Tu trato con los animales hablará de ti mejor que tus palabras -R.M.J.

jueves, 31 de marzo de 2011

Perros solidarios

LOS PERROS LES HACEN MÁS LIBRES

Un grupo de presos de la cárcel de Villabona hace terapia con canes cedidos por el albergue de Serín, a los que educan para facilitar que puedan ser adoptados .

Luján PALACIOS


La mayoría son jóvenes. Todos cometieron un delito y están en la cárcel. Y para muchos la entrada en prisión llegó acompañada de una depresión. Ahora un grupo de perros gijoneses les ayudan a cultivar una ilusión que les hace más llevadera la estancia entre rejas. Los presos de grado 2 de la prisión de Villabona que así lo desean practican desde hace un año una terapia con perros, que ha hecho que muchos de ellos vuelvan a sonreír. Gracias a la terapia asistida con animales (TACA), las jornadas tienen otro aliciente, y alrededor de 45 internos cuentan los minutos para poder jugar con «Telva», «Pinón», «Wendy» y «Silvia», los cuatro canes que ahora mismo habitan en Villabona. En un espacio propio cercado, con casetas y una zona habilitada para hacer ejercicios.


«Telva» y «Pinón», dos ejemplares de labrador, llegaron hace un año de la mano de la fundación Afinity, después de que los funcionarios de la prisión se interesaran por poner en marcha un proyecto que ya funciona en varias cárceles de España, con el objetivo de que los internos hagan terapia con perros. Tal y como explica Juan P., funcionario de vigilancia dentro del programa TACA, la iniciativa fue un éxito, lo que obligó a buscar nuevas alternativas. La solución se la ofreció la Asociación de Amigos del Perro a través del albergue de Serín, que ha comenzado a ceder perros a la prisión para que la terapia se extienda al mayor número posible de presos.


J. H. F. y J. R. G. dan mimos a los perros


De este modo llegaron hace apenas dos meses «Wendy» y «Silvia», dos perras que luego serán dadas en adopción. «Es una pasada, no te puedes imaginar la alegría que nos dan», relatan J. R. G., J. H. F. y A. A. G., internos que cumplen condena y que tienen en los animales a sus mejores amigos. «Son mejores que las personas», sentencia uno de los presos.


El programa de terapia se inició con la formación de algunos internos como monitores. Ahora ellos son los encargados de organizar las jornadas con los perros y con el resto de presos. Se lo han tomado a conciencia y ya saben adiestrar a los canes como auténticos profesionales. «Saben arrastrarse, sentarse, hacer el mendigo, la reverencia y completar el circuito de "agility" con un recorrido en zigzag, con ruedas para pasar por dentro y una mesa a la que se suben cuando acaban el ejercicio -explican los voluntarios- El premio, un bocado de comida y «muchos mimos, los tenemos malcriados», asegura uno de los interno


Las actividades tienen lugar diariamente, distribuidos en grupos por la mañana y por la tarde, y los propios reclusos se encargan del cuidado de los animales. «Lo primero es limpiar las casetas, luego hacemos paseos y, después, ejercicios y darles la comida», indican. Los animales les muestran un amor infinito, y ellos «se mueren de pena cuando se va algún perro en adopción», indican Graciela C. y Laura A., trabajadora social y psicóloga del centro, respectivamente.


«Es que les cogemos mucho cariño, los educamos y los cuidamos muy bien, nunca les gritamos, siempre les hablamos con mucha suavidad y ellos lo notan. Además, vamos de excursión fuera de la cárcel y los llevamos. Dentro de unos días vamos a Covadonga», explican. «Pinón», para agradecérselo, le da la pata en señal de amistad.



El vínculo afectivo que se forma entre presos y animales tiene muchos beneficios para los internos. «Cuando llegué estaba muy deprimido, no quería hablar con nadie, y gracias a los perros soy otra persona», relata uno de ellos. El funcionario enumera casos llamativos, como el del preso que se negó a comer y sólo se animó a seguir adelante en la caseta, con los perros. O el que no quería ni ver a los animales y después de una visita a su celda con los canes se apuntó inmediatamente a la terapia. O incluso los presos más fríos, los que están en aislamiento, que «han acabado por los suelos, con los animales encima lamiéndoles la cara», asegura el funcionario Juan P.


«Nos hacen reír mucho y el tiempo se pasa más rápido», sentencian los internos, que están deseando que les financien una carpa para poder hacer ejercicios al aire libre cuando llueve. «Cuando está malo, sólo podemos darles mimos», indican. Un plan que tampoco está nada mal, porque «ellos se lo merecen por hacernos felices».


Fuente: http://www.lne.es/gijon/2011/03/27/perros-les-libres/1051789.html

viernes, 25 de marzo de 2011

LA MIRADA DE LA INOCENCIA

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NO NECESITA COMENTARIOS

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TAN SÓLO ESPERO QUE NOS HAGA REFLEXIONAR
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Desde hace algunos meses vive con nosotros un hermoso perro de poco más de un año de edad. Abandonado en el campo y convertido en un esqueleto, fue recogido por una amiga que me lo entregó. . Con los cuidados normales y el debido cariño está ya completamente repuesto y sus músculos laten suavemente debajo de su brillante manto negro. Cuando lo llevo a un descampado, da una vuelta corriendo y luego -quizás recordando los tiempos de mendicidad- se detiene y me observa con la inocencia que sólo los animales son capaces de expresar. En su mirada se lee inequívocamente la pregunta: "¿Qué se supone que tenga que hacer aquí?" Probablemente la expresión de sus ojos plantea la misma duda que le sobrevino cuando fue abandonado. Seguramente entiende en mi gesto la sencilla respuesta: "Jugar".

Esta tarde fui a una becerrada en el cultísimo pueblo de El Escorial.


El primer becerro, de poco más de un año de edad, dio una vuelta corriendo por la plaza y luego -quizás recordando a su mayoral, en el que confió a lo largo de su breve existencia- se detuvo y observó al torero, con la inocencia que solo los animales son capaces de expresar, y en su mirada se leyó inequívocamente la pregunta: "¿Qué se supone que tenga que hacer aquí?" Seguramente no entendió la sencilla respuesta: Morir" .


No pude evitar ver la similitud del latir de sus músculos adolescentes debajo de su brillante manto negro, con los músculos y el brillante manto negro del perro que había paseado conmigo unas horas antes. . Después de unos interminables veinte minutos, lo que había sido un becerro lleno de vida y ganas de vivir, se había convertido en un amasijo ensangrentado aun latente. No me esperaba una tercera mirada esa tarde, pero, mientras la plaza ovacionaba al valiente matador, alguien le acercó una hermosa niña de unos seis años, bellísima, ataviada con su traje tradicional y su hermosa y brillante cabellera rubia. El matador sonriente y eufórico se arrodilló junto a la cabeza del becerro, cuyos músculos impotentes aun latían suavemente debajo de su brillante manto negro. Le cortó las orejas como si estuviera recogiendo flores y se las entregó a la sonriente niña, instándola a que se las mostrara al público con orgullo.


La niña, con la inocencia que solo los niños y los animales son capaces de expresar, sostuvo las pequeñas orejas en sus manos y las miró, luego miró al torero, luego al público, y en su mirada se leyó inequívocamente la pregunta: "¿Qué se supone que tenga que hacer aquí?" Seguramente no consiguió respuesta alguna. Obedeció y levantó las manos ofreciendo al público las orejas, sonriendo sin entender en absoluto lo que estaba ocurriendo… Siguió la tortura y el sacrificio de un segundo becerro que mugió desgarradoramente por el dolor de las heridas, por la desesperación y la impotencia. Y de un tercero. .


Una vez que el tercer becerro también había sido ejecutado, la niña volvió a ser llevada cerca del cadáver. No hubo manera de que volviera a recibir la orejas que le ofrecían. Su expresión ya no era de inocencia, sino de terror y angustia, y miraba fijamente sin ver los músculos que aún latían bajo el brillante manto negro del becerro. La misma mirada, la misma pregunta, la misma angustia al no recibir respuesta, en cachorros de diferente especie.


Autor del texto: Alessandro Zara .


LOS ANIMALES; EL SILENCIO DE LOS INOCENTES.

martes, 1 de marzo de 2011

La amistad por encima de las especies

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SALATI Y TOMMY, AMISTAD ENTRE UN LEOPARDO HUÉRFANO Y UN PERRO.
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Salati y Tommy, mantienen una amistad ajena a la división de las especies. Esta insospechada historia se conoció a pocos días del inicio del Mundial de Fútbol, cuand todas las miradas estaban puestas en Sudáfrica, incluso para hacernos conocer las entrañables relaciones de amistad entre los animales del lugar.
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Es el caso del leopardo hembra Salati y el perro golden retriever Tommy, quienes, desde que se conocieron, se volvieron inseparables. El encuentro sucedió cuando Salati, huérfana de diez meses, fue enviada por un veterinario local a Glen Afric Country, un centro de ayuda para animales en las afueras de Pretoria.
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Allí fue recibida por Tommy y su tutor Richard Brooker, el propietario del lugar: un joven de 23 años y alma generosa que cuida a más de 200 animales heridos y sin hogar de 32 diferentes especies. En el espacio de 750 hectáreas conviven elefantes, leones y jirafas.
.Cuando llegó, Salati estaba delgada e indefensa, pero se recuperó rápidamente gracias a los cuidados de Richard y a la amistad incondicional de Tommy, de quien no se separa ni un solo instante.
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Fuente:
http://www.pluspets.net/leopard-golden-retriver-friends/

miércoles, 2 de febrero de 2011

Uno de mis libros rumbo al éxito

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"LAS VOCES QUE VIENEN DEL MAR"
YA HA VENDIDO 100.000 EJEMPLARES

En este libro no hablo de los animales que defendemos. Pero sí lo hago de los "animales" humanos. De esos retrógrados que vomitando fanatismo cargan las armas, y las vuelven contra el pueblo que les encomendó custodiarlas.

Su temática así la define el catedrático universitario, escritor y periodista, Carlos Eduardo Vásquez, autor del prólogo:

Para la versión en papel click AQUÍ, y para la versión e-book GRATIS pincha AQUÍ.
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LAS DOS EDICIONES ANTERIORES

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RICARDO MUÑOZ JOSÉ
http://linde5-otroenfoque.blogspot.com/2011/02/uno-de-mis-libros-rumbo-al-exito.html

jueves, 27 de enero de 2011

Otra Editora publica mis dos últimos libros

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EL 2011 COMIENZA DE MODO HALAGADOR: “ANIMALES QUE HABITAN EN EL TIEMPO” Y “CUENTOS DESIGUALES” OBTIENEN UNA NUEVA PUBLICACIÓN
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Amigas y amigos, a este correo lo mueve un solo fin; hacerles partícipes de una inequívoca satisfacción. Mis dos últimos libros han accedido al privilegio de verse publicados por dos Editoras a la vez.
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Basándome en “Animales que habitan en el tiempo” pienso que la temática animalista comienza a alborear en el interés de la gente. Ojalá contribuya a despertar conciencias y que no sólo destape simpatías hacia nuestra causa, sino que también arrime ayudas para proseguir defendiendo a los que no pueden defenderse.
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Cediendo al chispazo de la justa equivalencia, destaco que en “Animales que habitan en el tiempo”, el prólogo lo firma nuestro compañero, el escritor animalista JULIO ORTEGA FRAILE, y en “Cuentos desiguales” tal cometido lo asumió la escritora madrileña CRISTINA ALBERT.
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En estas nuevas ediciones prevaleció el mismo criterio utilizado por la editora anterior: "Animales que habitan en el tiempo", para la versión en papel click AQUÍ, y para la versión e-book GRATIS pincha AQUÍ. "Cuentos desiguales" en papel AQUÍ, en e-book GRATUITO AQUÍ.
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PORTADAS PRECEDENTES .

POR SI DESEAS DEJAR UN COMENTARIO
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Un saludo y seguimos en la lucha.
Ricardo Muñoz José

http://linde5-otroenfoque.blogspot.com/

http://linde5-otroenfoquenoticias.blogspot.com/

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El pavo Gluglú, cuento para Navidad traducido al francés.

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Compañera y compañeros de barricada, el cuento que publiqué en esta Navidad, fue traducido al francés y publicado en Suiza. Ricardo
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Gluglu le dindon, un ami tout simplement. de Ricardo Muñoz José
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En hommage aux millions de victimes...
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Gluglu était un jeune dindon, bien nourri et plein de vie, profondément attaché à Ana, la fille des propriétaires de la ferme.
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Ana, la vingtaine, de santé fragile et de caractère introverti, vivait à l’écart de toute ambiance juvénile, c’est pourquoi elle réservait sa tendresse à son seul ami : Gluglu, le dindon. Pour elle, il représentait le centre du monde en devenir. Il était le dépositaire de ses rêves, déployant un univers de caresses, de confidences et de saine amitié.
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Valentin et Joséphine, les parents d’Ana, ne voyaient pas d’un très bon œil un tel attachement, car les dindons incarnaient le souper traditionnel de Noël et même si eux n’allaient pas manger Gluglu, ils pouvaient le vendre à n’importe quel moment, et la chose serait entendue : le dindon finirait dans l’estomac d’une famille et Ana pleurerait en embrassant l’absence d’un compagnon de jeux.
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Bien que Gluglu éprouvât une réelle tendresse à l’égard de la jeune fille, il était habité par un soupçon déchirant, étant donné les commentaires débités par les autres animaux de la ferme à propos du lien d’amitié inouï, qui le rattachait à la jeune fille.
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- Il ne passera pas les Fêtes de Noël, disait l’âne
- Les hommes sont des carnivores et pour eux nous ne sommes que de la nourriture, argua le canard.
- Eux troquent un ami contre un bon repas, ajouta le cochon
- Seules les vaches vivent plus longtemps. Ils en prennent soin tant qu’elles donnent du lait, mais elles finissent dévorées sans le moindre remords, renchérit le chien.
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Gluglu entendait toutes ces paroles. Il était réticent à l’idée d’entacher de la fange de la méfiance les sentiments d’Ana. Pourtant, il était convenable de ne pas oublier la signification du mot ferme : un établissement commercial dans lequel les animaux ne sont que de la marchandise. Il savait qu’on emmenait bon nombre de poules, canards et cochons et qu’on n’entendait plus jamais parler d’eux. Où allaient-ils ? Terminaient-ils dans l’assiette ? Toutes les conjectures étaient possibles. Quoique… Non ! Ana compromise dans une telle trahison ? Jamais.
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Un matin, pourtant, un événement fit vaciller la tranquillité de la basse-cour et frémir l’âme de Gluglu. Des camions chargeaient des centaines de dindons et de porcelets devant la stupéfaction de l’entourage de ces pauvres créatures, qui partaient droit au sacrifice.
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Ce fut le chat qui l’appela pour le mettre au fait de la terrible nouvelle :
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- J’ai entendu dire que demain, ils célèbrent la Nuit de Noël et que le lendemain c’est Noël.
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Gluglu se mit à trembler. Les dindons survivants, de même. Semblable à un gros nuage, la menace de mort flottait au-dessus de chaque habitant de la basse-cour.
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L’avancée de l’obscurité engloutissait les reflets en décomposant les couleurs, en estompant les choses, en noircissant les arbres. Les bruits laissèrent la place au silence le plus parfait. Gluglu resta plongé dans l’obscurité, avec la peur lui labourant le corps et le découragement l’assaillant par à-coups. La solitude déployait les ailes tyranniques de l’insomnie. Dans une froide réalité, un pressentiment lui indiquait l’assiette en guise de sépulture et la mastication humaine comme pierre tombale. Les ombres agglutinées enflammaient l’attente lézardant la dure nuit du renoncement. Le repos restait hors d’atteinte. L’horloge scandait le suicide des heures. L’attente se faisait longue et la somnolence peignait un tableau angoissant ; un tableau à la fin inéluctable. Le lever du jour le prit par surprise avec son battement atroce d’ailes funeste.
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- Je dois m’en aller, si je ne fuis pas, je finirai en repas de famille.
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Triste décision, troquer le bonheur contre le désarroi.

l observa ses camarades de réclusion. Ils dormaient tous. Les autres dindons se reposaient en acceptant paisiblement leur tragique destin. Il tenta d’ouvrir la porte à coups de bec. Une partie de ce dernier se fendilla à cause de la dureté du bois. Sauter le grillage ?? Impossible étant donné la hauteur, de plus en tant que dindon, voler n’était pas dans ses cordes. Il décida de se sauver en creusant. Il gratta, gratta afin de se frayer un passage par-dessous le grillage. La clarté laissait apparaître l’annonce d’une nouvelle journée. Il devait accélérer la cadence, car dans ces contrées, on était habitué à se lever tôt et toute présence indiscrète risquait de mettre à mal la fuite. La terre, comme solidaire se fit plus meuble. Quelques instants plus tard, on pouvait distinguer la sortie. S’aidant de ses pattes, il se faufila. Certaines plumes finirent ondoyantes sur le barbelé, mais la liberté l’accueillit dans un souffle de soulagement. Gluglu lança un regard à la porte d’entrée, lui reprochant son manque de collaboration. Il s’éloigna de la basse-cour, empreinte de silence. Direction : le patio. Une brume dense s’empara de lui. Tout était frappé d’immobilité. Il y avait urgence. Il pensa à Ana.


- Je ne la reverrai plus jamais.
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L’absence de la jeune fille était déjà comparable à une blessure suppurant la nostalgie. La douleur faisait son chemin dans la mémoire des souvenirs les plus fous, ravivant des joies, laissant des abîmes de déception.
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Il prit à travers champ. La brume encombrait le chemin. Il avançait tout en recréant les images qui l’habitaient, gémissant les adieux, à la merci d’un rêve désormais défunt. Il ne savait où aller, aucun lieu n’était sûr vu la période de l’année. D’un coup, la brume le happa. De gigantesques nuages l’encerclèrent de manière menaçante. La terre endeuillée et la solitude le faisaient voguer dans le vide. La marche du temps nichait dans la pierre. Un éclat, diffusant la brume, se rendait peu à peu maître du jour. La brume résumait la désaffection comme plaquée au sol de ce léger baiser subtilisé, réclamé par la terre transie.
Le paysage arborait une patine fer-blanc, estompant les noirceurs, faiblissant l’étreinte de la solitude.

Soudain, une surprise le fit frémir. Les yeux écarquillés, alors que ses ailes s’avouèrent vaincues. Devant lui, au milieu de la brume, comme une apparition maléfique : Valentin !
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- Gluglu, tu t’es échappé de la basse-cour. Viens, on rentre à la maison.
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Valentin tendit la main. Vaine fut la tentative de fuite. Gluglu vit s’approcher cette main griffue telle un lasso fatal. Il parvint de justesse à retirer son cou, mettant à l’abri sa nuque. L’homme le prit dans ses bras. Le nuage rasait le sol, ils s’en retournèrent.
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Matias et son épouse, à côté du camion.
- Précisément aujourd’hui, tu dois prendre la route ?
- Mais, femme, je ne pars pas à l’autre bout de la terre.
- Tu n’a rien fait pour l’éviter ?
- Non. Les gens ont besoin de leur marchandise, je dois la leur apporter.
- Tu seras à l’heure pour le souper ?
- Du calme. À la tombée du jour, je serai de retour.
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La route ouvrit le giron de la large bande d’asphalte. Le camion affronta la monotone distance.
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Gluglu, abattu par le terrible poids du doute, était témoin de l’avancée des heures, priant pour un changement soudain du calendrier.
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Après la sieste, Ana le prit en promenade. Ils jouèrent ensemble et s’amusèrent insouciants. Gluglu mit de côté sa méfiance. L’horloge continuait à égrener l’inéluctable progression du temps. La brume affaiblit la matière laissant place à une clarté trouble. Matias monta à bord du camion décidé à rebrousser chemin. Il devait être chez lui à la tombée de la nuit. Souper tous en famille procurait un bonheur, qui n’était donné qu’une fois l’an.

Il se faisait tard. Il se peut qu’ayant tellement couru dans les champs labourés, la fatigue ne se soit insinuée dans le corps d’Ana. Par moments, la jeune fille sentait son souffle lui manquer, l’air la quittait. Le mal-être allait en augmentant inexorablement. Quand soudain le paysage disparut. Les yeux devinrent comme absents et le sol l’engloutit ! Elle tomba tel un chiffon. Inconsciente. En ne donnant plus aucun signe de vie.
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Gluglu assista à la chute. La peur l’accabla. De suite, il essaya de la réanimer en battant des ailes et en poussant des cris. Sans résultat. Ana semblait bel et bien morte !
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Le dindon sentit que quelque chose explosait dans son estomac et le trouble le traversa dans une angoisse oppressante. L’insécurité émanant du plus profond de lui se transformait en un remous de mauvais augure. D’étincelants tremblements parcouraient son esprit et le tonnerre de l’issue fatale le transperça d’une ondée d’inquiétude. Le désir de fuite s’était évaporé et la peur lui insuffla l’ordre de se diriger vers la route.

Au beau milieu de la chaussée, Matias remarqua la présence d’un dindon. Tout seul semblable à une figure fantasmagorique. Saisi par l’étrangeté de la situation, il klaxonna. Le bruit strident n’effraya pas l’animal. Pire, il ne fit même pas mine de se mettre de côté. Il ralentit. L’oiseau ne bougeait toujours pas. Devant tant de détermination, il appuya sur la pédale de frein. Les pneus crissèrent. Matias descendit du véhicule pour le faire fuir avant qu’une autre voiture ne l’écrase. Mais une autre surprise l’attendait. Il le vit, qui le regardait, se dandiner vers le fossé comme s’il voulait qu’on le suive. Le dindon pénétra dans les buissons. Le chauffeur, intrigué, le suivit. Non loin de là, ce qu’il aperçut lui fit presque sortir les yeux des orbites. Sur le sol, il distingua une fille qui gisait. Il la souleva et la mit à bord du camion. Gluglu le regardait, reconnaissant. Le transporteur démarra.

À l’hôpital, elle fut prise en charge par toute l’équipe d’urgentistes. La jeune fille avait eu une crise cardiaque et devait être opérée.
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Les parents d’Ana arrivèrent tout tremblants d’empressement, piégés par les circonstances. Une fois rassurés par les nouvelles, ils mirent de côté leur anxiété.
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Au comble de la gratitude, ils embrassèrent Matias.
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- Merci Monsieur, vous avez sauvé notre fille.
- Non, c’est le dindon qui l’a sauvée. Il m’a conduit à elle.
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Le chauffeur regagna son domicile avec plus de retard que prévu. Le souper de Noël se déroula dans la joie entre rires et toasts.
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- Matias, tu prendras bien un peu de dinde ???

À l'aube d’un nouveau jour, un ami des animaux était né.
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© D’après un texte de RICARDO MUÑOZ JOSE

Traduit de l’espagnol par Maite.
http://lesanimauxmaltraites.over-blog.com/article-gluglu-le-dindon-un-ami-tout-simplement-de-ricardo-mu-oz-josen-63716712.html

sábado, 20 de noviembre de 2010

Las mariposas que dieron color a la amistad

CUENTO INSPIRADO EN UNA LEYENDA HONDUREÑA
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La selva, atrapada en su fragancia, derramando ternura en los murmullos del arbolado, en el tarareo del agua, en el tiempo temblando en las ramas, bajo un cielo empedrado de breves nubes, y con los astros fondeados en la holgura de la distancia, le ponía residencia a unos animalitos alados. La naturaleza les dio el nombre de mariposas. Era un septeto de distintos y lucientes colores. .
Verlas juntas arrancaba la admiración del resto de habitantes de la espesura. Al surcar el aire, las siete tonalidades constituían la belleza en acción de vuelo. Las flores se consideraban desdibujadas ante aquella colorida conjunción. La madre natura exhibía el apogeo del placer al mostrarlas revoloteando. La septena de inseparables amigas, paseaban por la vegetación como un resplandor de combinados matices; cual un rutilante soplo escapado del cofre de los matices.
Mas, cierto día, una de ellas cedió al acoso del descuido, y una hambrienta espina asumiendo tan rudo destino, le clavó el mordisco. Al instante emergió en ella la incapacidad de movimientos, y ya no pudo secundar el aletear de las compañeras. En las otras seis prendió la preocupación. La rodearon desconcertadas; ¡la herida manifestábase mortal! Galopes de incertidumbre les azuzaron el miedo. Esperaron, y la espera las envolvió en una silente marejada de angustia. Para ellas los sonidos percutían igual a gárgaras de guijarros. Los árboles agitaban las melenas a modo de espasmos desesperados, las aves amordazaron los gorjeos, las patas del resto de animales frenaron los recorridos. Las horas transcurrían con tranco lento, y tras rodar en progresión callada, emponzoñaban el ánimo de las seis. El temor crecía estrechando la atmósfera. Sólo oíanse los ecos del dolor de la desgraciada mariposa, porque escapábasele la vida entre los dedos de la agonía. Su existencia iba navegando hacia el apagón del adiós.
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Empujadas por la tristeza, las seis amigas volaron al núcleo del firmamento, a la morada de los dioses, transportando en el denuedo un pedido de ayuda.
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-Estamos dispuestas a realizar cualquier sacrificio a fin de no separarnos de nuestra compañera.
Una voz grave brotó de la profundidad del silencio.
-¿Están decididas a darlo todo para seguir unidas?
-¡Sí! Incluso, a dar la vida.
-El deseo se hará con ustedes.
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El cielo le puso al sol la venda de un nubarrón. De la hondura del espacio emergieron impetuosos vientos, que viajaron hacia la superficie acarreando una recreación desatada. Las nubes vistieron el ropaje azabache, los relámpagos trizaron el firmamento perforando la oscuridad como cuchillos luminosos, los truenos estremecieron el vacío, los rayos cuajaron en caídas incendiarias. Muy pronto la atmósfera expresó un carácter horripilante; tremendo, arrasador.
Un vertiginoso remolino levantó la mariposa moribunda, y en veloz ascensión las juntó a las seis que aguardaban ansiosas. Otro remolino acató la alternativa, y continuando la misión las llevó al abisal refugio de la cavidad cósmica, depositándolas en el insondable regazo de lo desconocido.
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Cuando la calma estableció el andar de la normalidad, y el sol expandía el aliento para secar la tierra, las siete mariposas aunaron las alas formando un colorido semicírculo. En la faz del azul apareció una etérea curvatura luminosa, haciendo pie en las fronteras del infinito. El fenómeno brillaba alimentado por la voluntad del septeto de amigas, que aceptaron la muerte con tal de permanecer siempre juntas. Había nacido el arco iris.

Cual indestructible símbolo de unión, el arco iris surge después de cada temporal, a recordarle a los hombre que la amistad existe al otro lado de la lluvia.
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Autor: RICARDO MUÑOZ JOSÉ
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Fuente original: Leyenda de Honduras "EL NACIMIENTO DEL ARCO IRIS"
http://kassioblog.blogspot.com/2008/05/el-nacimiento-del-arco-iris.html