Tu trato con los animales hablará de ti mejor que tus palabras -R.M.J.

viernes, 7 de octubre de 2011

El dolor que divierte

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TEXTO QUE FORMA PARTE DEL LIBRO EN PREPARACIÓN

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EL LIBRO ESCRITO POR LOS ANIMALISTAS
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Él no sabía que cada año mueren becerritos en miserables pueblos, donde practican aberrantes y primitivas celebraciones.
Estaba cansado, dolorido. Tenía sed. Pero lo único que se deslizaba por su garganta era un áspero líquido que le provocaba arcadas.
-Mamá –pensó.
De su garganta salió un sonido sordo, espero, apenas audible.
-Mmmmmm…
Ya no podía aguantar más. Sus rodillas se doblaban. En las delgadas piernas de becerrito de pocos meses, un inesperado temblor. Cayó de rodillas, consciente que iba a besar el suelo. Un poderoso alarido que provenía de todas partes, lo envolvió. El sonido partió el día con el tajo de la impaciencia. Tenía miedo, mucho miedo. Hacía una eternidad que unos brazos humanos, enmarcados en muecas de severidad, lo habían forzado a entrar… ¿Qué lugar sería ese? Un fuerte olor a muerte le atravesó el presentimiento, haciéndolo retroceder. Pero lo humanos le propinaron golpes con unos palos que picaban, y el dolor lo recorrió entero, quedándose alojado en el cuerpo. Tuvo que avanzar hacia el centro del inmundo sitio. Un sitio que lo aterrorizaba. Apenas podía distinguir qué pasaba. Sólo veía pequeños humanos a su alrededor, envueltos en una incomprensible algarabía, y cada vez que bajaban los brazos, el dolor aumentaba. ¿Qué tenían en las manos? ¿Por qué su sufrimiento les daba alegría? No captaba que hallábase en un trance conducente al martirio, alejado de cualquier suerte de felicidad; en manos de la crueldad.
-Mmmmmm…


Cerró los ojos en un intento de fuga. Volvió a ver a la madre, su dulce mirada rebosante de amor, las tiernas caricias cubriéndole el cuerpecito para emparejarlo a la dicha, y las rebosantes ubres de rica leche que le inyectaban vida.
Mmmmmm…
Un nuevo golpe lo devolvió a la realidad. Miró hacia el lado que le dolía y… otra vez ese líquido espeso… Ese dolor… ¡Tanto dolor! ¿Cuándo acabaría esto?
-Mmmmmm…

Allá, en la hacienda donde había nacido, los árboles daban abrigo, el sol brillaba regalando calor, y la mirada no conocía límites.
Añoraba los amigos, los primos y las primas, todos igual que él.
Recordaba los juegos, las carreras, la hierba tierna, el agua fresca, la libertad…

Una mañana lo vio. Torneado, musculoso, imponiendo respeto.
-Es tu padre –le dijo su madre.
Estaba allá, a lo lejos. Era un impresionante toro negro, fuerte, alto, poderoso. Lo miró con orgullo y pensó:
-Yo también llegaré a ser así.
Su madre, como adivinándole el pensamiento, lo miró con tristeza.
-¿Qué será de ti, mi tierno pequeñin? He visto irse a tantos hijos míos y nunca regresaron.

Volvió a abrir los ojos; la oscuridad en pleno día era cada vez mayor. En todo el entorno seguían esos cachorros humanos, gritando cual posesos, con las miradas duras cabalgando en las bocas infectadas de palabrotas. Ladeó la cabeza con dejo vencido; la música ahora parecía más lejana y la oscuridad más densa. No había luna en este horrible espacio de sufrimiento y de muerte. El frío, íbase tornando más intenso, no le dejaba sentir las piernas. La oscuridad era un vuelo de mariposas negras. Bajó los párpados. No ver lo distanciaba de ese espantoso lugar. En los tímpanos resonaban berridos ausentes, igual a sonidos huecos. ¿Sería la voz de los muertos?
-Mmmmmm…
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¿Por qué un cachorro como él estaba ahí? ¿Por qué la luz cuajó en sombras? ¿Por qué los murmullos se apagaban?
Permaneció así un tiempo; tiritando en garras del instante. Ante él se fue dibujando un camino largo, gélido, opaco… Le dolía todo; no había paréntesis ni desahogo; sólo martirio encumbrando el apogeo del terror. Iba hacia una eternidad que duraba la escenificación de ese suplicio.
De repente, un inaguantable y agudo dolor le aterrizó detrás de la cabeza. Pidió ayuda:
-Mmmmmm…
Pero sólo acertó a abrir la boca, nada se oyó. La quietud callada aparcó en su soledad. La oscuridad se tornó completa, el silencio atacaba y la temperatura bajó a punzar sin límite. El miedo le retorció las entrañas. El final, ese final que transportaba la alegría de aquellos humanos, le aplastó el corazón. En la otra punta del túnel la muerte lo abrazó. Descansa en Paz, pequeño.


Aterra saber que las becerradas son un entretenimiento pensado para solaz de los niños. ¿Se habrán concebido con el fin de anular la sensibilidad infantil, y fomentar en la niñez la costumbre de matar seres vivos como diversión?
-Mmmmmm…
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Elisa Serra Blasco
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PUBLICADO POR RICARDO MUÑOZ JOSÉ
http://linde5-otroenfoque.blogspot.com/2011/10/el-dolor-que-divierte.html


Aquí puedes dejar tu comentario. La autora lo agradecerá. No olvides que el estímulo encamina a nuevas obras.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Micaela, tan sólo una perra pitbull.

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Esta es la historia de Micaela, hembra raza Pitbull adulta, supongo que tiene más de 7 años. Dado que ella fue abandonada, es muy difícil calcular la edad (los perros que han pasado mucho tiempo sobreviviendo en la calle, adquieren ese tinte opaco que les deja la tristeza).
. Micaela, llegó a mi vida el sábado 20 de Diciembre 2008. Ese día, con mi amiga Luz, terminábamos nuestro recorrido semanal por el sector Bajos de Mena, cuando en la gasolinera ubicada enfrente al cementerio, algo llamó nuestra atención. Nos acercamos a mirar y lo que vimos nos dejó espantadas: una perrita piel y huesos, llena de sarna, garrapatas, úlceras en los ojos, además de una patente infección. No podíamos creer cómo esta pobre criatura había resistido hasta ese momento. Más allá de la raza flotaba una realidad conmovedora.
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Los empleados de la Estación de Servicio nos informaron que llevaba días vagando por los alrededores y que no comía, pues rechazaba el alimento que ellos le ofrecían.
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De inmediato nos pusimos mano a la obra. La llevamos al veterinario para que empezara a tratarle sus múltiples dolencias gestadas en el sufrimiento más atroz. Lo más grave fueron las úlceras corneales, ya que perdió la visión de uno de sus ojitos.
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Jornada tras jornada adquiría mejor aspecto. Micaela subió de peso. Fue esterilizada. Empezamos a buscar un hogar adoptivo. Tenía que ser una familia muy especial; que conocieran perros de su raza y supieran manejarlos; con suficiente espacio y ser perro único en la casa. Algunas personas nos contactaron pero nadie apropiado, no me importaba, eso me permitía gozar más tiempo de su compañía.
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Es una perra magnífica, se desenvuelve muy bien a pesar de no tener la visión al 100%. Eso demuestra la entereza de su raza (que llaman peligrosa). Es obediente, leal, cariñosa, estupenda compañera; de esas que dan la vida por su dueño.
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Más de una vez me pidieron que la dejara en la gasolinera, ya que su presencia impone respeto, y además, forma un buen equipo con los otros dos perros que acompañan al guardia nocturno.
Pasaron las semanas, los meses, y ese hogar que Micaela esperaba nunca llegó. Finalmente nos resignamos a que su casa fuera la Estación de Servicio.
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-Después de todo no es tan malo -nos decíamos Luz y yo.
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Pasó el verano, llegó mayo y el otoño con sus mañanas frías y sus árboles sin hojas. Mis visitas a la gasolinera ya son cosa de rutina, pero algo me alarmó; Micaela empezó a cojear. Pensé en un golpe. Se lo pregunté a los empleados del surtidor, y nadie sabía nada. La cojera continuó por días, hasta que finalmente la evaluó un especialista y el diagnostico fue lapidario: Discoespondilosis Deformate, enfermedad degenerativa a los huesos, no tiene remedio. Micaela gradualmente irá perdiendo la movilidad en sus extremidades, hasta que finalmente quedará impedida y postrada. Y todo eso acompañado de intensos dolores.
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No consigo imaginar peor destino para un animal como un pitbull (ningún animal lo merece). Micaela, a pesar de no ser joven era toda energía, llena de vida, fuerte. Salía a recibirme cuando llegaba, corría a mi encuentro junto a los otros perros. Ahora camina con dificultad, le cuesta acostarse y mucho más ponerse de pie. Aún sale a recorrer ”su territorio”, pero ya sin la vivacidad de antes. Me duele verla así, aunque me conforma el hecho de que estando a mi lado tendrá alguien que la ayude a sobrellevar su enfermedad hasta sus últimos minutos. Todos los días le doy sus medicinas. Toma Condrovet y Pinalox. La abrazo y la acaricio más que de costumbre. Hago lo posible para que se sienta querida y amparada.
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No conozco la enfermedad que padece. El médico que la atiende dice que no tiene cura, y lo único que se puede hacer es tratar de frenar en algo el avance a fin de que no sea tan rápido, pero que no sabe cuanto tardará en quedar totalmente postrada.
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Mientras estoy con ella la observo. Ambas nos miramos a los ojos. Y cuando eso sucede puedo sentirla, captar su desconcierto al ignorar porqué ya no corre ni camina rápido como lo hacía antes. Con una lágrima tiritando entre las manos, trato de explicarle que está enferma, y las medicinas que le estoy dando tal vez la puedan ayudar… Pero me quedo sin palabras… Se me anuda el corazón… Entonces me abrazo a ella y paso mucho rato a su lado. No quiero que se sienta sola. Ella merece conocer el otro lado de la moneda; si una vez fue maltratada y abandonada, eso ya pasó. Ahora es tiempo de disfrutar, de sentirse querida, aceptada, y sobre todo, protegida.
. Le he acondicionado un pequeño espacio para que duerma, dentro de las instalaciones de la gasolinera. Puse varias mantas sobre un cartón buscando aislarla del frío cemento del piso. Los inviernos son duros aquí en Puente Alto (RM, Chile). Estamos muy cerca de la pre-cordillera de los Andes y las temperaturas usualmente bajan de 0 grados en las mañanas. Este fin de semana iré a verla, y le pondré más cartón entre sus mantas y el suelo. También le agregaré otra manta para hacer más blanda su camita.
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Un amigo, Raúl Antonio, me escribía a propósito de Micaela: “Ella ya encontró hogar. Un hogar es dónde existe el amor entre los seres y Micaela lo halló en ti, en tu corazón. Ahí vivirá por siempre. Micaela ya no busca hogar. Ya lo encontró”.


En lo referente a su enfermedad, recibí esta información: “Gabriela, te cuento que existe una posibilidad de mejora para Micaela, por lo menos de mayor alivio. Es un tratamiento de acupuntura. He visto el resultado en un gatito con la columna dañada, que ni siquiera tenía sensibilidad en sus patitas. Mejoró mucho. No camina aún pero al menos recuperó la sensibilidad. En perros con problemas de discos, o en los huesos, también funciona muy bien”.


El intento no cristalizó en felicidad.
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Micaela murió el 22 de octubre de 2009. Pocas personas lo saben. Ambas estábamos muy solas al final y su último mes de vida fue traumático para las dos. Después del desenlace nunca más volví al lugar donde ella vivía.
Tampoco quise escribir su final en mi blog, ya que hasta el día de hoy siento que le fallé. Qué no hice todo lo necesario para poder salvarla. Sus cenizas están en mi casa, ¡ese es su hogar! Pero ella vive en mí. Siempre ocupará un lugar especial en mi vida y en mi corazón".
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Gabriela MejíasSantiago, Chile.
http://gabrielamejias.wordpress.com/


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PUBLICADO POR RICARDO MUÑOZ JOSÉ


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viernes, 16 de septiembre de 2011

El viaje de Harry

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HISTORIA QUE APARECERÁ EN EL LIBRO (EN PREPARACIÓN) ESCRITO POR LOS DEFENSORES DE LOS ANIMALES
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Cuando nací, mi dueño no sabía qué nombre ponerme. Mi madre se llama Canija y mi padre Bandido, aunque no tiene nada de malhechor. Son los nombres típicos que nos suelen poner, a los galgos. Cuando a nuestros dueños se les acaban las ideas, nos ponen nombres de otros animales, o de cosas como Gusano, Lagartija, Culebra, Cartucho, Veneno, Zurrón… En fin, como no somos gran cosa, ya se sabe...
. Nací junto a mis ocho hermanos, un frío día de Diciembre, cerca de Toledo. La mano, dura y áspera del galguero enseguida nos alzó para examinarnos de cerca. Esto es para detectar a los que valemos para cazar, para criar, o para nada. Yo no supe que no valía para nada hasta que tuve seis meses de vida, para entonces ya tenía el cuerpo cubierto de cicatrices y de golpes. Mi dueño me apartó del costado de mi madre en cuanto pude comenzar a corretear. Mama, la pobre, me observaba con mucha tristeza desde su jaula, donde la mantenían apartada.
A nosotros nos tenían en el patio, donde hacía mucho frío porque en Toledo el invierno es una cruda realidad, sobre todo para nuestra raza, ya que tenemos poquito pelo. Pero a nuestro dueño eso parecía no importarle, total, él siempre iba bien tapadito. Nos estuvieron observando varios días, dicen que nos ponían a prueba. Como yo no sabía qué tenía que hacer, me quedaba quieto sin moverme, creo que por eso decretaron que no sirvo para nada. Poco a poco fui notando que me echaban menos comida, mis hermanos comían antes y más cantidad que yo.
Un día me arrojaron a la parte trasera del todoterreno de mi dueño, y nos fuimos de viaje. Junto a él iba otro señor, y discutían. Yo tenía mucho miedo. Uno hablaba de cuerdas, sogas y decía que había que colgar algo de un árbol, y el otro le mencionaba no sé qué de un reglamento y que era mejor “dejarlo en el campo o atado a la puerta de una protectora”. Ignoraba que se referían a mí. No sabía que el cariño de mi dueño era tan poco, hasta el punto de considerar que no valgo ni el cartucho para matarme. Desconocía que podía acabar colgado de un árbol….Finalmente me dejaron atado a la puerta de un refugio. Cuando vi alejarse el todoterreno, traté de seguirles, pero enseguida noté el tirón de la cuerda en mi cuello.
Tras el muro de aquél refugio, podía escuchar un concierto de ladridos, todos furibundos, porque mis semejantes me habían olido, y olían mi miedo. Me tumbé en el suelo. Lloré, y lloré, hasta que se hizo de noche. Cayó el frío de nuevo. Quería ver a mi mama.
. Una caricia me despertó. Una voz muy suave me estaba hablando. Noté cómo colocaba algo caliente sobre mi cuerpo y me levantaban en brazos. Unas voces amigas me decían cosas bonitas mientras me subían a una mesa de metal y un señor con bata verde me examinaba de arriba abajo. Olía raro en aquella estancia, y yo por si acaso, me hice un pequeño pipi para que supieran que mi olor era importante también.
. Tras curarme las heridas de la última paliza, mirarme los dientes, y ponerme un collar que olía fatal, me pincharon un líquido y me dieron unas "chuches" diciéndome lo bueno y guapo que era. Los miré con mucha humildad porque nunca me habían dicho nada así. Luego vino una señora que me hizo muchas fotos, y me dijo no sé qué de Internet y de adopciones en el extranjero. No entendí nada, porque mi atención estaba puesta en tratar de conseguir las "chuches" que habían sobrado, y que estaban en el bolsillo del señor de la bata verde.
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A los pocos meses vino una de las voces amigas, y me dijo:
-Harry, hoy te toca a ti.
No comprendí qué era lo que me tocaba, pero debía ser algo bueno, porque todos parecían muy felices.
Me pusieron un abriguito negro de lana, me dieron un beso en la frente, y me metieron en una jaula. Escuché sus voces diciéndome:
-Sé feliz Harry, ya se acabó lo malo.
No entendí que lo malo había terminado, porque aquello fue espantoso, estuve 24 horas en una jaula viajando, sin comer, sin saber adonde iba, en la oscuridad, y pasé mucho miedo.
Al reencontrarme otra vez con la luz del día, lo primero que vi fueron unos brazos extendidos, y enseguida me dieron muchos besos. Era una señora y un niño que no paraban de sonreír. Fui llevaron a una casa, y allí me enseñaron un cesto enorme, con unos cojines hermosos y mullidos, repitiéndome que aquella era mi casa, mi cama, mi familia, mi nueva vida, y ellos no pretendían ser mis dueños, sólo mis amigos.
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Tardé poco en entender que había sido “adoptado” y que sirvo para algo, como dice mi flamante mami, sirvo para dar amor, cariño y ternura. Sirvo para dar ejemplo, y enseñar que se debe respetar a los animales, nunca pegarles, maltratarlos ni abandonarlos. Soy un ejemplo de lo que mi anterior “amo” y sus semejantes son capaces de hacer, pero también soy el testimonio de la lucha que llevan a cabo muchas personas anónimas en la protección animal.
Soy Harry, soy un galgo, soy un animal de compañía.
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Texto de: Fabienne Tremblé

PUBLICADO POR RICARDO MUÑOZ JOSÉ
http://linde5-otroenfoque.blogspot.com/2011/09/el-viaje-de-harry.html (Aquí puedes dejar tu comentario. La autora lo agradecerá).


ATENCIÓN: Las fotos no pertenecen a Harry.


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sábado, 10 de septiembre de 2011

¿Lo harías por los animales?

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¿AMAS A LOS ANIMALES?

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¿TE GUSTA ESCRIBIR?

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¿HAS PENSADO EN PARTICIPAR EN UN LIBRO COLECTIVO?
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Compañera y compañero animalista, si tu voluntad lo quiere, este proyecto saldrá adelante.

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Envíame una historia (verídica, cuento, poesía o ensayo), a ser posible que no exceda de dos páginas, y, desde las letras, estarás contribuyendo a defender y enseñar a amar a los animales.

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La intención es publicar un libro, aunque, tu trabajo también lo publicarán los blogs amigos, y, por supuesto, el mío. Además de la difusión a través de los contactos que todos tenemos.
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Anímate. Si me llega la cantidad suficiente el libro aparecerá antes de fin de año.
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Un saludo y seguimos en la barricada.
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Ricardo Muñoz José
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ricardo39ricardo@gmail.com
ricardomunozjose@gmail.com
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http://linde5-otroenfoque.blogspot.com/
http://linde5-otroenfoquenoticias.blogspot.com/
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jueves, 14 de julio de 2011

Pequeña parábola de “Chindo” perro de ciego

Chindo” es un perrillo de sangre ruin y de nobles sentimientos. Es rabón y tiene la piel sin lustre, corta la alzada, flácidas las orejas. “Chindo” es un perro hospiciano y sentimental, arbitrario y cariñoso, pícaro a la fuerza, errabundo y amable, como los grises gorriones de la ciudad. “Chindo” tiene el aire, entre alegre e inconsciente, de los niños pobres, de los niños que vagan sin rumbo fijo, mirando para el suelo en busca de la peseta que alguien, seguramente, habrá perdido ya.
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“Chindo”, como todas las criaturas del Señor, vive de lo que cae del cielo, que a veces es un mendrugo de pan, en ocasiones una piltrafa de carne, de cuando en cuando un olvidado resto de salchichón, y siempre, gracias a Dios, una sonrisa que sólo “Chindo” ve.
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“Chindo”, con la conciencia tranquila y el mirar adolescente, es perro entendido en hombres ciegos, sabio en las artes difíciles del lazarillo, compañero leal en la desgracia y en la obscuridad, en las tinieblas y en el andar sin fin, sin objeto y con resignación.
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El primer amo de “Chindo”, siendo “Chindo” un cachorro, fue un coplero barbudo y sin ojos, andariego y decidor, que se llamaba Josep, y era, según decía, del caserío de Soley Avall, en San Juan de las Abadesas y a orillas de un río Ter niño todavía.
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Josep, con su porte de capitán en desgracia, se pasó la vida cantando por el Ampurdán y la Cerdaña, con su voz de barítono montaraz, un romance andarín que empezaba diciendo:
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Si t´agrada córrer mon,
algun dia, sense pressa,
emprèn la llarga travessa
de Ribes a Camprodon,
passant per Caralps i Núria,
per Nou Creus, per Ull de Ter
i Setcases, el primer
llogaret de la planúria.
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“Chindo”, al lado de Josep, conoció el mundo de las montañas y del agua que cae rodando por las peñas abajo, rugidora como el diablo preso de las zarzas y fría como la mano de las vírgenes muertas. “Chindo”, sin apartarse de su amo mendigo y trotamundos, supo del sol y de la lluvia, aprendió el canto de las alondras y del minúsculo aguzanieves, se instruyó en las artes del verso y de la orientación, y vivió feliz durante toda su juventud.
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Pero un día… Como en fábulas desgraciadas, un día Josep, que era ya muy viejo, se quedó dormido y ya no se despertó más. Fue en la Font de Sant Gil, la que está sota un capelló gentil.
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“Chindo” aulló con el dolor de los perros sin amo ciego a quien guardar, y los montes le devolvieron su frío y desconsolado aullido. A la mañana siguiente, unos hombres se llevaron el cadáver de Josep encima de un burro manso y de color ceniza, y “Chindo”, a quien nadie miró, lloró su soledad en medio del campo, la historia -la eterna historia de los dos amigos Josep y “Chindo”- a sus espaldas y por delante, como en la mar abierta, un camino ancho y misterioso.
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¿Cuánto tiempo vagó “Chindo”, el perro solitario, desde la Seo a Figueras, sin amo a quien servir, ni amigo a quien escuchar, ni ciego a quien pasar los puentes como un ángel? “Chindo”contaba el tránsito de las estaciones en el reloj de los árboles y se veía envejecer -¡once años ya!- sin que Dios le diese la compañía que buscaba.


Probó a vivir entre los hombres con ojos en la cara, pero pronto adivinó que los hombres con ojos en la cara miraban de través, siniestramente, y no tenían sosiego en le mirar del alma. Probó a deambular, como un perro atorrante y sin principios, por las plazuelas y por las callejas de los pueblos grandes -de los pueblos con un registrador, dos boticarios y siete carnicerías- y al paso vio que, en los pueblos grandes, cien perros se disputaban a dentelladas el desmedrado hueso de la caridad. Probó a echarse al monte, como un bandolero de los tiempos antiguos, como un José María el Tempranillo, a pie y en forma de perro, pero el monte le acuñó en su miedo, la primera noche, y lo devolvió al caserío con los sustos pegados al espinazo, como caricias que no se olvidan.
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“Chindo”, con gazuza y sin consuelo, se sentó al borde del camino a esperar que la marcha del mundo lo empujase adonde quisiera, y, como estaba cansado, se quedó dormido al pie de un majuelo lleno de bolitas rojas y brillantes como si fueran de cristal.


Por un sendero pintado de color azul bajaban tres niñas ciegas con la cabeza adornada con la pálida flor del peral. Una niña se llamaba María, la otra Nuria y la otra Montserrat. Como era el verano y el sol templaba el aire de respirar, las niñas ciegas vestían trajes de seda, muy endomingados, y cantaban canciones con una vocecilla amable y de cascabel.
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“Chindo”, en cuanto las vio venir, quiso despertarse, para decirles:
-Gentiles señoritas, ¿quieren que vaya con ustedes para enseñarles dónde hay un escalón, o dónde empieza el río, o dónde está la flor que adornará sus cabezas? Me llamo “Chindo”, estoy sin trabajo y, a cambio de mis artes, no pido más que un poco de conversación.
“Chindo” hubiera hablado como un poeta de la Edad Media. Pero “Chindo” sintió un frío repentino. Las tres niñas ciegas que bajaban por un sendero pintado de azul se fueron borrando tras una nube que cubría toda la tierra.
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“Chindo” ya no sintió frío. Creyó volar, como un leve vilano, y oyó una voz amiga que cantaba:
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Si t´agrada córrer mon,
algun dia, sense pressa…

“Chindo”, el perrillo de sangre ruin y de nobles sentimientos, estaba muerto al pie del majuelo de rojas y brillantes bolitas que parecían de cristal.
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Alguien oyó sonar por el cielo las ingenuas trompetas de los ángeles más jóvenes.
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Autor: Camilo José Cela - Premio Nobel de Literatura 1989
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PUBLICADO POR RICARDO MUÑOZ JOSÉ
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jueves, 16 de junio de 2011

El mono científico, una historia inmortal.

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¿EL RAZONAMIENTO ESTÁ CON EL HOMBRE O ESTÁ CON LOS ANIMALES?

En cierta isla de las Antillas, había una vez una casa y junto a ella, un bosquecillo. En la casa moraba un viviseccionista, y en los árboles una tribu de monos antropoides. Vino a suceder que uno de éstos fue capturado por el viviseccionista, que lo tuvo un tiempo metido en una jaula en su laboratorio. Allí, el mono tuvo ocasión de espantarse mucho de lo que vio, pero también de interesarse profundamente por todo lo que oyó. Como tuvo la fortuna de escaparse en una fase temprana del experimento (que tenía el número 701), y de volver con los suyos con apenas una ligera herida en una pata, en conjunto pensaba que había salido ganando.
. Nada más volver, dio en llamarse a sí mismo doctor y empezó a importunar a sus vecinos con una pregunta: "¿Por qué no son progresistas los monos?".
-No sé qué significa progresista -dijo uno, y le arrojó un coco a su abuela.
-Ni lo sé, ni me importa -dijo otro, columpiándose de una rama próxima.
-¡Oh, calla ya! -gritó un tercero.
-¡A paseo con el progreso! -dijo el jefe, un viejo conservador partidario de la fuerza física-. Intentad portaros mejor siendo como sois.
. Pero cuando el mono científico consiguió estar a solas con los machos más jóvenes, le escucharon con más atención.
-El hombre no es más que un mono que ha medrado -explicó, colgando de la cola de una rama alta-. Al no disponer de un registro geológico completo, resulta imposible decir cuánto le tomó ascender, y cuánto nos tomaría a nosotros seguir sus pasos. Ahora bien, acometiendo enérgicamente en medias res un sistema mío propio, creo que conseguiremos asombrar al mundo. El hombre ha perdido siglos con la religión, la moral, la poesía y otras zarandajas; tuvieron que pasar más siglos hasta que llegó a la ciencia como es debido, y sólo se ha iniciado en la vivisección anteayer. Nosotros haremos al revés, y empezaremos por la vivisección.
-¿Y qué es eso de la vivisección, por todos los cocos?
. El doctor explicó en detalle lo que había presenciado en el laboratorio, y algunos de sus oyentes se mostraron encantados, pero no todos.
-¡Nunca había oído nada tan bestial! -exclamó un mono que había perdido una oreja en una riña con una tía suya.
-¿Y para qué sirve? -preguntó otro.
-¿Es que no lo veis? -dijo el doctor-. Viviseccionando a los hombres, descubriremos cómo estamos hechos los monos, y así progresaremos.
-¿Y por qué no viviseccionarnos unos a otros? -preguntó uno de los discípulos, de ánimo disputador.
-¡Qué vergüenza! -exclamó el doctor-. No pienso quedarme sentado escuchando estas cosas; por lo menos, no en público.
-¿Pero y si se trata de criminales? -preguntó el disputador.


-Resulta sumamente dudoso que exista algo como el bien o el mal: así pues, ¿de dónde sacaríamos a tus criminales? -repuso el doctor-. Además, el público no lo permitiría. Y los hombres sirven exactamente lo mismo: es el mismo género.
-Parece cruel para los hombres -dijo el simio con una sola oreja.
-Para empezar -dijo el doctor-, ellos dicen que nosotros no sufrimos y que somos lo que llaman autómatas; así que yo tengo perfecto derecho a decir lo mismo de ellos.
-Eso son tonterías -intervino el mono disputador-, y además, resulta autodestructivo. Si no son más que autómatas, nada pueden enseñarnos de nosotros mismos; y si nos pueden enseñar algo acerca de nosotros, ¡por todos los cocos!, entonces tienen que sufrir.
-Soy de tu opinión en buena medida -dijo el doctor-, y de hecho ese razonamiento es bueno sólo para las revistas mensuales. Admitamos que sufren. Bueno, pues lo hacen en el interés de una raza inferior necesitada de ayuda: nada puede haber más justo. Y además, sin duda haremos descubrimientos que les resultarán útiles a ellos mismos.
-¿Pero cómo vamos a descubrir nada -inquirió el disputador-, cuando ni siquiera sabemos qué tenemos que buscar?
-¡Que me corten la cola -gritó el doctor, irritado hasta perder la compostura-, si no eres el mono de mente menos científica de todas las Islas de Barlovento! ¡Saber qué buscar, estaría bueno! La verdadera ciencia no tiene nada que ver con eso. Se va viviseccionando, por si acaso; y si se descubre algo, ¿no es uno mismo el primer sorprendido?
-Tengo un último reparo -dijo el disputador-, y mira que no es que no piense que podría resultar bien divertido, pero los hombres son fuertes, y además tienen esas armas suyas.
-Por consiguiente, cogeremos bebés -concluyó el doctor.


Esa misma tarde, el doctor volvió al jardín del viviseccionista, sustrajo una de sus navajas por la ventana del tocador y después, en una segunda expedición, se llevó a su bebé del moisés de la habitación de los niños.
Se armó un buen jaleo en las cimas de los árboles. El mono de una sola oreja, que era un tipo bondadoso, acunó al bebé en sus brazos; otro le llenó la boca de nueces, y se dolió al ver que no se las comía.
-No tiene sentido común -dijo.
-Ojalá no llorara -dijo el mono de una sola oreja-, ¡se parece muchísimo a un mono!
-Basta de niñerías -dijo el doctor-, dadme la navaja.
Pero al oír esto, el mono de una sola oreja perdió el ánimo, le escupió al doctor, y huyó con el bebé a la copa del árbol de al lado.
-¡Anda y viviseccionate a ti mismo! -gritó el mono de una sola oreja.
Toda la tribu empezó a perseguirlo, chillando; el jaleo atrajo al jefe, que andaba por el vecindario, espulgándose.
-¿Qué está pasando? -gritó el jefe.
. Y cuando se lo hubieron contado, se pasó la pata por la frente, y empezó a dar voces:
-¡Por todos los cocos! ¿Qué pesadilla es ésta? ¿Cómo pueden unos simios rebajarse a tamaña barbaridad? ¡Devolved ese bebé a su sitio!
-No tienes una mente científica -le dijo el doctor.
-No sé si tengo una mente científica o no -replicó el jefe-, pero sí tengo un palo bien gordo y como le pongas una zarpa encima a ese bebé, te romperé la cabeza con él.
. Así que llevaron al bebé al jardín ante la casa. El viviseccionista (que era un estimable hombre de familia) se llenó de contento, y fue tal su alivio, que emprendió tres nuevos experimentos en su laboratorio antes de que hubiera acabado el día.
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Autor: Robert Louis Stevenson (1850-1894)
.R. L. Stevenson, autor de "La isla del tesoro", "El extraño caso del dr. Jekyll y Mr. Hyde", "Cuentos de los mares del sur", y otras novelas, dejó este relato traspapelado y permaneció inédito más de un siglo. Fue encontrado en una biblioteca y lo publicaron The Times Literary Supplement, y la revista "English Literature in Transition".
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PUBLICADO POR RICARDO MUÑOZ JOSÉ


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domingo, 5 de junio de 2011

El pájaro campana; ave que levanta pasiones.

EL PÁJARO CAMPANA

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Cuando los árboles se miraban en las aguas del río y el sol ofrecía vida con su luz dorada, nació un pichón de bellísimo plumaje.
Los animales del bosque, al oír la melodía de sus trinos, le pusieron el nombre de Pájaro Campana.
Una mañana, que tenía en sí algo de divino, el pájaro de plumaje rojo y piquito negro salió de su nido, desplegó sus alas al viento y voló como una chispa alegre más allá de las nubes nacaradas.
Las ramas eran mecidas por el viento y los animales arrullados por los trinos del pájaro cantor, que volaba haciendo círculos en el espacio donde las nubes fueron barridas por el sol.
La noche tendió su manto sobre el bosque y el Pájaro Campana volvió a su nido bajo un cielo salpicado de estrellas.


A fines de la más límpida estación del año, cuando el bosque estaba como botánico en plenitud, llegó un gorila feroz desde el otro lado del río.
Aunque el Pájaro Campana no advirtió la llegada del cazador, los animales, escondidos tras las piedras y los troncos, atisbaban al gorila que ingresaba al bosque a paso marcial.
El vértigo de los días tristes aún no se presentó, por eso el sol resplandecía alegre, esperando que el Pájaro Campana volara por encima de los árboles, desgranando sus canciones cual racimos de flores.
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Esa misma mañana, el pájaro de plumaje rojo y piquito negro voló como un cometa de papel. Su corazón galopaba como un corcel y su sangre corría por sus arterias como un ganado de vacas en tropel. Sus ojos, que eran la luz de su conciencia, veían alejarse la vida y acercarse la muerte, mientras su canto hacía surcos en el aire.
El gorila, tendido sobre el follaje, escuchó el canto del Pájaro Campana. Alistó su fusil y, tras apuntar contra la llamita de fuego, presionó el gatillo y la bala desapareció en la carne vida del pajarito. Pero él, que tenía los huesos tenaces y los músculos fornidos, sólo aterrizó agónico sobre el césped, con una herida abierta en su a la izquierda, de donde le fluía la sangre a borbotones. Parecía una estrella diminuta apagándose en el bosque. La sangre se le confundía con el color de su plumaje y los latidos del corazón con los redobles del tambor.


El sol radiante, testigo del acto fúnebre, proyectó el espectro enorme e impresionante del gorila. La sombra cayó allí donde el pájaro se retorcía en suplicios de dolor.
-¡Muere ya! -gritó el gorila, con un bramido descomunal.
-No muero -replicó el pajarito-, porque hoy mismo nacen millares de pichones que tienen el color de mi plumaje...


El trágico espectáculo hizo que el sol se escondiera detrás de las nubes y las flores se marchitaran una a una.
Al precipitarse la noche, el gorila de corazón más duro que la roca y más frío que la muerte retornó a su guarida. La luna se descompuso en aspas fosforescentes y los animales decidieron vengar la muerte del Pájaro Campana.
Cuando la última estrella se apagó en el cielo, el gorila salió de su guarida, el fusil terciado a la espalda y las botas destalonadas. Sintió retorcijones en su panza y se echó a correr bosque adentro, articulando palabras que rebotaban en el silencio. Cortó la respiración en su punto más alto, aspiró hasta inflarse como un sapo y aligeró sus pasos para internarse cuanto antes en el bosque. Al cabo de un tiempo, se detuvo y miró en derredor; no se veía a nadie ni se oía un murmullo.
-Todo ha quedado sin vida -dijo, contemplando sus botas destalonadas.
Y en medio de un silencio insondable, los animales emprendieron su plan de imponer justicia en el bosque. Lo primero era cercar al gorila y después hacer..., hacer lo que vendría.
-¿Dónde están mis presas que no las veo? -dijo el gorila, con un tono de queja en su voz.
Las lágrimas ahogaron su mirada y el aliento se le hizo un nudo en la garganta. No sabía qué hacer, si quedarse o volver. Estaba cabizbajo y perniabierto, y su corazón, más grande que el puño de una mano, parecía estallar contra los huesos de su pecho.


Los animales avanzaron hacia donde estaba el gorila, la boca espumante y los ojos anegados. Había llegado el instante de la asonada final. El conejo lanzó un vibrante grito de ataque y los demás se lanzaron a la carga.
El gorila, a pesar de estar armado, no pudo retener al torrente de animales que se le abalanzaron con el ímpetu de una ola, pero así aprendió que el bosque no existen seres más poderosos que la inmensa mayoría.


Pasado el incidente, aquel lugar volvió a ser como antes: el jardín florido de la tierra, y el Pájaro Campana, que renació trinando versos de justicia, voló como una bandera victoriosa anunciando la libertad.
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Autor del texto: Víctor Montoya
Escritor boliviano


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Para escuchar la tradicional polca “Pájaro Campana”:
http://www.youtube.com/watch?v=8URX8PjWft8
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Fuente:
http://www.leemeuncuento.com.ar/montoya.html
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PUBLICADO POR RICARDO MUÑOZ JOSÉ
http://linde5-otroenfoque.blogspot.com/2011/06/el-pajaro-campana-ave-que-levanta.html