juegos. Tanto amor y atención le recordaban la frase de su lejano padre: "El hombre es el mejor amigo del perro".
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Mamá Clara y papá Joaquín, sonreían complacidos; sin asomo de dudas, el perrito completaba el cuadro familiar.
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En tanto, el tiempo fue haciendo de Truhán un animal ágil e inquieto, y, sobre todo, un ser amoroso en compañía de la gente. -Es encantador -decían los vecinos.
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Truhán acompañó la angustia familiar por la enfermedad de la abuela Paca, presenció las disputas de Clara y Joaquín, y compartió las risas y las lágrimas de los gemelos.
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Llegaron los calores fuertes.


Una mañana bien temprano, como acostumbraba a hacerlo, papá Joaquín lo instó a subir al coche. Truhán, de un salto se instaló en el asiento de al lado del conductor. Anduvieron mucho rato. El hombre conducía intercambiando cariñosas miradas con el perrito.


Mucho tiempo después de abandonar la ciudad, Joaquín detuvo el automóvil. Se bajó, abrió la puerta, y sonriente lo invitó:
-Vamos, Truhán. Baja a correr un poco.
Él saltó a tierra, y gorgoteando entusiasmo salió disparado a retozar por el campo. Brincó entre piedras y matorrales, le ladró a las aves que levantaban vuelo nada más verlo, y consumo la divirsión poniendo en fuga a una lagartija. Mas, al volver la cabeza buscando la sonrisa aprobatoria de Joaquín, éste ya no estaba.
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Con la mueca desencajada y el hocico levantado, vio al coche empequeñecerse en la medida que se alejaba. De pronto, el zarpazo de una curva lo borró de su vista. Una espuma blanquecina le brotó de la boca, y sintió el cuerpo sacudido por el latigazo de la sorpresa. Al instante la tristeza lo atravesó, y el ánimo cayó postrado a los pies de la soledad. Entonces Truhán, eludiendo aceptar lo evidente, optó por echarse en el arcén, preso al silencio, y anegado de esperanza decidió aguardar el regreso de Joaquín.
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En los brazos de la abuela, Marisa y Jorgito, lloraban.
-No teníamos con quien dejarlo -les repetía la madre, a fin de mitigar la pena de los niños, que en los dedos aún sostenían la pelota y los muñecos de Truhán, pues en aquellos juguetes palpitaba la alegría del amado perrito .
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Llegó el padre.
-¡Solucionado! Mañana nos vamos de vacaciones. Después les compraré otro.
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Las horas transcurrieron lentamente, la luz dio lugar a la sombra, y de la sombra brotó el nuevo día. Los rayos del sol cayeron en vertical, encendiendo las gotas de rocío posadas en las hojas. Y Truhán, allí; único habitante en el inerte paisaje del abatimiento. Tenía sed, tenía hambre, pero seguía sin apartar los ojos de la carretera. En su interior, el abandono ya entonaba una afilada canción. Con la mirada sin brillo y un dolor sin llanto, el pobre gemía sin ruido. Lo azotaban los ecos del ayer; la casa, los niños, el amor que le brindaron. Todo lo había perdido sin saber porqué. Y en la cabeza las palabras del padre: "El hombre es el mejor amigo del perro".
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-Apareció de golpe. ¡No me dio tiempo a frenar!
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Las manchas de sangre que pintaban el asfalto eran el último vestigio de su paso por la vida. En el cielo, las nubes corrían cual olas cabalgadas por el viento.
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Ricardo Muñoz José


Por si lo deseas, AQUÍ puedes dejar tu comentario.

34 comentarios:

nora dijo...

El cuento es tan bonito como triste. Se nota que es de autoría. Lo digo por aquello de jugar con las emociones.
Claro, al leerlo resulta chocante que exista gente así. Sin embargo, ésto mismo ocurre todos los días y en todos los países del mundo. Y las autoridades, que deberían aplicar la máxima rigurosidad creando leyes de severo cumplimiento, miran hacia otro lado.
A "Un perrito, la ternura hecha regalo" yo no lo definiría como de ficción, lo calificaría de documental por su entroncamiento con la realidad.
Enhorabuena Ricardo, como siempre, un cuento bien concebido y estupendamente contado.

Un abrazo desde Asunción, Paraguay.

madrileña dijo...

Al principio, encontré una historia muy tierna, pero después me acosó la tristeza y me llené de lágrimas.
Este es un cuento para contar a los niñoz, ya que los mayores, por lo visto, casi todos están perdidos.
El llanto de los gemelos aquí funciona como un homenaje, aunque, en la realidad, habría ocurrido exactamente igual, porque sólo los niños mantienen esa transparencia de sentimientos, y sin mezquindad saben volcarla en los animales.
Desde este momento, Truhán ya ocupa un lugar en mi corazón.

Besos.
Madrileña de Chamberí

Mary dijo...

Es horrible que esta historia forme parte del mundo en que vivimos porque tristemente es una realidad terrible.

Los animales no humanos nos muestran de forma incondicional una lealtad y ternura incomparable que nada tiene que ver con la relación que existe entre humanos.
Es una pena que ciertas mentes no estén capacitadas para entenderlo.

Preciosa historia Ricardo, te felicito nuevamente.

Un abrazo
Vane

Mapachito dijo...

Lo que más pena me da es que es una historia común, y por una vez se ha reflejado la realidad: los niños no suelen aprobar el abandono de sus mascotas.

Cuando tenía 12 años una gatita negra se acercó a mi madre y a unos amigos en una excursión, y los amigos la convencieron para que me la regalara ( yo no estaba ). La gatita no era joven, sino una adulta de poca talla y no se adaptaba a la vida en un piso. Tanto que un día, cuando yo no estaba, la llevaron al chalet de mis abuelos, al lado de una casa de unos amigos de los animales.

Lloré como nunca hasta entonces y eso que aún la seguía viendo. Ella vivía más feliz así, pero también lo pasó mal, porque venía corriendo a vernos. Luego tuvo 5 gatitos preciosos, que no pude tocar.

Por eso yo siempre digo que se deben pensar las cosas, los animales no son un tamagotchi, y debe elegirse incluso el temperamento.

Cuando mi perrito, regalo de mi madre, estuvo más muerto que vivo yo ya era mayor de edad y fui su enfermera, y aprobé un tratamiento muy caro para aumentar sus posibilidades de salvarse, algo experimental, pero agonizaba de parvovirosis. Y al cabo de unos meses, el perro le había robado el corazón a mi madre de tal manera que lo quiere más que a mí, ja ja ja.

Fijaros si soy una mami guay, tengo el brazo derecho en cabestrillo pero como mi madre está enferma también y de cosas más serias, me armo con el paraguas, el bolsito y la correa con la mano izquierda, y nos vamos mi perrito y yo pasear. Y cuando yo no pude sacarlo a pasear por fuerza mayor, contraté a una señora que los pasea pero que además sé que le gustan mucho los animales. Mi perrito estaba todo feliz porque iban a dar de comer a unos gatitos. Pero siento que es mi deber, y me gusta pasear con él, por eso en cuanto me fue posible, volvimos a recorrer el barrio cual aventureros, primero paseos cortos por mi estado, pero luego más largos, como antes.

Los perros, curiosamente, saben y comprenden cuando uno está enfermo, entienden que no se tenga tanta gracia o energía.

Pero lo de irse de vacaciones es una excusa barata:
1)Muchos sitios admiten mascotas.
2)Si no tengo a alguien de confianza con quier dejar a mis nenes, durante años hamsters, no me voy.
3)Mi perrito se moriría de pena en una residencia para perro, así que se viene conmigo o nos quedamos en casita los dos, tan ricamente.
4) Para asistir a un congreso o algo importante pero puntual, avisando con tiempo se lo puedo dejar a la señora que lo cpaseó cuando yo no pude, pues también acoge perros en su casa ( hasta un límeite ) cuando sus dueños van de vacaciones. Pero repito, por vacaciones yo no le dejaría. Considero la idea de dejarlo con ella si me surge un congreso porque como tiene más perros el mío se lo pasa bomba.

PD: Lo que llevaba el padre energúmeno en la cajita era realmente un tesora, y vaya ejemplo ha dado a sus hijos. Niños, cuando os querais ir de vacaciones dejad a vuestro viejo padre en una gasolinera, si total... En cambio si a los niños les hubieran enseñado que hay que ser consecuente y buscar lo mejor para toda la familia, en la que el perro es uno más, seguro que les están enseñando algo muy valioso. Lo mismo que verán que a veces se pone enfermo, y sufrirán al verle mal, y entonces serán de mayores personas más empáticas, etc.
Luego la gente se extraña al leer muchas noticias.Ayssss.

Carles Codina Calm dijo...

Es muy difícil comentar tu historia,... De alguna manera me apunto a lo que han dicho tus anteriores comentaristas
-Nora: "al leerlo resulta chocante que exista gente así. Sin embargo, ésto mismo ocurre todos los días y en todos los países del mundo".
Es chocante pero a la vez no lo es, en casa tenemos un gato. Linus, normalmente tenemos diferentes personas que nos visitan. Hay personas que nos visitan y ves que el comportamiento del gato es irse a otra habitación, o permanecer completamente aparte de nuestras conversaciones, hablas con esas personas y llegas a la conclusión que nunca han tenido ninguna química por ningún tipo de animal, confirmando lo que el gato sabe solo de verlos. En cambio hay otras visitas que ya sabemos que con ellas vamos a tener conversaciones interrumpidas, porque el Linus también querrá participar.
Yo creo, que todos los seres, aparte de nuestro cuerpo físico vamos acompañados de una aura, un ser vibracional o como se la quiera llamar, que normalmente nuestros sentidos no captan, pero muchos animales si son capaces de ver.
Es como un manto de colores que siempre llevamos encima, es un manto que varia conforme varia nuestro estado de animo y salud, los seres que lo ven, también pueden ver cuando estas enfermo, porque entonces ese manto esta casi apagado o tiene colores muy tristes.
No creo que este problema se solucione con leyes, más bien creo que es importante lo que dice la madrileña "Al principio, encontré una historia muy tierna, pero después me acosó la tristeza y me llené de lágrimas.
Este es un cuento para contar a los niños". En los últimos años la escuela se ha saturado de materias y conocimientos que la mayoría rara vez vamos a utilizar en nuestra vida a no ser que ejerzamos un determinado oficio y a la vez en la escuela no se enseña muchas cosas que necesitaríamos saber para convivir con otras personas (familia, pareja, amigos, desconocidos, extraños) con otros animales y con la naturaleza en general.
Otra cosa grave, es que en muchas familias la opinión y lo que creen y piensan los niños no cuenta para nada. Igual que es importante educar a los niños en cuanto a sus responsabilidades, cuando se incorpora un animal en casa es tan o más importante hablar con ellos y escuchar lo que piensan y sienten ellos y valorar sus puntos de vista. Es como en la sociedad hay familias que son dictaduras camufladas y hay otras familias, más bien escasas, donde todos independiente de la edad de sus miembros participan libremente en el quehacer del grupo. Los adultos muchas veces erróneamente creen saberlo todo y consideran que los niños los tienen que obedecer y callar, cuando en muchas ocasiones sería el adulto el que tendría que aprender del niño o por lo menos considerar a la hora de valorar si su punto de vista es acertado o se debe cambiar.
En esta vida, tenemos dos procesos paralelos, uno es un proceso por el que adquirimos experiencia y conocimientos dentro de esta vida y otro proceso (en algunas personas muy acelerado) inverso por el que perdemos muchas capacidades y mucho bagaje con el que llegamos a esta vida. Igual que cuando somos pequeños nos podemos meter el pie en la boca y ahora si pretendemos hacerlo la mayoría tendrá que romper medio esqueleto, cuando somos niños tenemos capacidades(algunos dirían mágicas, por lo asombrosas que son a luz de nuestro conocimiento científico) que ignoramos conscientemente y paulatinamente perdemos al hacernos adultos.
Lo que dice Mapachito:"Niños, cuando os queráis ir de vacaciones dejad a vuestro viejo padre en una gasolinera, si total..." mejor no decirlo muy alto, por desgracia ya ha pasado recuerdo hace unos años haber leído una noticia que rezaba exactamente esto, y sino algo muy normal el que misteriosamente en vacaciones se agravan las enfermedades de los abuelos para que tengan que ser ingresados en la clínica u hospital. Esto es otra lacra tan o más cruel que el abandono de animales y que puede ir en incremento conforme la población envejece.
Para solucionar este problema y muchos otros que hay en nuestro planeta necesitamos que el ser humano empiece a evolucionar desde dentro y no solo desde fuera. Que se de cuenta, que actualmente lleva una venda en los ojos, que le impide ver que el espíritu que va con su ser, es el mismo que da el hálito de vida a los animales y plantas que le rodean, que cuando daña a otro ser animal o vegetal, en realidad se esta dañando a si mismo.
Un saludo Ricardo y Compañia.!!

INES dijo...

Así se hacen por desgracia las cosas en nuestro pais. Que bontos los cachorritos pero cuando estorban que poquitos escrúpulos pa abandonarlos. Pobre perro, pobre niño, ojalá los adultos tuvieran los mismos sentimientos que los niños, personas sin sentimentos y sin corazon. Me h recordado lo que me comentaban el otro dia sobre un perro que difundia en mi blog, un pobre que habian dejado en la calle una pareja que se habia mudado, el perro salia en el portal mirando la puerta esperando que le abran. Me decia la persona que habia contemplado la escena que el pobre perro se quedaba delante del coche como si no le importara que le atropellaran. Mi historia tiene final feliz, ya tiene nuevo hogar y como digo en mi otro blog el perro pasara las navidades mejor que su antiguo dueño, ya que comparte su vida con personas con corazón y no con getuza como el.
Muy bonito el texto Ricardo, triste sobre todo ahora para mí que no estoy especialmente animada

Fin Maltrato Animal dijo...

Supongo que ese hombre, capaz de disfrutar de las vacaciones que por un momento vio peligrar por "culpa" de Truhán, que sin duda comprará otro a su regreso para afirmar su autoestima como padre aunque termine como su predecesor, destripado en un arcén por alguien preocupado únicamente por la abolladura en su guardabarros, que no tiene el menor reparo en privar a sus niños de un compañero al que amaban para así poder disfrutar él de unas vacaciones pensadas a su medida, es también de los que le recomiendan a sus hijos: "Tú pega el primero por si acaso"; de los que les enseñan a ver como enemigos, rivales y apestados a los inmigrantes, a los homosexuales o a los que son "diferentes"; de los que saltan al terreno de juego para solucionar a golpes contra otros padres lo que los propios jugadores, sus hijos, estaban resolviendo con palabras; de los que sienten y transmiten desprecio por el débil, el marginado o el menesteroso pero compran el cielo con una moneda en el cepillo dominical, de vez en cuando regalan una bolsita de ropa a Cáritas aunque cambian a los deportes cuando salen en la televisión imágenes de refugiados africanos y se van al Rastro a por un perro para sus niños y, mientras les explica que no puede subirse al sofá porque estropea la tapiceria de piel (de otro animal) se unta una buena rebanada de foie gras sin importarle lo más mínimo qué hay detrás de ese producto.

Son padres "ejemplares" cuya conducta individualista, insolidaria y egoísta suele mostrarse en muchos aspectos y lo más triste es que, pasado el tiempo, esos niños que han "mamado" tales principios, al igual que Truhán aprendió que "el hombre es el mejor amigo del perro", serán de adultos portadores de las mismas ideas una vez perdida esa capacidad de amar sin pensar en ningún condicionante que parecemos tener sólo de niños.

Creo que tratar de educar a los padres es perder el tiempo, puesto que su soberbia es tanta que jamás reconoceran estar actuando de forma equivocada por eso, como alguien apunta en los comentarios, este Cuento de Navidad debería de leerse en las escuelas para que sean los propios hijos los que den una lección a sus progenitores y en todo caso, para hacerles comprender en esa etapa de la vida en la que más marcadas quedan las vivencias, que un animal merece cariño, cuidados, respeto y que provocar su sufrimiento o tratarlo como un desecho inanimado, además de un acto de crueldad es propio de un espíritu miserable y que son estos, con su conducta mezquina, los que han hecho de este Planeta un lugar tan injusto y violento.

Gracias por este hermoso y conmovedor Cuento Ricardo, que debería de figurar en los libros de texto porque tus sentimientos educan en el respeto y eso, nos hace más libres de prejuicios a las personas y por lo tanto, a los animales, las eternas víctimas de nuestro desmanes.

Salud Compañero.

Julio. Maltrato Animal: Un Crimen Legal.

Editor y Corrector Literario. dijo...

Me gustó mucho por lo conciso y puntual. Por alguna razón, me pareció un principio de guión interesante para un cortometraje.

Es contundente y directo.

Bien, Ricardo. Eso es conjugar tu arte literario con tu pasión por los animales.

Un abrazo,

Carlos Vásquez

Odi dijo...

Ricardo, la historia del perrito Truhán es de un final muy triste. Aunque, con tu permiso, no lo llamaría UN CUENTO DE NAVIDAD. Yo le pondría LO MISMO CADA NAVIDAD.

En la medida que avanzaba en la lectura, me resonaban en la cabeza las palabras del perro-padre: "El hombre es el mejor amigo del perro". Y, por lo visto, lo es mientras le sirve. Pero, apenas el animalito se constituya en un estorbo, el hombre saca a relucir su verdadera naturaleza; ¡a la calle con el perrito!

No piensa (no le importa), que el animalito sobrevivirá un breve tiempo en soledad, con hambre, con sed, lleno de tristeza y de miedo, hasta que un coche lo mate y lo deje tirado sobre la carretera como un desecho más.

Sé que es un relato de ficción, pero igual, para mí, lo que empezó como un dulce acabó hundiéndose en un mar de lágrimas.

Un beso.

Isa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Isa dijo...

Cuantas personas habrán que no encuentran donde dejar sus mascotas mientras otras tantas (como mis hijos) desearían uno pero las circunstancias de este país nos lo impide. Muy lindo tu relato, triste, pero desgraciada y cruelmente real.

Me acordé de tus hermosas historias hace un par de días que vi en la televisión un perrito que salvó a otro de ser atropellado exponiendo su propia vida, en medio de la carretera. El otro perro estaba herido y el valiente perrito lo arrastró como pudo hasta ponerlo a salvo... lindo!!

Saludos, muy muy Feliz Navidad!!

Lenny dijo...

Me calo el alma...., que te puedo decir Ricardo hasta llegue a sentir rabia porque esta historia no es producto de la imaginacion sino de la realidad que a veces muchos se niegan a mirar. Si los animales hablaran, cuantas historias nos contarian, pero basta con mirarlos para conocer su pasado o su presente.

Un abrazo fraterno desde Bolivia, Lenny

Nacho Carreras dijo...

Historia triste y difícil Ricardo. Se podrían decir muchas cosas pero... Iré al "Él nunca lo haría" de aquella antigua campaña sobre el abandono animal.
Saludos.

Dragon dijo...

En mis viajes a San Juan de Pirque encuentro muchos Truhanes dejados ahi por personas sin conciencia. Cuando te ven bajar del vehiculo corren a tu encuentro, hambrientos mas de amor que de comida, incluso algunos (y esto me rompen el alma)suben de un salto al asiento pensando que alguien los viene a buscar; otros corren tras el auto cuando nos vamos. Cada vez que podemos sacamos a alguno para dar en adopcion. Trato de ir bastante seguido, se que ellos nos esperan con ansias, tratamos de compensar un poco su soledad y abandono y de que no pierdan la poca de confianza que aun les queda en el hombre aunque yo ya la he perdido casi toda. Para mi, este "cuento" es la realidad que vivo a diario en mi subdesarrollado pais, Chile.

Natalia Alabel dijo...

Che, qué golpe bajo...no se hace...al menos avisá de qué la viene!

Cariños

churrinche dijo...

Cómo saben de estos casos los defensores de los animales, y cómo lo ignora el resto de la gente.

Este Cuento ¿de Navidad?, (¿o de todo el año?), es tierno, poético y conmovedor. Habla sin tapujos de la naturaleza de Truhán, y desnuda los sentimientos de Clara y Joaquín. Al perrito que tajo amor y alegría a la familia, lo tiraron como si fuera una venda sucia. Las vacaciones, los cuatro días de descanso, pudieron más que el cariño del animalito.
Al pobre Truhán lo abandonaron, y murió sin saber la razón. Todo el cariño que él creía poseer, voló como una pluma al aire.
Y mientras los niños lloraban por él en brazos de la abuela que nada pudo hacer, Clara preparaba las valijar para el viaje, y Joaquín volvía muy ufano prometiendo comprar otro perrito.
El duro final te enfrenta de golpe a la triste realidad. Ahora, la referencia al cielo ¿para qué? ¿Por que en el cielo está el Altísimo, que todo lo ve y no hace nada en estos casos? Sí, pienso que esa era tu intención.

Enhorabuena, Ricardo.

Un saludo desde Uruguay, el país que tiene un río de una sola orilla.

J.Carlos dijo...

Esta historia me ha llenado de tristeza. No sé si por el estilo narrativo (óptimo), o porque la ficción refleja una espantosa realidad.
De todos modos, pienso que no llegará a los corazones de quienes debería llegar. La gente de sentimientos mezquinos y aptitutes repudiables, no frecuentan las páginas que defienden a los animales.
"Un cuento de Navidad", es un relato tierno, de mensaje claro, y desenlace contundente. Se capta en todo momento el sello de quien lo escribió.

Felices Fiestas, Ricardo

Carmen dijo...

"UN PERRITO, LA TERNURA HECHA REGALO", O "Un cuento de Navidad" como vos lo definís, me aceleró los sentimientos en pocas líneas. De entrada me cayó mal el robo del perrito y la desesperación de la pobre perra, y le eché la culpa a esos malditos criadores de perros que se lucran vendiendo vidas que no les pertenecen. Después pensé en las ventajas de la estirilización.
El corazón se me hizo puré con la frase "la distacia ahogó los ladridos de la perra".
Pero el animalito llegó a una buena casa. Lo llenaron de cariño y hasta le pusieron un nombre picarón. Me gustó de verdad la felicidad del pichicho Truhán.

Cuando subió al coche con Joaquín, mi sonrisa se hizo humo y presentí algo malo. Pero nunca que Joaquín fuera tan desalmado (por no decirle hijo de puta) de abandonarlo sin ningún remordimiento.
El resto era fácil de imaginar: los niños que lloran, la abuela que intenta amortiguar el dolor, Clara tratando de explicar lo inexplicable, y la llegada del "hombre de la casa" prometiendo a los hijos que les compraría otro.
El desenlace fue demoledor. La sangre de Truhán pintando el asfalto...
Y en el cielo Dios que todo lo ve y todo lo puede, permitiendo el desesperado final del perrito.

Ricardo, tu cuento, tan bonito al principio, terminó destrozándome. Sabemos que ésto ocurre todos los días, pero también sabemos que en cada caso como éste, todos los días se nos rompe un poco el corazón.

Un beso desde Mendoza, Argentina.
Carmen - Animalandia.org

Alejandro dijo...

Lástima que nos quedamos sin saber qué le habrán dicho a los vecinos, Joaquín y Clara. Los dos mal paridos, se habrán inventado cualquier patraña. Pero la cosa está en los hijos. Seguro que los niñitos van a decir la verdad, y los vecinos le van a meter palanca a la pareja hasta ahogarlos en sus propias babas. Que otra cosa no se merecen. Si de mí dependiera, los ponía en un cepo y los tiraba a un costado de la carretera.
Esta historia me llenado de enojo, y estoy más sensible que cartucho de dinamita al lado de la hoguera.
Le pediré a mis amigos que lean el "cuentito" de Navidad. Para que no despidan el año sin echarse una lágrima.
Ricardo, muy buen trabajo. El cuento tiene ternura, poesía y drama. El final, al mencionar el cielo, con esa referencia solapada a un Dios que no ve más allá de las nubes, me encantó.

Qué tengas un óptimo 2009.

Un abrazo guatemalteco.

walter dijo...

Esta historia de ficción es tan parecida a lo que ocurre todos los días, que impresiona.
Llega directamente al corazón.
Todavía estoy llorando.

Qué tengás un buen año 2009, Ricardo.

FELICIDADES PARA TODOS LOS AMIGOS DE ESTE BLOG.

Un abrazo desde Quito, Ecuador.

mosco dijo...

Desde que le pusieron el nombre al perro me pareció que la historia no iba a tener final feliz... Por supuesto ningún fin de abandono y muerte es un final feliz, pero el cuento definitivamente toca la conciencia, como siempre. Y ojalá esta conciencia genere más finales felices en la vida real... ellos no tienen la culpa de la insensibilidad del ser humano.
Saludos

Alvaro dijo...

La Navidad es blanca, dice un poema. Y como aquí lo que sobra es nieve. Me atreví a leer este cuento fuera de fecha, pero sin miedo a haberme atrasado, y siendome dentro del ambiente climático (nieva sin parar).

La historia del perrito Truhán la leímos en familia y a todos nos hizo lagrimear. Es triste pero real. Aquí la ficción pasa de puntillas por el texto. Una vez más la realidad supera a la imaginación.

Felcitaciones y un feliz Ano Nuevo.

Un saludo desde Andorra.
Álvaro

BIRA dijo...

Por desgracia este es el triste final que espera a muchos perros, gatos y otras mascotas. Los padres los compran como un juguete más para sus hijos, olvidando que son seres vivos, que nos darán muchísimas satisfacciones, pero también traen consigo ciertas responsabilidades... que sería mejor no eludir.

Nunca entenderé que se hagan este tipo de cosas, como tampoco entiendo que se negocie con ellos.

Charlie dijo...

Es una historia interesante y llena de ternura lo disfrute al igual que disfrute al utilizar Erectile Dysfunction Medications para mi terrible problema.

Matt dijo...

Hola a todos interesante informacion para mi los perros son el animal mas hermoso que existe una vez que andaba en las Canadian Pharmacies pase a comprarme un hermoso perro pero ayer fallecio y estoy muy triste.

Matt dijo...

Interesante informacion yo sufro de depresion ya que fui diagnosticado con Male impotence y mi perro es el que me da animos para seguir adelante.

George dijo...

Es interesante conocer lo que son capaces de hacer estos animales la verdad son excelentes cuando estube a punto de volverme loco por mi problema mis mascotas me hacian olvidar los malos pensamientos y con la ayuda que obtuve de Generic Viagra Online y mis perros estoy mucho mejor.

Bratt dijo...

Hola te felicito tienes un excelente blog
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gracias sigan adelante

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Marga Albarracín dijo...

Es cruel, pero tan real como frecuente.
A mí me regalaron a Notte, con dos meses. Era la única hembra de una camada que iban a sacrificar porque no le encontraban quien la adoptara. La señora que se cuidaba de la limpieza del ambulatorio me la trajo una tarde, decía que porque me había oído comentar que me gustaban los perros (¡no que quisiera uno!). Pero...quedé atrapada: la besé, le abracé, le miré a los ojos y le puse nombre. Y seguí llamándola, abrazándola y besándola durante diecisiete años. Ahora, a veces, cuando la recuerdo, hasta me delata una lágrima.

Saludos.

-YO- dijo...

qué triste y qué asco, yo ponia unos castigos que para qué, a gentuza asi no la permitiría tener de nuevo a ningún animal, saludos a tods. Núñez.

Steve Mendonzes dijo...

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Aditi Dhingra dijo...

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