Tu trato con los animales hablará de ti mejor que tus palabras -R.M.J.

jueves, 6 de diciembre de 2012

ORIÓN, EL PERRO QUE DESAFIÓ A LAS AGUAS EMBRAVECIDAS - Cerro Grande, Venezuela

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PARA CONMEMORAR EL 10 DE DICIEMBRE, DÍA DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES, VAMOS A RECORDAR A UN HÉROE CANINO.
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A UN PERRO CONSIDERADO DE RAZA PELIGROSA
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A UN ANIMAL QUE HIZO DE LA SOLIDARIDAD SU ESCUDO ANTE LA MUERTE.


26 de febrero de 2000. El salón Andrés Eloy Blanco, coqueto rincón del Palacio Municipal de Caracas, alzó la mirada para observar la entrada de los invitados. Eran las Fuerzas Vivas de Defensa, compuesta por Bomberos, Guardia Nacional, Vigilancia Costera, Fuerzas Armadas Venezolana, Fuerza Aérea, médicos, veterinarios, empresas privadas, Alcaldía, asociaciones de vecinos y voluntarios, que en abrazo fraterno supieron aunarse en la difícil tarea de enfrentar el desastre natural del 15 de diciembre de 1999, cuando, con arrojo y generosidad, salvaron vidas de personas y animales.
Lo que el salón no entendió, fue la presencia de un perro negro, con manchas marrones en la cara y de unos sesenta centímetros de alzada, en una reunión que se anunciaba solemne.
La ceremonia se descabalgó de su adusta envoltura, y la amabilidad corrió libremente por el recinto. Todos los participantes fueron condecorados y recibieron un diploma acreditativo. Mas, al llegar el momento del can, al salón lo tambaleó la sorpresa, y no pronunció un solo quejido por respeto al protocolo. El perro, llamado Orión, recibió la medalla de HONOR AL VALOR.
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Diez años antes había llegado al seno de la familia de Mauricio Pérez Mercado, piloto de profesión, un hermoso cachorro de raza rottweiller. Le otorgaron el nombre de Orión, igual al del hijo de Poseidón, dios de los mares.
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El perro acostumbraba frecuentar el riachuelo de Tanaguarema, cercano a su casa en Cerro Grande (estado de Vargas). Allí, entre juegos y alegrías aprendió a nadar. Tiempo después llegó Alfa, su compañera de la misma raza. A la pareja se les sumó Negro un perro vecino y Micky, un gato travieso. Juntos perseguían las lagartijas, espantaban las mariposas o ponían en fuga a los pajarillos que en el suelo buscaban el alimento para sus polluelos. Los canes chapaleaban en el riacho, mientras el gato se lamía el pelaje sin inmutarse.
Uno de los grandes placeres de Orión era sacar del río a Mauricio, montado en su lomo. Por lo visto, en el animal anidaba la vocación de perro de rescate.
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.En noviembre de 1999 las lluvias plantaron su imperio en el estado de Vargas, y aunque produjeron cuantiosos daños en toda Venezuela, esta fue la región más castigada.
Pero, el 15 de diciembre rubricó una fecha para el espanto. Una terrible realidad se desplomó sobre Cerro Grande; las aguas habíanse apoderado de la zona y abiertamente amenazaban las viviendas.
La lluvia caía arrastrando más lluvia. Días y días. Y la gente del lugar estaba atrapada en la red de la precipitación incansable; a merced de un goteo persistente musicando la expectación.
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Orión presentía algo y aquella tarde mostrábase inquieto; ladraba con insistencia, como si quisiera avisar del arribo de una desgracia. Al desembarcar las primeras sombras la excitación del animal adquirió sentido; se escuchó un atemorizador ruido similar a gárgaras adentro de la negrura. En medio de un bullicio ensordecedor, que parecía el regurgitar del infierno, pronto la oscuridad escupió la respuesta; una avalancha de agua, lodo y cascotes bajó sembrando la tragedia. En pocos minutos el líquido invasor entró en las casas cual indeseado visitante.
Orión consiguió ser entendido por Mauricio, que, preocupado por la seguridad, con la familia y las restantes mascotas (Alfa y sus cinco cachorros) siguió al perro a la azotea, a refugiarse en la intemperie. Empapados hasta los huesos y envueltos en la noche inacabable, sólo tuvieron que esperar.
Por la rotura de su bóveda el cielo derramaba acuosos filamentos convertidos en tortura vertical. La lluvia, ciega metralla perforando la opacidad, con punzantes dedos cubiertos de furia descendía esgrimiendo el miedo; golpeando la vida como una estrella destrozada.
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Amaneció. El nuevo día descubrió un paisaje dantesco de fango devastador engordado con escombros, que persistía acunando calamidades. Los árboles desorientados pasaban haciendo piruetas, enseñando el violento desalojo en el estremecimiento de sus raíces desnudas; en una armonía quebrada por el barro viajero y las piedras arrolladoras. Las moradas invadidas se rompían ante la presión del líquido indomable, y las vigas capitulaban pidiendo perdón por caer vencidas.
El temporal fustigante se esparcía en la zona, y los riachos enloquecidos, en vuelo sin retorno, transportaban trozos de viviendas, vehículos, rocas y árboles, junto a despojos humanos y animales.
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El agua embrutecida, con afiladas uñas desprendía amarras de las cosas, y galopando el corcel de la tempestad iba tapando la superficie con un manto de destrucción y de muerte. Y en el medio, los habitantes, sujetos a los grilletes de la circunstancia no veían ninguna salida. Con el firmamento enfurecido diluviando sin parar, la esperanza se mezclaba con el terror, en una retahíla de gestos amilanados, con abrazo de pánico, miradas mudas y palabras sin destino; esperando que la adversidad se los llevara en un viaje a la nada. Mientras, en las cunas, el futuro hecho retoño lloraba tal presagio de un dramático final.
A media mañana de aquel fatídico jueves 16 de diciembre, un helicóptero rescató del techo de la morada a Mauricio y su familia. Se vieron forzados a partir sin los perros; Orión, Alfa y las cinco crías. Fue un momento penoso.
-Lloré al ver cómo Orión se quedó aullando sobre la casa. El corazón se me rompió -recordó Aída Touseda, esposa de Mauricio Pérez..
Partieron rumbo a un lugar tranquilo. Desde el aire la familia vio el panorama de agua, troncos a la deriva, y piedras sueltas navegando en la vorágine.
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En aquellas horas que la parca se alzó en cacería, solamente Orión podía hurtarle las piezas al guadañazo fatal. Tal vez eso pensó el can, cuando escuchó unos gritos pidiendo auxilio. Su vista rápidamente localizó a una niña que se hallaba en el río, agarrada a un palo. La vida de la niñita corría peligro, y las aguas revueltas no invitaban a heroicidades. Orión no lo dudó, y al instante saltó a la desdentada boca del acuoso desafío. Oponiéndose al inclemente trance, nadó hacia ella sin aquilatar el riesgo; guiado por los desgarradores llamados de la nena.
Mil ojos clavaron su preocupación en la valentía del can.
-¡La va despedazar! –gritó alguien.
Los chillidos de advertencia a fin de que Orión se apeara del tremendo empeño, contrastaban con el mirar afligido de la pequeña, que ya se sentía entre las garras de la muerte.
Al abrir Orión las fauces para asirla, las miradas pintaron zozobra, los pechos reprimieron la respiración, las manos se pegaron a los rostros en señal de desespero, y retornó el maligno presagio; con la potencia de sus mandíbulas destrozaría a la chiquilla.
-Apenas llegó a ella, todos gritamos al pensar que la iba a atacar. Pero la niña supo entender el mensaje y lo abrazó. El perro la sacó –contó un testigo.
Luego, los presentes corrieron a prestar ayuda a la niña. Entonces, ante ellos explotó la sorpresa: ¡la chiquita no mostraba un solo rasguño!
Orión habíala tomado por las ropas, haciendo añicos los malos presentimientos. La pequeña de ocho años -hoy huérfana-, presa del nerviosismo, lloraba pegada a su salvador.
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Otros gritos de socorro invadieron los oídos del perro; una jovencita que intentó cruzar el río, había sido arrastrada por la corriente. Orión se lanzó al rescate. Las aguas entenebrecidas se alzaron airadas a cortarle el camino, pero él rompió la muralla acuosa a fuerza de empuje. Al llegar junto a ella, con la suavidad que la premura otorgaba, cerró la boca en las ropas de la muchacha, y nadando con denodada fiereza la arrastró hasta la orilla, sin producirle ninguna herida. La joven de catorce años lloraba, sólo lloraba.
Mas, Orión no esperó las caricias de reconocimiento que premiaran su acción, y sin detener el ímpetu volvió a desafiar al líquido encolerizado con un único fin: salvar gente.
El gentío, sumando de uno en uno alcanzó la cifra final; treinta y siete personas de diferentes edades -desde niños a un anciano de ochenta años-, fueron rescatadas. El amor que atesoran los perros, movido por el instinto de solidaridad, cristalizó en la inusitada hazaña..
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Este fue el heroico comportamiento de un rottweiller, un can de raza considerada peligrosa.
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Eso sí, el suceso se saldó con una nota negativa; a los cinco cachorros de Orión y Alfa se los llevó el desastre. También murieron su amigo Negro y el gato Micky.
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.Mauricio Pérez Mercado, escuchó por la radio que en Cerro Grande, un perro salvó de una muerte cierta a varias personas.
-Tras dos días de angustiosa espera, con un vecino y un amigo volvimos en helicóptero a buscar nuestros animales. Los encontré entre los restos de la que fue nuestra casa, al otro lado del río. Orión y yo lloramos de la emoción –señaló Mauricio.
 

Recién entonces supo que el héroe canino no era otro que Orión. La noticia cuajó en una gran satisfacción, ya que él jamás pensó que el amado animal se convertiría en una celebridad.
Después, Mauricio, con su familia y las mascotas, se trasladaron a vivir a Guaicoco, al este de Caracas.
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Los medios de comunicación se volcaron con la hazaña. Globovisión le dedicó un amplio programa (con la participación de Mauricio Pérez, gente rescatada, testigos, y, por supuesto, Orión). El perro se hizo frecuente en los periódicos, revistas, radios y otras televisiones nacionales. Asimismo, el eco de la gesta voló por encima de las fronteras, y su imagen viajó por las televisiones del mundo enlatada en videotape. Orión logró merecidos homenajes de reconocimiento en Estados Unidos, Rusia y España.
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En Venezuela participó de numerosos eventos; fue asiduo visitante de escuelas, asilos de ancianos, y compartió juegos y alegrías con enfermos de alzheimer y del síndrome de Down.
-Hubo personas que al conocerlo se abrazaban a él y lloraban de emoción –recuerda Mauricio.
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En Facebook aún existe un grupo de admiradores.
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Pero, a la vida de Orión arribó el 2008 con afición de epílogo, y la muerte, en paseo triunfal, se le introdujo en el cuerpo disfrazada de enfermedad; un infausto día un contratiempo gastrointestinal le cerró el libro de la existencia. Orión murió el uno de diciembre. Su tramo de tiempo había concluido. Se marchó en silencio, rodeado del cariño de quienes supieron amarlo y que él tanto amaba. El perro héroe de Cerro Grande partió dejando en Venezuela una fecha para el recuerdo.
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 Si existe el cielo de los perros, Orión desde allí nos estará mirando. Entretanto, dentro de nosotros las preguntas palpitarán con indomable insistencia: ¿se acordarán de él poetas, escritores, artistas plásticos o músicos? ¿Se le hará un monumento? ¿Alguna calle, o una plaza recibirá su nombre?

Esperemos que tantos interrogantes, no tarden mucho en adquirir forma de respuesta.
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Reminiscencia elaborada con la historia y las imágenes encontradas en Internet.

27 comentarios:

Dragon dijo...

Me he quedado sin palabras despúes de leer tu relato; cuantas injusticias se cometen en contra de los perros pertenecientes a las mal llamadas "razas peligrosas" o "asesinas", tu relato me ha llegado en un momento muy sensible para mí; no me canso de repetir que los animales nos enseñan sobre nobleza y bondad todos los dias, ellos son capaces de sacrificar su vida sin esperar nada a cambio; solo que los amemos y respetemos. Gracias por este relato, es conmovedor.

J.Carlos dijo...

¿Raza peligrosa? ¡No me hagan reír! La única raza peligrosa que existe es la humana.

La historia de Orión es tan extraordinaria que me ha dejado sin palabras. El perro realizó los salvatajes por instinto de solidaridad, no por mandato de una enseñanza previa. En eso reside la grandeza.
Yo también, como integrante de la humanidad, estoy totalmente orgulloso de su gesta. Salvó gente por el simple hecho de ayudar.
Qué diferente al hombre, que minuto a minuto busca la forma más breve de eliminar a otros hombres.

Ricardo, tu descripción del desastre es impresionante. Me hiciste sentir dentro de la tormenta. Felicitaciones.

Un saludo madrileño

Awaken dijo...

Uauuuuu que magnífico post, que bien documentado, perfecto!!!
Que historia la de Orión!!!
Pienso como J. Carlos, que la única raza peligrosa es la humana...
Felicidades por esta entrada Ricardo!!
Un abrazo!!!

Alvaro dijo...

Evidentemente, nadie esperaba que el perro actuara de esa manera ante semejante circunstancia, pero, por lo narrado, ya se vislumbraba una tendencia. Destaco dos pistas: "Orión, igual al hijo de Poseidón, dios del mar" y "en el animal anidaba la vocación de perro de rescate". De un modo u otro, sus días estaban ligados al agua.

La proeza de Orión es inigualable, y merece todos los reconocimientos. En eso los venezolanos no han sabido promocionar a su can-héroe. Pienso que 37 vidas salvadas, son muchas vidas. Pena la muerte de sus cachorros.

La narración impecable, como de costumbre, Ricardo. Esta misma historia contada por otro, periodista incluido, no tendría la fuerza que emana de este texto. Como dijo Juan Carlos: "Me hiciste sentir dentro de la tormenta". Los detalles del desastre y las imágenes que adjuntas, nos hacen medir la dimensión del desastre.

Felicitaciones, Ricardo. Me quedo a la espera de la próxima historia. Cada vez que leo una, pienso que sin ti ni las hubiera conocido.

Un saludo desde Andorra.

Annariel dijo...

Hermosa y conmovedora historia, Ricardo! Me sacó lagrimas de alegría y tristeza :)

La pandilla dijo...

Claro que esta en el cielo , fue y sera un angelito hasta su rostro mostraba ternura .
Merece todos los homenajes una bellisima historia .
Un abrazo enorme

churrinche dijo...

¡Orión! ¡Orión! Un nombre que de salvar vidas humanas saltó a las estrellas. Gracias a él, ahora todos recordamos a la constelación.
Va ser difícil olvidar la hazaña de tan noble animal.
Sin entrenamiento y sin que nadie se lo ordenara, el perrito va y se despacha con 37 salvamentos. ¿Y los testigos, que aun conociéndolo dudaron de su voluntad y pensaron que iba a atacar a la chiquita? Sin duda, en ellos había prendido el virus de la exclusión, al ser Orión un perro de raza peligrosa...
Pero la respuesta les explotó en la cara; ningún rasguño sufrió la nena. Ni tampoco el resto de rescatados.

"La única raza peligrosa que existe es la humana" dice uno de los comentarios. Y es verdad. El hombre llega al colmo de que actualmente puede destruir el planeta en dos minutos, y sigue buscando conocimientos que le permitan destruirlo en uno.

Ricardo, la narración es simplemente impecable. Porque te conozco de tanto tiempo, sé que decirtelo no es ninguna novedad, pero, es que en cada nueva historia nos volvés a sorprender.
Para Orión un recuerdo, y para vos un abrazo.

Un saludo desde Uruguay.
El país que cuenta con un río de una sola orilla.

Nacho Carreras dijo...

Hermosa historia de un héroe en vida que supo irse con la discreción con la que llegó.

Salud.

nora dijo...

Otra historia para leerle a mis hijos, y otra historia que ellos quedarán comentando días y días.

Indudablemente la hazaña del perro Orión es extraordinaria, hasta el punto, que quien la lee, seguro que la comentará con familiares y amigos.

Ricardo, sigues en la misma línea a la que nos tienes acostumbrados, con una redacción impecable. Nunca leí la descripción de una tormenta tan detallada y de modo tan vibrante. Si parece que se ve la lluvia, el río revuelto y las casas destruidas.

Un saludo desde Asunción, Paraguay

Vania M dijo...

Impresionante la historia de Orión. Me siento tan pequeña ante tanta grandeza, que hasta las palabras se me escapan.
Un beso

Odi Marley dijo...

Una historia impresionante. Para lo que hizo este perro, el diccionario no tiene palabras suficientes con las que hacerle justicia.

Lo que duele, es que por ser un rottweiller, raza peligrosa para algún cerebrito, a Orión se lo pueda considerar también peligroso. Sospecho que es por eso que su hazaña es tan poco conocida.

Se merece todos los homenajes, y el mayor es que no caiga en el olvido. En manos de los venezolanos se queda esta responsabilidad.

La narración excelente. Es impecable tu uso de la prosa narrativa. Verdaderamente me hiciste sentir dentro de la tormenta.

Un beso

Carla dijo...

Ojalá todos los perros de "razas peligrosas" hicieran este tipo de gesta. Aplicarle la mancha a la conducta de los rottweiller es lo fácil, pero nunca dicen que los perros son como los dueños los han educado. A los que habría que ponerles el bozal es a los dueños, y de paso también un cartel que diga: "Humano muy peligroso".

Me encantó la proeza de Orión, y voy a copiar el post para enseñárselo a mis amigas de la Uni.

Gracias Ricardo. Tu escritura reivindica y hace justicia, porque siempre está en contra del olvido.

Un beso desde Gran Canaria.
Y también un saludo de Buggi, mi perro rottweiller.

jose guillermo dijo...

¡Genial! esto sí que es postear. Un gran texto para una gran historia.
Si hubiera más Orión y menos discriminación hacia los perros por su raza, el mundo sería mejor.

Un saludo.

Lenny dijo...

Gracias Ricardo.
Hermosa historia, lo único que no me cabe es el hecho de haberlo abandonado a el, Alfa y los 5 cachorros, despues de que Orion advirtiera del peligro que venía. Naturalmente que las brigadas de salvajate siempre dan prioridad a los humanos pero, de solo pensar en ese momento se me parte el corazón. La mejor enseñanza que Orion pudo dejar aparte de su valentia, es el amor, fidelidad, lealtad y perdon, algo muy difícil de aprender para nosotros los seres humanos. Un abrazo!

Julio dijo...

A mí también, al igual que Lenny, me cayó mal el hecho de haber partido dejando a los animales expuestos a su suerte. Pero, claro, es comprensible, porque la decisión no dependía de los dueños sino del equipo de rescate, y en estos casos la vida humana tiene prioridad, y aunque la narración no lo menciona, entre los rescatados seguramente había niños.

Ahora, de haber partido con ellos, la historia de Orión sería otra.

A mí la hazaña me ha dejado mudo. Mi mujer hasta lloró de emoción. Es increíble a lo que puede llegar un animal para ofrecerle a los humanos la realidad de su nobleza. Y los humanos qué mal pagamos tanta entrega. Los maltratamos sistemáticamente, los abandonamos cuando no es molesta su presencia, y los matamos sin pestañear.
Si es como se dijo en varios de los comentarios: "La única raza peligrosa que existe es la humana".
Una vez más, la historia de Orión nos ha enseñado que el único camino que sirve es el camino del amor.

Un abrazo toledano.

leonor dijo...

Hola, Ricardo.
Casi se me han saltado las lágrimas por la historia, es una muestra más de que los animales muchas veces demuestran ser mejores que las personas. Me ha hecho gracia la estúpida suposición de "raza peligrosa". ¿Algunos de los que estaban presentes hubieran hecho tal acto de valentía?, no, lo tuvo que hacer el perro peligroso, como lo denominarían ellos. Como ha dicho J. Carlos, la única raza realmente peligrosa es la humana, la única que asola su medio por guerras, imprudencias, vertidos tóxicos...
Un abrazo.

verboenazul dijo...

Recuerdo perfectamente aquella tragedia. En esa época mi hermano trabajaba en Caracas, y fuimos con mi madre a visitarlo y pasar con él la fiesta de Navidad. Llegamos justo el día anterior; el 15 de diciembre. La televisión no paraba de mostrar las imágenes. Fue un desastre espantoso. Pasados unos días se habló de más de 30.000 muertos y de pérdidas materiales millonarias. Incluso, se llegó a asegurar que fue la mayor catástrofe natural jamás sufrida en América Latina. Puedo asegurar que estremeció y traumatizó a Venezuela entera. Cuando regresamos a Santo Domingo, el eco de la tragedia aún se hacía sentir, y era comentario de todas las conversaciones de los dominicanos.

Eso sí, la gesta llevada acabo por el perro Orión, la ignoraba. Ahora que le he conocido en Linde5, recién puedo tener la certeza que conocí la desgracia vivida por los hermanos venezolanos en toda su dimensión.

La historia es impresionante. Pienso, como se menciona en algunos comentarios, que 37 vidas salvadas son muchas vidas. Pero él lo hizo. Y sin estar entrenado ni obedecer a la indicación de nadie. Lo hizo por instinto de solidaridad.

A mí también me apenó, cuando la familia humana de Orión lo tuvo que dejarlo abandonado junto a su familia perruna. La pérdida de sus cinco cachorros es de honda tristeza. Pero, reconforta saber que el reconocimiento llegó hasta él, y cuando murió el amor que supo conseguir permaneció a su lado.

Ricardo, igualmente pienso que tu narración es impecable, y, las noticias periodísticas con toda seguridad, no reflejaron las sensaciones que tú nos has ofrecido.

Un abrazo dominicano.

madrileña dijo...

¡Qué historia impresionante! Y, además de lo bien contada que está, las fotografías auténticas de la tragedia consiguen estremecernos con su mensaje.

Orión fue un héroe y como todo héroe seguirá viviendo entre nosotros.

Dos cosas que también me impresionaron, aunque a través de la lectura de los comentarios, es la definición de Juan Carlos: "La única raza peligrosa que existe es la humana".
Y el duro complemento
aportado por Churrinche:
"El hombre llega al colmo de que actualmente puede destruir el planeta en dos minutos, y sigue buscando conocimientos que le permitan destruirlo en uno".

Todo lo cual demuestra el nivel de tus lectores.

Un besote

Carmen dijo...

Parece de ficción lo que hizo este perro.
¿Te imaginás Ricardo, si Orión hubiera sido de Estados Unidos? Seguro que ya le habrían hecho una película. Es una hazaña excepcional, y por tanto, demasiado tentadora para los bolsillos con fiebre de dólares.

Ojalá que los venezolanos no lo olviden, y sepan hacer justicia con él. Un perro así merece vivir en el tiempo.
Pienso que esa localidad llamada Cerro Grande, debería pasar a llamarse "Orión, el grande".

Tu narración me encanta; cautiva y emociona.

Un beso para vos y tus lectores, desde Animalandia, Mendoza, Argentina.

Yaiza dijo...

Ricardo, una historia hermosa y emocionante.

Besos

Basalo dijo...

La herocidad de este perro merece todos los reconocimientos, incluso a nivel internacional. El mayor sería hacerle un monumento.
Las generaciones venideras deberían conocerlo, para guardar su recuerdo y transmitir su proeza.
Todo en él me gusta; empezando por el nombre, Orión, pasando por su mirada tranquila y concluyendo con su humildad.

Saludos

Paulo dijo...

É impressionante a façanha do Orión. Merece viver em nossa memória.
Oxalá que os venezuelanos façam dele um ponto de lembrança, pois o Orión tem todas as
senhas de identidas para maravillar às novas gerações.

Um saúdo desde o Rio de Janeiro

Paulo Vieira

amanda dijo...

Un gran placer fue lee tan extraordinario escrito de Ricardo.
Su valía no es a todos conocida. Hago ruegos para que su senda no se trunque por falta de reconocimiento.

La historia del perro Orión muy grata me es, pues pienso que no existe otro igual. Al menos en mi saber, no obra un perro con tan inigualable hazaña.
Orión se merece un monumento, y los aplausos de la entera humanidad. Guardado lo dejo en mi corazón.

Un saludo desde Malabo, Guinea Ecuatorial, África Occidental

amanda dijo...

Con perdón. He vuelto para al español traducir, el comentario de Paulo, el amigo de Brasil.

"Es impresionante la hazaña de Orión. Merece vivir en nuestra memoria.
Ojalá los venezolanos hagan de él un punto de recuerdo, pues Orión tiene todas las señas de identidad para maravillar a las nuevas generaciones"

Un saludo desde Río de Janeiro

Paulo Vieira

Alejandro dijo...

Orión, Orión, con tu proeza me dejaste más pequeño de lo que soy.
Después de conocer tu historia, no soy sólo yo el pequeño, sino el resto de los hombres también.
Habiendo tantos "humanos" presentes el día de la tragedia y sólo tú te atreviste a jugarte la vida por la vida de otros humanos.
Ahora comprendo porqué a los de tu raza los llaman perros peligrosos; son un peligro para el orgullo de los hombres porque nos dejan en evidencia cuando las papas queman.

Ricardo, gracias por el escrito. Tus palabras llegan hondo, y como dice Carla en su comentario, "siempre están en contra del olvido".

Un saludo desde Totonicapán. Guatemala.

walter dijo...

Lo hecho por Orión emociona y entristece. ¡Qué ejemplo!

Es una historia ideal para una película. En cuanto lo descubran los estadounidenses hacen una.
Terminan de hacerlo con el perro japonés Hachiko (la vi y es muy buena), siendo que lo que hizo fue esperar por el dueño. Imagínate que pueden hacer con Orión, que salvó 37 personas sin esperar un caramelo.

Ricardo, eres un maestro en la narración.

Un saludo ecuatoriano.

Ricardo Muñoz José dijo...

amigos de Lind5-otroenfoque, he recibido este correo de un voluntario que formó parte del equipo de rescate durante la dolorosa tragedia natural que vivió Venezuela. Aquí os la dejo.

Buenas tardes desde Venezuela, regularmente busco comentarios e informacion sobre la hazaña de orion tratando de que esto no quede en el olvido, gratamente sorprendido encontre tu articulo, no poseo blog por lo tanto no me deja comentar, pero me gustaria contar con tu deferencia para que los que comentan leyeran el pequeño post, no lo considero extemporaneo ya que estoy convencido que tan increible acontecimiento debe perpetuarse y nunca, nunca dejar de hablar de el, ese perro no tenia entrenamiento de ningun tipo pero cuando le toco supo que hacer por si mismo, abajo te coloco la reseña que pretendia publicar.
Felicito por lo detallado del articulo, mi nombre es Marco Bloise y forme parte de uno de los equipos de rescate en la tragedia de vargas, ademas tengo un rott, quisiera comentarles que la decision de dejar a las mascotas no la tomaban las victimas, la mayor parte de los rescates en esa zona se realizaron en helicoptero y el espacio es reducido y el peso limitado, en ocasiones solo se sacaban mujeres y niños dejando a los hombres para una proxima mision, sin embargo posteriormente se organizo una mision para el rescate del heroe, por otra parte dolorosamente en venezuela ya no se habla ORION ni de los hijos de su ultima camada, pero al final se nos fue con el placer de la mision cumplida y mientras un grupo por pequeño que sea lo mantengamos en el recuerdo su gloria perdurara.

Marco Bloise