Tu trato con los animales hablará de ti mejor que tus palabras -R.M.J.

lunes, 27 de julio de 2009

La huella de un perro sin dueño.

EL GAUCHO, UN PERRO QUE DESTACÓ POR HABER ALIMENTADO SU EXISTENCIA CON EL PAN DE LA LEALTAD.
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..... Corría la década del 60 cuando comenzó esta inolvidable historia. Un hombre de campo, don Facundo Ferro, con su perro, llamado Gaucho, residían en Villa del Carmen (localidad del departamento de Durazno, Uruguay), y los dos conformaban el ensamble perfecto del hombre y el animal.
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..... Facundo era ya mayor, de salud delicada, solitario, sin parentela conocida, y consideraba al Gaucho su único familiar. El Gaucho correspondía a esa deferencia con su incondicional compañía.
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..... Pero, un día, una enfermedad vino a interferir en tan sincera amistad. De repente, Facundo, se sintió mal y necesitó urgente atención médica. En un viejo jeep un vecino lo llevó al Hospital Doctor Emilio Penza, de Durazno (capital del departamento del mismo nombre). El diagnóstico, crudo y directo, no dejó margen a la duda:
..... - ¡Es grave! -dijo el médico con total certeza.
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..... Entretanto, el Gaucho, presintiendo el manotazo de la desgracia, escuchó el llamado de la fidelidad y salió detrás del jeep que transportaba a Facundo. Sin miedo se enfrentó a la distancia: atravesó terrenos ariscos, intratables breñas, pinchudos pajonales y severos bañados. Desoyendo la tentación del cansancio recorrió 52 kilómetros, hasta que el olfato lo plantó en el lugar donde estaba su amigo del alma.
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..... Con la ansiedad galopando en el pecho, merodeó vacilante por los alrededores. Aunque, la misma ansiedad lo apeó de la indecisión, y un arranque de urgencia lo impulsó a adentrarse en lo desconocido. Guiado por su infalible olfato, desembarcó directamente en la sala dónde Facundo luchaba contra la muerte. Debajo de la cama del amigo, el Gaucho instaló su angustia.
.....Poco tardó el personal del hospital en descubrirlo. No obstante, conmovidos por la mansedumbre, la soledad y el amor a su dueño, decidieron aceptarlo cual un familiar que acompañaba a su enfermo. Sin embargo, eso no lo libró de algunas expulsiones. Pero él siempre volvía con la cabeza gacha, andando sin ruido. Y otra vez su mirada apacible y los movimientos mesurados, derretían la rigurosidad de enfermeras, médicos y demás pacientes. Y, contra toda lógica sanitaria, lo dejaban ocupar su sitio favorito; abajo del lecho de Facundo..
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..... Todo iba bien; el personal disimulaba y el perro se hacía querer.
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..... Hasta que la muerte desconsiderada entró en la sala, ¡y con certero guadañazo le cortó a Facundo el hilo de la vida! Facundo murió casi pidiendo disculpas, discretamente; sin exhalar un sólo quejido.
..... El Gaucho lanzó un aullido y saltó a la cama a lamer la cara de su dueño. Llorando desconsolado, el pobre se apretó al pecho del difunto, como si le rogara que lo llevara con él.
Impactados por la aflicción del can, los presentes lagrimearon con el corazón tiritando entre las manos.
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..... Durante el velatorio, los ojos tristes del Gaucho, agradecieron en silencio la presencia de quienes se arrimaron a compartir su dolor.
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Con las orejas caídas, mirada somnolienta y andar cansino, el Gaucho acompañó a Facundo hasta su destino final. Cabizbajo presenció el enterramiento. Después, entre lastimeros sollozos se echó sobre la sepultura, y ahí se quedó; junto al hombre que tanto lo amó y que él tanto amara.
..... Pasaron las horas y pasaron las jornadas, y el Gaucho seguía allí; sin comer ni beber, nutriéndose de su interminable lealtad.
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..... Unos años antes de su desaparición contaba don Zoilo Martinez:
..... - Al Gaucho lo conocí. Por aquel entonces yo había enviudado y roto por la pena iba al cementerio todos los días. Desde la tumba de mi finada esposa, lo veía acostado encima de la sepultura, como si estuviera escuchando la voz del muerto. Con el paso de los días se fue quedando muy flaco, caminaba encorvado, sin ganas. Los trabajadores del cementerio le daban agua y comida, pero él no aceptaba. Un tiempo después cambió, y sólo se bebía el agua.
..... Esa imagen del Gaucho se unió a mi tristeza, y lo sentí igual que un compañero compartiendo el infortunio. Creo que de tanto mirarnos se estableció un diálogo escrito en el aire, que solamente él y yo entendíamos.
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Una mañana, cuando la resignación se afianzó, el Gaucho salió a buscar alimento. Entonces, todo Durazno conoció el callejear de aquel perro de pelaje casi oscuro, de tamaño mediano, y claramente emparentado con el ovejero alemán.
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..... Continuó don Zoilo:
..... -La resignación nos llegó casi al mismo tiempo. Yo comencé a espaciar mis visitas al cementerio, y el Gaucho se adueñó de la ciudad. Me alegré por él.
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..... El pueblo le abrió sus brazos y lo acogió cual un hijo. A partir de ese momento, al Gaucho no le faltó comida, agua, ni cariño. Inclusive, algunas personas de buenos sentimientos trataron de adoptarlo, pero él no se dejaba; tras comer y mirar agradecido, se iba al cementerio a tumbarse en la sepultura de Facundo.


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..... Recordaba, M. Gloria Belén:
..... - Por mi trabajo yo madrugaba. A las 5:30 de la mañana me trasladaba a mi puesto en Radio Durazno. Iniciaba la transmisión a las 6. Hacía los preparativos previos que se necesitan para iniciar la programación, aprontaba el mate y me disponía a trabajar y a esperar a mi amigo.
..... El zaguán estaba abierto de par en par, al rato sentía la puerta de vidrio moverse y lo veía llegar, con su caminar cansino, satisfecho, como esos noctámbulos amantes de las madrugadas. Recorría el trayecto del vestíbulo a la cabina, despacio, olfateando por cumplir. Entraba, acercaba su cabeza a mi falda y me miraba profundamente. Yo lo saludaba, como era costumbre: "¿Madrugó Gaucho?" , o por el contrario, "¡Qué tarde que vino!". Él revoleaba la cola en señal de afecto, daba unas vueltas y se echaba a mis pies debajo de la consola. Dormía hasta las
10, y luego se marchaba despacio, como había llegado. De casualidad aceptaba comida.
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..... Por extraña paradoja, el Gaucho, al no ser de nadie, pertenecía a todos. Y así vivió varios años; rodeado del amor de la gente. Un amor que fue creciendo y acabó por convertirlo en personaje público. Incluso, aquellos que visitaban la ciudad, al conocer su dramática historia, también le otorgaban su amor. Mas, tanto cariño no lo acorazaba ante las incidencias que acechan a los perros callejeros.
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..... Rememoraba M. Gloria Belén:
..... - Cierta noche festejábamos, con los compañeros de la radio, un cumpleaños en El Grillo. En ese restaurante a las 12 de la noche hacía parada en su viaje a la ciudad de Artigas, una compañía de ómnibus. Recuerdo que bajaron los pasajeros, pidieron café o algo fuerte por el frío, y se arremolinaron en el mostrador a charlar y dejar pasar los minutos. De pronto entra el Gaucho y con su pachorra conocida se va derecho a la cocina. Uno de los viajeros al verlo lo insultó y le pegó una patada que hizo gemir al perro. No había bajado la pierna, cuando recibió una trompada que lo incrustó debajo de una mesa, y la amenaza de linchamiento de los parroquianos duraznenses, si no se retiraba. El Gaucho era un amigo, la patada y el lamento eran una ofensa.
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..... Un día la ciudad se estremeció con el arribo de un desgraciado suceso: en la Plaza Sainz, en el Barrio Varona, encontraron al Gaucho muerto. La noticia corrió de boca en boca mojando los ojos y anudando las gargantas. Los vecinos se miraban confundidos; negándose a admitir lo ocurrido. El perro de todos había fallecido, dejándolos sumergidos en la tristeza. Las lágrimas que surcaron los rostros, fueron el espontáneo homenaje al animal que supo hacer de la soledad y de la fidelidad, el faro de su vida.
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..... La evocación de don Zoilo, concluyó con estas palabras:
..... - Cuando el Gaucho murió lloré mucho. Mi compañero de aquellos días tristes se había ido, y yo continuaba aquí, viejo y enfermo, recordándolo del modo que se merecía: como un símbolo de la lealtad. Ese día, en su nombre llevé flores a la tumba de Facundo.
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..... Por su fidelidad y ejemplar comportamiento, el Gaucho fue conocido y admirado en el Uruguay entero. Y de esta manera, sin quererlo, el humilde perro de Facundo derivó en mito, para satisfacción de todos los habitantes de Durazno.
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..... A fin de que su recuerdo permanezca imborrable, el pueblo de Durazno lo inmortalizó en el bronce, con una escultura y una placa que pueden verse delante del cementerio de la ciudad.

RICARDO MUÑOZ JOSÉ.
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Reminiscencia construida a partir de los testimonios de Oscar Machado, Martha Lobelco, M. Gloria Belén y Zoilo Martinez, encontrados en Internet.
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23 comentarios:

Dragon dijo...

No me canso de leer esta historia y reflexiono sobre la lealtad sin limites de los perros. Cada vez que viajo a alimentar a los abandonados de San Juan de Pirque observo como permanecen en el mismo lugar donde fueron lanzados fuera del vehiculo que los tranportó, y ellos, despues de correr tras el vuelven al sitio donde los bajaron esperando que su amo vuelva, muchos mueren allí, esperando.
Eso es lealtad...aprendamos de los animales.

churrinche dijo...

Esto sí que no me lo esperaba. ¿En España se publica la historia de un perro uruguayo? Suena a sueño.

El Gaucho es otro ejemplo de lo que llegan a hacer los animales por amor y lealtad. ¿Y el pueblo de Durazno? ¡Qué comportamiento!
Ellos lo amaron y lo aman, hasta el punto de no dejar que su historia se pierda.

El Gaucho es un orgullo para nuestro pequeño país.

Ricardo, tu prosa, como siempre, magnífica. Tu aportación es todo un homenaje para nuestro querido perro, un tanto ignorado por escritores,poetas, músicos y exponentes de las Bellas Artes.

Un saludo desde Uruguay, el país que tiene un río de una sola orilla.

walter dijo...

Cuando estuve Uruguay pasé dos veces por Durazno, pero como desconocía la historia del Gaucho, no me detuve a fotografiar su escultura. Habría sido lindo tener una foto para mostrársela a los amigos, y contarle la historia del perrito.
Me impresionó su fidelidad, como me impresionó su inteligencia para asumir la pérdida del amigo, y tomar la ciudad por hogar.

Muy buena la narración Ricardo.

Tiene razón Churrinche; Uruguay puede presumir de tener un río con una sola orilla. El Rio de La Plata, es tan ancho que no se ve el otro lado. Aunque, para hacer justicia, los argentinos podrían decir lo mismo, ya que en el lado que no se ve están ellos.

Un abrazo desde Quito, Ecuador.

Odi Marley dijo...

Me encantó la historia del perro, aunque es muy triste, y varios de sus pasajes inducen al llanto.

Me pasó igual que con el perro Fernando, me quedé pensando en los ejemplos que nos dan los animales y nuestra arrogancia humana se empeña en ignorar.

Felicitaciones, Ricardo

Lenny dijo...

Gracias Ricardo, como siempre tu eres el cable a tierra, para recordarnos a traves de estas historias, la importancia del amor, la fidelidad, la lealtad, compañerismo.
Felicitaciones, un abrazo,L.

La pandilla dijo...

Que historia mas bella , me ha emocionado , pero para los que amamos a los animales sabemos muy bien que estos actos de amor y fidelidad son pan de cada dia .
Gracias nuevamente por enseñarnos estas bellas historias.
Un abrazo grandote

jose guillermo dijo...

Muy conmovedora la historia del Gaucho. Él tuvo la suerte (que les falta a la mayoría de los perros sin dueño) de encontrar el cariño de la gente, que aparte de amarlo lo protegía. Un merecido premio después de la tragedia que vivió con la muerte del amigo, y su insistencia en permanecer junto a él en su tumba. Sin duda, un ejemplazo de lealtad.
También me impresionaron las declaraciones de Zoilo Martinez, las encontré muy tiernas, muy humanas.
Que los uruguayos tengan en el Gaucho, el mito a transmitir a las futuras generaciones.

Desde Honduras con amor...

Carmen dijo...

¡Qué lección! Es increíble cómo el Gaucho llegó a la muerte siendo fiel a su dueño. Sabía que al morir éste el resto de sus días debía andarlo solo; sin otra compañía que el amor de la gente de Durazno.
Historias como la del Gaucho se quedan agarradas a la memoria, para ablandarnos el corazón. Que su enseñanza no caiga en el olvido.

Animalandia - Mendoza, Argentina

madrileña dijo...

Una vida ejemplar, digna de las grandes criaturas. El Gaucho era un ser excepcional, y obtuvo el mayor de los premios; ser amado por la gente y respetado en su afán de libertad.

Este es un buen texto, Ricardo, y en nombre del resto de humanos (que, en definitiva, son siempre los que abandonan, maltratan y matan a los animales), te agradezco el esmero que has puesto para presentarnos tan emocionante historia.

Madrileña de Chamberí.

Annariel dijo...

Tan triste y fascinante es la historia de El Gaucho. Un perro que por lealtad no aceptó otro dueño y fue vagando por las calles sin tiempo en esa ciudad poco conocida, recibiendo y dando amor aunque fugaz en la vida de los perros.
Los animales son tan admirables que a veces nos dan una lección de la vida que no llegaríamos a conocer ni no fuera por ellos.

Alejandro dijo...

SINCERAMENTE, LA HISTORIA DEL GAUCHO ME HA IMPACTADO. ME DIO DE LLENO EN MEDIO DE LAS EMOCIONES.
SI LOS HOMBRES FUERAN MÁS HUMILDES Y ASIMILARAN LOS EJEMPLOS QUE NOS REGALAN LOS ANIMALES, LA VIDA DE ESTE PERRO SERÍA UN LIBRO ABIERTO.
MI CARIÑO POR EL GAUCHO PERMANECE CON ÉL, PERO MI RESPETO Y MI RECONOCIMIENTO SE QUEDAN CON LA GENTE DE DURAZNO. ELLOS QUE LO AMARON, LO CUIDARON Y LO PROTEGIERON, MERECEN SER DUEÑOS DE SU RECUERDO.

RICARDO, UN GRACIAS INTERMINABLE POR HACERNOS CONOCER ESTAS HISTORIAS TAN BELLAS, Y TAN MAGISTRALMENTE CONTADAS POR TU PLUMA. TE CONSIDERO UN FENÓMENO.

UN SALUDO GUATEMALTECO

nora dijo...

He leído atentamente el texto y lo encuentré muy emotivo. Aunque me llenó de interrogantes; ¿cómo pudo el instinto de un animal llevarlo a tal comportamiento? ¿Cómo pudo saber que el dolor se cicatriza en la resignación, y que después de la resignación la vida sigue?

Creo que en "La huella de un perro sin dueño" hay mucho de "la huella del dueño del perro".

Leí en uno de los comentarios, que a través del Gaucho se recuerda al perro Fernando. Para mí son existencias diferentes. Eso sí, coinciden en una sola cosa; los dos se toparon con esos malvados que creen que golpear a un perro, es motivo de diversión.

Ricardo, ¿vos sabés qué significa hacer una GAUCHADA? En los países del sur de América Latina, hacer una GAUCHADA es hacer un favor.
Y el Gaucho nos hizo una gauchada con su ejemplar historia. Y como regalo, nos dejó una enseñanza.

Besos desde Asunción, Paraguay.

Mundo Animal. dijo...

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............,.---._.. ._,-';
.... ,----(..... o`-'.,-´
. /(........`--'._,´
'( ..\. |__|. |' Abrazos desde el
......|_|...|_| Mundo Anima.


Que tengas un Lindo Martes, Chriss

♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡

NoTeSalves dijo...

Gracias a Ricardo Muñoz, por recordarnos mediante estas historias reales, algo tan desapercibido para muchos de nuestros congéneres:

Los animales no humanos nos enseñan más
de lo que nosotros les podemos enseñar a ellos, en lo que a buenos sentimientos se refiere.

La lealtad, como la fidelidad, son sinónimos de amistad, adhesión.
El ejemplo de Gaucho, no es un caso aislado en el comportamiento de muchos canes.
Todos conocemos testimonios muy parecidos, con una diferencia importante:
su modelo de fidelidad no ha tenido la repercusión que tuvo la biografía de Gaucho y de tantos otros.
Un relato semejante a este es el de Hachiko, una hermosa relación de amistad sincera entre un perro y un profesor,
en tierras japonesas.
Podéis leer su relato aquí:

http://www.conciencia-animal.cl/paginas/temas/temas.php?d=93


Antónimos de Lealtad son: traición, deslealtad, infidelidad. De estos bajos sentimientos propios de nuestra especie, el resto de
las criaturas que conviven con nosotros, tienen sobradas pruebas, y buena parte de esta traición e infidelidad
humana la han sufrido nuestros mejores amigos, los perros.


Os paso unas frases de Teresa de Calcuta dando respuesta a por qué amar a los animales.
Al final del texto, menciona a Dios. Para los que no tenemos muy clara la existencia de este Ser Supremo,
bien podemos decir:
"Si aprendemos a amarlos como merecen...seremos más limpios, más felices,
lo que recibiremos de su parte será un amor leal sin límites".


¿Porqué amar a los animales?

Porque lo dan todo, sin pedir nada.
Porque ante el poder del hombre que cuenta con armas...son indefensos.

Porque son eternos niños, porque no saben de odios...ni guerras.

Porque no conocen el dinero y se conforman solo con un techo donde guarecerse del frío.

Porque se dan a entender sin palabras, porque su mirada es pura como su alma.

Porque no saben de envidia ni rencores, porque el perdón es algo natural en ellos.

Porque saben amar con lealtad y fidelidad.

Porque dan vida sin tener que ir a una lujosa clínica.

Porque no compran amor, simplemente lo esperan y porque son nuestros compañeros, eternos amigos que nunca traicionan.

Y porque están vivos.


Por esto y mil cosas más...merecen nuestro amor...!


Si aprendemos a amarlos como lo merecen...estaremos más cerca de Dios.



Madre Teresa de Calcuta

http://foro.univision.com/univision/board/message?board.id=reinoanimal&message.id=4702

En este enlace de Nacidos Libres, podéis leer el poema

"Hermano Callejero" de Manuel Benítez Carrasco, seguro que os encantará:

http://server3.foros.net/viewtopic.php?t=1172&mforum=NacidosLibres

Tiziana (+ que 4 patas) dijo...

Gracias Ricardo por haber subido tan lindo homenaje a uno de nuestros perros.

Pido disculpas por no haberlo hecho antes, si lo habia leido, como leo varias notas aunq no veas comentarios es que me faltan horas del dia y dias de la semana.

Los animales son seres increibles algunos como las personas se vuelven famosos y otros su obra pasa al anonimato. Lastima que la mayoria de la gente no los deje interactuar en sus vidas para conocer la grandeza y nobleza de de sus sentimientos

Tanguera dijo...

Ricardo: me llegó tu artículo por medio de Tiziana y gracias a ella conozco ahora tu blog.
En primer lugar quiero agradecerte que hayas hecho conocer la historia de este noble perro que vivió en nuestro país. Sabía su historia ya que vivo en Uruguay, pero tu forma de contarla, y leer los testimonios de la gente de Durazno, me hicieron llorar de emoción.
Me gustó tanto que la colgué en mi facebook para que todos mis contactos tenga acceso a ella y además conozcan tu blog.
Te mando un abrazo grande desde Uruguay.
Amelia

J.Carlos dijo...

¿Con qué me quedo? ¿Con la historia del Gaucho o con la narración?
Las historias existen pero si no aparece alguien que las cuente pasan desapercibidas. Y tú, Ricardo, en este caso, nos cuentas la de este perro con pluma generosa, pulso firme y escarbando en la emoción.
El Gaucho se queda en mi recuerdo, para la gente de Uruguay va un saludo, y para ti Ricardo, aquí te dejo mi incondicional admiración.
Abrazos madrileños

Alvaro dijo...

Esto de viajar al pasado por medio de la historia de un perro me resulta agradable y edificante.

Es un relato interesante con giros literarios de gran altura, aunque su verdadero anclaje sea el Gaucho. No obstante, la narración termina de esculpir la dimensión del perro.
La ciudad que le presta su entorno al animal, y el cariño de la gente, hacen que el relato sea más vívido y emocionante.

Mi puntaje es DIEZ para el Gaucho, y ONCE para Ricardo por la calidad narrativa y por recuperar esta maravillosa historia.

Un abrazo desde Andorra.

Dos3cuatro
(Este seudónimo convierte mi indiovidualidad en grupo de opinión)

Carla dijo...

Una historia tierna. Más que triste me parece conmovedora.
El Gaucho es un ejemplo y se merece todos los recuerdos del mundo.
Sinceramente, su vida (o cómo la relatas tú, Ricardo)me ha estremecido y me ha hecho llorar.
Junto a la dedicación y el amor de la gente de la ciudad, me quedó un mal gusto por el desalmado que lo pateó. Nunca falta un hijo de... que busque notoriedad maltratando a un animal.

Gaucho, te quedas en mi corazón

Un beso de Palma de Mallorca.

Yaiza dijo...

La historia del Gaucho es tierna pero triste. Quien lea este texto y no se conmueva es porque está muerto.
Ricardo, como siempre mi admiración, tu modo de escribir siembra escuela, es de altísima calidad.
El Gaucho se queda en mi corazón.

Un beso desde Las Palmas (G.C.)

Julio dijo...

Es la primera vez que participo, aunque ya había leído algunas de las historias aquí publicadas.
La triste historia de este perro uruguayo parte el corazón. Te desmenuza, y te reencuentra al identificarte con la gente de ese pueblo llamado Durazno.
El Gaucho para ellos será un símbolo, pero para mí es un ejemplo y le leeré el escrito a mis dos hijos pequeños. Sé que los ayudará construirse como seres humanos.

Ricardo, eres un elegido de las letras. Te dejo mi humilde aplauso.

Un saludo manchego.

Paulo dijo...

Graças a minha esposa que é uruguaia, sei ler em espanhol, mas ainda não sê o escrever, portanto peço perdão.

A triste história do Gaucho conhecia-a, mas o que não conhecia é a magnífica narração do Ricardo. É emocionante ler seu texto.
Chega-se facilmente às lágrimas.

Paulo - Rio de Janeiro.

Bianca Pascuchelli dijo...

Son re tiernas las historias con perros, y siempre una tristeza perderlos de este mundo, sabiendo que ninguno tiene maldad. Yo tengo la propia, no de Uruguay, sino de Argentina: lo conocí en uno de mis viajes. Lo vi en la calle y se me pegó. Yo hacía todas mis excursiones turísticas y el venía al lado mío. A la noche me esperaba afuerda del alquiler temporario en Buenos Aires que tenía de un departamento en Palermo. Un día me dieron ganas de subirlo. Hablé con la gente de la empresa y me dejaron llevarlo arriba. Me encariñé tanto que me lo terminé llevando de vuelta a mi país (Colombia) y tiene una historia feliz: sigue hoy conmigo. No es genial?