Tu trato con los animales hablará de ti mejor que tus palabras -R.M.J.

lunes, 5 de julio de 2010

Llegan las vacaciones y comienza el drama para muchos perros. Esta carta va dirigida a todos nosotros; los humanos.

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MUCHAS VECES LA FELICIDAD NAVEGA EN EL RECUERDO, PERO EL DOLOR QUE CONLLEVA DERIVA EN UN RECLAMO QUE NO LO LAVA NINGUNA LÁGRIMA
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Hola amigo:
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¿Cómo estás? Deseo de todo corazón que te encuentres bien.
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Si recibes este mensaje, espero me perdones si rompe tu paz de espíritu o si te incomodan los recuerdos que mis palabras puedan traer. Por la amistad que un día tuvimos, no podía desaprovechar la oportunidad que me han dado para poder despedirme de ti.
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Han pasado muchas lunas desde que te vi por última vez. Inclusive, han ocurrido muchas cosas. Durante todo este tiempo, he podido repasar vivencias que pasamos juntos. Aún recuerdo la primera vez que nos vimos. Tú eras un macho humano, joven, alegre, lleno de vitalidad, y yo un cachorro de unas pocas lunas. Recuerdo cómo me pusiste entre tus brazos y mientras yo te lamía la cara lleno de alegría y emoción, me acariciabas la cabeza.
Al principio me costó captar tu lenguaje y tú también tuviste problemas para comprender el mío, pero superamos el impasse y nos fuimos entendiendo. A pesar de los primeros destrozos, nunca te enfadaste y siempre me ofrecías un mimo conmovedor.
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Pacientemente aprendí a sentarme y a tumbarme cada vez que me lo pedías, o mientras esperaba en la calle si entrabas en algún sitio a buscar cosas. Corrimos muchas veces juntos por el campo. Dormía contigo y yo era el que trataba de animarte cuando estabas triste o cansado.
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Con el tiempo vinieron a casa algunas hembras de tu especie. A unas les gustaba y me sacabais de paseo. A otras no les caía tan bien y durante algunas lunas parecías olvidarte de mí. Eso no me importaba porque te veía feliz y eso me hacía feliz.
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Un día llegó una hembra que no se marchó nunca más. Yo te había confiado mi vida; todo mi futuro dependía de ti y de tu nueva compañera. A ella no le agradaban mucho los de mi especie, pero aún así intenté gustarle y obedecerle en todo momento, al igual que contigo.
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Poco a poco me fuiste apartando. Pasabas menos tiempo en casa y más en ese sitio que llamabas trabajo. Tu compañera tampoco tenía mucho tiempo para dedicarme porque siempre estaba ocupada. Tan sólo alguna salida rápida para hacer mis necesidades y una carrerita yo solo. No mostraban ganas de jugar conmigo. Así pasaron muchas salidas y puestas de sol. Cuando te veía triste ó abatido me acercaba a ti intentando consolarte, mas tú me apartabas con un pequeño empujón y me decías: “Ahora no chico. Estoy cansado”. Yo me separaba obediente y me iba a mi rincón pensando qué podía hacer para que estuvieras contento. Me dolía el alma verte tan abatido.
. Después llegó tu primer cachorro. Un nuevo miembro en la familia, al que me propuse proteger y cuidar como si fuera mi cachorro. Desde el primer día quise estar pendiente de él a fin de que no le pasara nada, pero tu compañera no veía con buenos ojos que estuviera tan cerca. Tenía miedo que le hiciera daño. Cómo se notaba que no me conocía, ni intentaba conocerme.
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Yo, que habría dado mi vida por defender la de tu pequeño cachorro, la de tu compañera, y por supuesto, la tuya, fui arrinconado en un cuarto donde pasaba la mayor parte del día, solo, sin poder disfrutar de vuestra compañía que era lo único que deseaba. Tú, que eras mi guía y mi Dios, no hacías nada para que la situación cambiara. Me ignorabas. Ya no era tu mejor amigo. Ahora parecía un estorbo para ti. Desde mi cuarto, a veces, podía oír las acaloradas discusiones con tu compañera, por mi culpa. Oía palabras que no comprendía qué significaban: “¿Hacer con él qué…? No podemos… No puedo, está conmigo desde que era pequeñito....”
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Un día, cuando el sol estaba más horas en el cielo, pusiste un montón de cosas en tu maquina de viajar, hiciste subir a tu compañera y a tu cachorro que ya sabia andar y hablar. A mí me montaste en la parte de atrás, en medio de los bártulos. Sospeché que nos íbamos de viaje. ¡Qué bien! ¡Otra vez volvíais a contar conmigo! ¡Por fin toda la familia saliendo a pasear juntos!
. Después de unas horas de viaje, paraste en un sitio para dar de beber a tu maquina de viajar. Tu compañera y el cachorro entraron en el edificio lleno de gente. Tú me abriste la puerta trasera para que pudiera salir a correr un poquito y estirar mis patas, tal cual habíamos hecho siempre que salíamos en un viaje largo. Me llevaste a la parte de atrás del edificio, cerca de un pequeño campo. Me sacaste la correa y me animaste a que echara unas carreras y hacer pis. ¡Era estupendo! ¡Volvías a preocuparte por mí!
Al rato, luego de desfogarme un poco, levanté la cabeza buscándote en el lugar donde habías quedado, pero no estabas. Salí corriendo rumbo al punto donde bebía tu maquina. Era extraño. Tú siempre me llamabas cuando querías partir y yo acudía veloz a tu llamada. Sin embargo, esta vez no me habías llamado. Seguramente porque confiabas en mí y sabías que al no verte, iría a tu encuentro.
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Corrí pensando en tu extraña actitud, y, al dar la vuelta en la esquina del edificio pude observar cómo se alejaba tu maquina de viajar. Empecé a llamarte con mis ladridos al mismo tiempo que apuraba mi carrera. “¡Eh, amigo, te olvidas de mí!”. Gritaba y gritaba mientras seguía corriendo con más fuerza. A través del cristal trasero de la maquina pude ver que tu cachorro me hacia señales con la mano, a la vez que de sus ojos salía ese líquido que llamabais lágrimas. No entendía nada. ¿Por qué estaba llorando tu cachorro? ¿Por qué te habías olvidado de llamarme? ¿Por qué? ¿Por qué?
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Continué llamándote y corriendo esperanzado en que notaras mi ausencia. A mi lado pasaban veloces muchas maquinas de viajar, y tuve miedo que me hicieran daño. Entonces pensé que lo mejor sería regresar al sitio donde habíamos parado, y esperar allí a que volvieras a recogerme. Me situé un poco apartado, debajo de un árbol para protegerme del sol. Desde allí veía perfectamente las maquinas que paraban.
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Llegó la noche y tú no aparecías. Yo estaba nervioso porque allí no conocía a nadie.
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Atrás de esa noche vinieron varios días y varias noches más. No podía explicarme tu tardanza en volver. ¿Y si no sabias regresar a buscarme por que te faltaba ese papel llamado mapa?
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En tanto, insistía en la espera. Las personas que atendían a los que allí paraban, me dieron agua y me ofrecieron comida. Yo me alejaba de ellos. Yo aguantaba el hambre, y no quería que me cogieran para apartarme de aquel lugar. ¿Y si regresabas y yo no estaba allí? ¿Qué ibas a pensar de mí?
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Debía esperar el tiempo que hiciese falta. Todas las noches a gritos le pedía al Gran Espíritu del Norte que guiara tus pasos trayéndote de regreso. Pasaron otras noches más. Y un amanecer, cuando aún estaba medio dormido, unos señores con un lazo me sorprendieron y me apresaron. Fui introducido en una maquina y llevado a un sitio desconocido. Al entrar pude ver un cartel que ponía algo así como Perrera Municipal.
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Aquel lugar estaba abarrotado de otros como yo. Me condujeron a una habitación donde esperaban un macho y una hembra de tu especie, vestidos con batas verdes. Me miraron, escucharon mi respiración y mi corazón con un aparato y también me tocaron por todas partes. “Está un poco asustado y muy flaco”, dijo la hembra. “No es de extrañar. Lleva casi dos semanas sin comer, abandonado a su suerte en la gasolinera -respondió el macho y añadió-. Parece un animal fuerte, en pocos días estará recuperado”.
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¿Abandonado? ¿Qué significaba aquella palabra? Nunca la había oído. A los pocos días, la perrita compañera de habitación, me lo explicó. A todos los que estaban allí les había pasado lo mismo. Sus amos los habían abandonado. “¿Pero eso no puede ser? -repetía yo una y otra vez-. El humano con el que vivía era mi amigo y nunca me haría eso. Es que anda un poco cansado por el trabajo y se olvidó de mí. Seguro que está tratando de encontrarme para llevarme con él” -les repetía un día tras otro, tratando de convencerme a mí mismo que esa era la verdad. No quería creer otra cosa.
. Persistía en mi afán de no comer. La pena por estar encerrado en aquel lugar extraño me hacía perder el apetito. Mis colegas de encierro decían que debía reponerme, si no comía no tendría buen aspecto y nadie querría adoptarme. “¡Es que yo no quiero que nadie me adopte. Yo tengo una familia y no quiero otra!” -les respondía.
Transcurrieron los días con sus noches. Alguna vez venía una familia y se llevaba a uno de mis compañeros. Yo seguía esperando, ilusionado en que aparecieras a buscarme.
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Un día que estábamos en el patio, se me acercó un perrazo que llevaba varias jornadas provocándome. Era un macho más joven y fuerte que yo, y le gustaba presumir de su fuerza delante de las hembras. Siempre se metía conmigo diciéndome que tú nunca vendrías, que eras igual que todos los otros humanos que habían abandonado a sus amigos porque les estorbaban. No podía consentir que aquel individuo ignorante y provocador pusiera en duda tu buen corazón. Después de un rato, en el que estuvo machacándome con su voz histérica, no pude aguantar más y me abalancé sobre él. Ciertamente no estaba en mi mejor forma física, pero quise defender tu honor con mis pobres fuerzas. Pero aquel perro joven era más fuerte y me dio una paliza. A continuación todo pasó muy deprisa.
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Salieron la pareja de humanos que nos cuidaban, y tras cogerme de una pata me tumbaron encima de la mesa de metal frió. Estaba sin fuerzas. Tenía mordiscos por todo el cuerpo y las heridas sangraban, aunque no sentía dolor. El cansancio me dominaba.
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Seguía esperándote pero mis horas se acababan.
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La pareja humana parecía nerviosa. No paraban hablar, abriendo y cerrando cajones, removiendo y agarrando todo tipo de cosas.
Se acercaron a la mesa donde me hallaba tumbado y comenzaron a limpiarme las heridas. Sus caras poseían una expresión extraña. No paraban de discutir. “No podemos hacer nada por él” -dijo el macho. “Si qué podemos, y es nuestro deber intentarlo” -respondió la hembra. “No vale la pena. No creo que pueda recuperarse de estas heridas. Y aunque lo haga, se acabará muriendo de tristeza. Desde que llegó, prácticamente no ha comido. Se pasa el día tumbado cerca de la entrada, como si estuviera esperando a alguien. Pero tú y yo sabemos que nadie vendrá por él. Estamos desbordados y no podemos atenderlo como se merece, así que no vale la pena seguir haciéndolo sufrir. Lo mejor es "dormirlo". La hembra, tras mirarme con cara de tristeza, asintió moviendo la cabeza.
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Al cabo de un momento, la mujer se acercó y empezó a hablarme con gran ternura, mientras me inyectaba un liquido frió en una de mis patas. “Tranquilo, no te dolerá” me decía en voz baja. Al poco rato empecé a sentir cómo me invadía un gran sueño. Ella permanecía a mi lado, con su cabeza pegada a la mía. “Lo siento, chico”, fue lo último que me dijo, al tiempo que unas enormes gotas de agua le salían de sus lindos ojos. “Lo siento”, había dicho. Hacia tiempo que no escuchaba aquella frase. Alguna vez, tú también la dijiste. No sé muy bien porqué me dijo eso aquella señora, pero, dado que sonaba bien, hice un esfuerzo y moví ligeramente la cola en señal de agradecimiento.
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El corazón me empezó a latir con menos fuerza, mis ojos se cerraban y la boca se secó. Sospechaba que la cara mojada de aquella mujer, que tan amablemente me trataba, era lo último que vería, así qué, con el último aliento que me restaba le pasé la lengua por el rostro tratando de secarle las lágrimas. Era mi forma de darle las gracias. Ya que no pude despedirme de ti, al menos lo haría de ella, aunque hubiera preferido que fueras tú el que me acompañara en aquel trascendental momento. Cerré los ojos y sentí que una profunda sensación de bienestar me invadía todo el cuerpo.
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Hace dos días llegué a este lugar. Ayer, el Consejo de los Espíritus de las Razas, y el Gran Espíritu del Norte, me felicitaron por haber sido un modelo para los otros miembros de mi especie. Había cumplido a la perfección durante mi vida junto a los humanos.
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Por ello, me concedieron la posibilidad de pedir un último deseo. Podía elegir casi cualquier cosa. Una compañera, la mejor de las comidas, una morada en las montañas o en la playa..... Yo les pedí que me dejaran regresar a tu lado. Me dijeron que eso ya no era posible. Entonces solicité que hicieran todo lo posible para que recibieras este mensaje. Con el quiero despedirme. Si lo recibes, espero que reflexiones sobre su contenido. Sobre el valor de la amistad, la lealtad, y el amor hacia los que dependen de ti.
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Ojalá que la luz vuelva a entrar en tu corazón, te despierte la conciencia y puedas rectificar los errores, para evitar que otros hagan lo mismo.
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Lo que hiciste conmigo no es el mejor ejemplo para educar a tu cachorro. Tal vez un día, cuando seas viejecito, también te conviertas en un estorbo, y entonces él decida dejarte abandonado en una gasolinera. Sin embargo, sabes que nosotros nunca lo haríamos.
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No obstante, quiero que sepas, que a pesar de todo no te odio. Ese sentimiento no cabe en la naturaleza de ningún perro. Creo que sólo vosotros, los humanos, pueden sentirlo.
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Te echaré mucho de menos. Anhelo que también tú te acuerdes algo de mí.
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Hasta siempre querido amigo. Te quiero. Siempre vivirás en mi corazón.
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Tu fiel y leal amigo,
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Vídeo que obtuvo el primer premio del Certamen Antiabandono:
http://www.youtube.com/watch?v=qDJ8pouRS9A
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Autor anónimo

Texto enviado por SONIA

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POR FAVOR, REENVÍA A TUS CONTACTOS. QUÉ EL MUNDO ENTERO LEA ESTA CARTA.

. LOS ANIMALES: EL SILENCIO DE LOS INOCENTES.
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PUBLICADO POR RICARDO MUÑOZ JOSÉ

sábado, 5 de junio de 2010

El lobo, el burro y el hombre.

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¿LO HORRIPILANTE PUEDE CONVERTIRSE EN CONMOVEDOR?
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¿Estamos frente a un cuento infantil? ¡No! Estamos delante de una inequívoca realidad promovida por la truculencia almacenada en el devenir humano.
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La siguiente historia tuvo lugar en la punta norte de las montañas albanesas, en el transcurso de la primavera de 2007.
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En un bosque, hogar de la eternidad secreta atrapada en un suspiro, un lobo joven escuchaba el tarareo del agua, y se divertía viendo la lluvia revivir las flores y alegrar la vida, mientras la brisa acariciaba la madera, moviendo las hojas, besando la piedra.
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Ante la diligente vigilancia de mamá loba, el lobito invertía las jornadas jugando junto a sus hermanos, y por las noche hablaba largamente con la luna. La reina del cielo nocturno, atravesando tiniebla descendía a ras del suelo a anidar en los árboles, y esculpir mil formas a fuerza de reflejos. La luna, soltando esa mirada muda que acumula todo el silencio guardado en la bocanada del tiempo, acompañaba los aullidos del lobuno.

Pero un día, cediendo al deseo de conocer qué existía más allá del espacio habitual, el lobillo abandonó unos instantes la manada para aventurarse en los colindantes parajes aún desconocidos. Y aunque la cautela le blindaba el ánimo, acabó pisando donde no debía pisar. De súbito, una traicionera red le envolvió el cuerpo cerrándose rápidamente, sin darle opción a la fuga. Pataleando enloquecido, a merced del miedo y la desesperación, cayó en manos de un “intrépido cazador”. El animal no comprendió porqué aquel ser le robaba el derecho a la libertad.
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En tanto, en un corral situado en casa del “intrépido cazador”, un burrito digería hastío, recluido en los límites de una rigurosa empalizada, contemplando siempre el mismo paisaje, y sin otra perspectiva que hacer del lomo el transporte de cargas ajenas a cambio de comida.
Al lobo lo llevaron a Patok, una localidad afincada a cuarenta kilómetros de la capital: Tirana. Allí fue encerrado en una jaula inmunda, y exhibido por el “intrépido cazador” como un trofeo logrado a través de la tenacidad y la valentía.
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El pobre pasó las primeras horas revolviendo sombras, velando sospechas, intuyendo que iba a terminar apaleado por los que tienen el Cielo Prometido. Sintió el derrumbe del aliento carnicero, y palpó que poco a poco enterrábase más y más en el pantano de la agobiante prisión. En el hueco de la mente veíase morir ante el titilar de las ojeadas asesinas, aturdido por las risotadas de los captores, y rodeado de las salpicaduras de su sangre esparcidas cual planetas derrotados.
Permaneció estático, aguardando el arribo del largo tormento, entretanto, con los ojos perforaba el velo del aire, y el pensamiento volvía a los suyos, lejos de los “señores” del acoso y del plomo; corriendo libremente en la amplia morada de la vegetación.
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El lobuno, reacio a cualquier contacto “social”, y parapetado en la ferocidad manifestada por la temida dentadura, continuaba atento el desencadenar del lance, observando desde un inquietante distar; emitiendo el acérrimo propósito de luchar antes de entregar la existencia.
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Tal vez, debido al humillante encierro, o por saberse en garras del enemigo, el lobito renunció a la alimentación.
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El “intrépido cazador”, notando que el hambre se comía el premio de la inolvidable hazaña, resolvió mantenerlo vivo, pues la feroz presencia le proporcionaba un gran deleite a su engreído ego. Inmediatamente la vista y el gesto viajaron hasta el burrito. Las retinas, desbordando entusiasmo, le mostraron el semblante de la solución. Y blandiendo un civilizado e inteligente proceder, metió al asno en la jaula para que el lobo lo devorara.
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Los dos animales, presas fáciles de la hominal maldad, ya compartían el maloliente cuchitril; uno sería la merienda y el otro el comensal.
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-¡El lobo va comerse al burro!
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Parientes y vecinos del “intrépido cazador”, acudieron a recrearse viendo cómo los colmillos enfurecidos despedazaban la carne indefensa. El reloj detuvo el andar, las aves amordazaron los trinos, los arbustos encrespados subieron a la altura de las hojas, el polen errante frenó el vuelo, y la superficie callada se abrazó al espanto de la arboleda. La curiosidad clavó la atención en la escena. Los murmullos galoparon a refugiarse en la insonoridad, y el silencio acaparó la anchura del día.
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Los ojos de cada animal emitieron un presagio. Una ráfaga de álgido estremecimiento horadó el sitio. Las paredes de la gayola retrocedieron alejándose del sangriento banquete. El borrico tembló, y dada la proximidad de la muerte miró en derredor buscando la vía de escape, mas, la consistencia de la jaula pronto le derritió la posibilidad de huir.
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Sin embargo, la fiera no vio en el asno el bocado apetecido, e ignoró el rezongo del apetito demandando alimento. Inexplicablemente, dejó en segundo plano la necesidad de comer, y con pasos breves recorrió el metro del recelo y fue a fregarse en las patas del borriquito cual un perro cariñoso. El jumento, invadido por una marejada de agrado, movió las orejas aceptando el anuncio de amistad.
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Los presentes quedaron patidifusos. El lobo feroz desistía de la comida. Los minutos pasaban y la muerte no aparecía componiendo el espectáculo.
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Los animales, canjeando un callado mensaje de entendimiento, decidieron darle descanso al cepo del instinto, a fin de que la situación creada por el hombre la resolviese la sensatez. Los “irracionales”, olvidando la severidad del trance, amansaron los dientes y las patas, recompusieron la rigidez de los cuerpos, y obedeciendo al arribo del amistoso llamado, perforaron el murallón trazado por las especies. En claro desafío a la dictadura del momento, establecieron una alianza basada en la colaboración; delante de la presencia humana el lobito se ocultaba detrás del burro, y el burro lo protegía de la “bondad de los anfitriones”. De este modo, el lobo asumió la docilidad del burrito, y el asno la fiereza aportada por el compañero de infortunio.
. El desencanto saltó de rostro en rostro estampando una mueca amarga en la expectación de los allí reunidos. El entretenimiento cuajado de sangre, le daba esquinazo al rojo esperado por las pupilas anhelantes.
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Las jornadas pasaron sin asomo de cambio, y la relación de las bestias derivó en show de cariño. La concordia había triunfado.
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La extraña convivencia agudizó la expectativa de los lugareños, y de inmediato rebotó en el interés de los medios de comunicación nacionales, terminando por desembarcar en los internacionales. La noticia produjo la masiva llegada de curiosos. El “intrépido cazador” no tardó en ver el negocio.
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Corresponsales de muchos países comparecieron buscando comprobar in situ la veracidad del suceso. La inusitada confraternización cobró alas, y los “socios” de desgracia aparecieron en los periódicos y los noticiarios televisivos y radiofónicos del mundo entero.
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A todo esto, una honda sospecha aterrizó en la mente colectiva: ¿qué iba a pasar cuando los ocupantes de la sucia jaula, hermanados por el cautiverio, dejaran de ser noticia? La respuesta emergió expresando una despiadada probabilidad; el destino del borrico apuntaba al estómago del lobuno, y este, al no ser domesticable, acabaría muriendo en manos de quienes lo apresaron.
. El insólito compañerismo halló cobijo en el corazón de la gente. Entonces, los animalistas de todo el planeta desenfundaron las voces, y en unánime grito pidieron a los gobernantes de Albania, la liberación de los animales; que el lobo tornara a la boscosa montaña de cuyo amplexo había sido arrebatado, y que al jumento lo trasladaran a un santuario donde el cuidado y el amor le hicieran olvidar el mal momento vivido.

La presión internacional devino en insostenible, y en pocos días surtió efecto; ambos recuperaron la libertad. El lobito regresó a la manada, y el asno al corral al lado de sus congéneres. Para los dos la vida volvió a tener sentido. Juntos consiguieron transmitir, que en el ramaje de los impulsos enraizados en los buenos sentimientos florece el árbol de la amistad.
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Esta historia es una de las tantas que habitan en el seno de la naturaleza, enarbolando un enfático testimonio de la existencia de otras conductas, donde el afecto sabe devenir en vehículo de arraigo, y especies, razas o tamaños, pierden la relevancia otorgada por el afán de dividir que palpita en la mezquindad humana.
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Autor del texto:
RICARDO MUÑOZ JOSÉ
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http://linde5-otroenfoque.blogspot.com/2010/06/el-lobo-el-burro-y-el-hombre.html (En este enlace puedes dejar tu comentario)
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LOS ANIMALES: EL SILENCIO DE LOS INOCENTES.
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Historia e imágenes obtenidas en Internet.
Fuentes consultadas:
http://blog.tepelena.com/?p=7
http://cudirashqiptare.com/kategorite.html?func=detail&id=1598
http://arkivi.peshkupauje.com/pak-humor-gomari-dhe-ujku/2007/05/09/
http://alegriashkodrane.blogspot.com/2007/05/nj-ujk-e-ca-gomar.html
http://www.botaforum.com/koktej-diskutimesh-f27/ca-behet-andej-nga-shqiperia-t35.htm
http://www.hermesnews.org/rubriche/stampa-redaz.asp?IDREDAZIONALE=734http://www.shekulli.com.al/news/45/ARTICLE/11022/2007-06-04.html

jueves, 27 de mayo de 2010

Un perro con dos patas, ejemplo viviente de lo que puede conseguir el afán de superación.

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FAITH, UN PERRO MESTIZO DEL QUE SÓLO ESPERABAN SU MUERTE, SE HA CONVERTIDO EN SÍMBOLO DE LA SUPERACIÓN ANTE LA ADVERSIDAD FÍSICA.
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Frankie era un joven soldado que sirvió en Irak, donde fue alcanzado por un explosivo y perdió ambas piernas. Se recuperaba lentamente en EE.UU., en el Centro Médico Walter Reed del Ejército.
Frankie hallábase desanimado por su condición de mutilado. Todo lo que había querido en la vida era ser un soldado, y ahora, sin piernas, incapaz de andar, su sueño estaba muerto.
Un general de la base habíale dicho, que el que una vez fue soldado, siempre será un soldado, incluso si no está en el campo de batalla. Las palabras, probablemente, no calaron hondo en el espíritu de Frankie, y en aquel momento las tomó como una frase de consuelo.
. Entonces vino a verlo el Sargento Faith. Lo vio andar derecho y orgulloso. En ese instante todo cambió para Frankie. El sargento Faith, era un perro mestizo que no tenía las patas delanteras, y caminaba como un humano con las dos piernas traseras.
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-Sé que él lo ha motivado -dijo Jude Stringfellow, la dueña de Faith (Fe). Y así fue. El hombre, al verlo, se dijo: “Si un perro puede hacerlo, yo también puedo”.
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La primera vez que Jude Stringfellow vio a Faith, no pasaba de una pelota que se retorcía debajo del jersey de su hijo Reuben.
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Reuben había ido a ayudar a un amigo a enterrar los restos de varios cachorros que nacieron muertos. Pero resultó que uno de los perritos todavía estaba vivo. El muchacho se conmovió al ver cómo el cachorro lo miraba con sus grandes ojos, las orejas caídas y sólo las dos patas traseras que le funcionaban. Una de las patas delanteras estaba deformada, y la otra, directamente, no existía.
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La madre no lo quiso porque la familia ya tenía un perro, y otro para cuidar y prepararle la comida le pareció mucho.
. -Teniendo otro perro era inadmisible -dijo Stringfellow. Pero, como su hijo insistió, “¿nos quedamos con él?”, la señora Stringfellow cambió de parecer. Aunque, interiormente, pensó en aquellas condiciones el animalito no sobreviviría esa noche –Está bien, nos lo quedamos.
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Mas, Faith, increíblemente, sobrevivió la temida noche. Lo llevaron a un veterinario. El profesional aconsejó unos cuidados espaciales, advirtiendo que más adelante debía amputarle la única pata delantera que le quedaba, dado que las deformaciones imposibilitarían un uso adecuado, y terminaría por constituirse en un lastre.

La señora Stringfellow, conmovida con la suerte del perrito, le ponía almohadas abajo para levantarle el pecho. Con tanto cariño, estímulo y atención, Faith comenzó a desarrollar potencia en los miembros traseros y empezó a moverse.

-Pusimos cacahuetes en una cuchara y la sostuvimos por encima de su nariz –contó-. Él intentó lamerlo y se cayó como cualquier niño. Insistimos de acuerdo a lo recomendado por el veterinario. Los días pasaron y sus piernas traseras se hicieron bastante fuertes, al punto de sentarse como una ardilla. De este modo, los músculos de vientre fueron adquiriendo más y más fuerza. Al cabo de tres semanas, Faith podía valerse con las extremidades traseras.
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Y llegó el día. La familia sacó de paseo a Faith. Había mucha nieve. Faith no se amilanó. Y para asombro de la familia y de los transeúntes, comenzó a saltar loco de entusiasmo.

-Volvimos a sacarlo y repitió el mismo comportamiento –recuerda Jude Stringfellow-. Entonces nos pareció normal verlo a los saltos por la casa, jugando entre zapatos y almohadas; saltando del suelo al canapé. A partir de ese momento comprendí la determinación, la inteligencia, y el afán de superación de Faith. En la mirada transmitía sus ganas de vivir.

-Observaba cómo jugaba con otros perros y no me preocupó que no tuviera las patas delanteras. Y, completando mi placer, noté que a los otros perros tampoco les preocupaba. Pero saltar, seguramente no debía ser el modo de movilidad preferido por Faith.
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Al llegar el cumpleaños de Reuben, la señora Stringfellow se sintió molesta, ya que no tenía dinero para hacerle un buen regalo al hijo. Feith proporcionó el destello de felicidad: comenzó a andar erguido sobre las patas traseras.

-Caminó derecho como un humano. Entusiasmada llamé una estación de la televisión local. Desde aquella t arde, los paseos y la historia de Faith empezó a ser difundida por la Associated Press. Noté que la gente demostraba un profundo afecto a Faith, algo que continúa ocurriendo hasta hoy.

Tres años después de la llegada del perro, Stringfellow comenzó a recorrer el país ofreciendo charlas de motivación, mostrando siempre a Faith como la prueba que todo era posible.

Estando de visita a los soldados en la Fortaleza Lewis, una base de ejército cerca de Seattle, a Faith lo hicieron sargento honorífico.
Quizás, sintiéndose más integrado, el can siguió realizando su trabajo de apoyo psicológico a los militares heridos o mutilados. Todos ellos se referían a él como el Sargento Faith.
Un general le dijo a la señora Stringfellow:
-Es realmente extraordinario su aporte y el de su perro. Este gesto quedará grabado en la memoria del ejército.

Desde luego no solamente los soldados se benefician del mensaje de esperanza y determinación transmitido por Faith. Hace unos dos años, una muchacha de 13 años que estaba en una silla de ruedas, al saber que visitaría la Ciudad de Panamá, faltó a la escuela a fin de encontrarse con Faith.
-La chica estuvo todo el día con él –recordó la señora Stringfellow-. Se sintió feliz, incluso importante, y declaró que nunca habíase notado así. Ella aprendió que aún siendo una impedida física, no debía abstenerse de hacer lo que fuera necesario. Esa muchacha se hizo portavoz de los niños minusválidos en su área, y en una carrera para disminuidos en sillas de ruedas, corrió representando a su escuela y ganó.

Tanta admiración hacia Faith, atrajo a los forasteros y unió a la familia. El asombroso animal mejoró la convivencia y alegró la casa. Stringfellow explicó, que antes de la llegada de Faith, ella y sus hijos habían aguantado los horribles efectos secundarios de su divorcio, incluyendo una batalla judicial por la custodia de los niños que duró cinco años. Ella sólo trabajaba media jornada como profesora y no recibía ningún apoyo para sus niños.

-Antes que llegara, nosotros mirábamos y actuábamos como una mano sin pulgar. Vivíamos cada cual por su lado. Yo no podía hacer nada. Pero cuando vino Faith la familia tuvo que trabajar en conjunto para asegurarse que el perrito tuviera todo lo que necesitaba. Faith fue ese pulgar que nos faltaba. Él nos forzó a ser una familia.

Días después de la Navidad de 2009, una organización de rescate se puso en contacto con Jude, a fin de que conociera a un perrito de pequeño porte, maltratado y abandonado y con solo dos piernas, que habían recibido. Petrolero, como era llamado, vino a vivir con Jude y su familia. Ella se propuso amarlo y entrenarlo, hasta que alcanzara la misma categoría que Faith.

Con Faith y Petrolero piensa viajar por el mundo entero visitando a soldados y otros que lo requieran, para devolverles la sonrisa. Haciendo ver que si un perro puede sobreponerse a su desgracia particular, también puede hacerlo un ser humano.
-Mi propósito es altruista, y espero que la gente no piense que lo hago buscando ganar dinero. Cualquier persona haría lo mismo desinteresadamente, para ayudar a su semejante.

No dejes de ver sus vídeos

http://www.youtube.com/watch?v=aZsV4R3XJKk


http://www.youtube.com/watch?v=emiZpSuz-eA

Fuente:
http://www.moderndogmagazine.com/articles/faith/752?page=1
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Colaboración:

Carles Codina - Berlín, Alemania

http://enberlin.blogspot.com/

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PUBLICADO POR RICARDO MUÑOZ JOSÉ

http://linde5-otroenfoque.blogspot.com/2010/05/blog-post.html (En este enlace puedes dejar tu comentario)

viernes, 14 de mayo de 2010

Bulldog que apareció en televisiones del mundo y recibió diez millones de visitas en YouTube, no es el único perro-skate.

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BAZOOKA, EL BULLDOG DE JAPÓN QUE PRACTICA UN ENTRETENIMIENTO TAN HUMANO Y JUVENIL COMO EL PATINETE, TIENE OTROS CONGÉNERES CON IDENTICA AFICIÓN.
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BAZOOKA Y EL SKATE: LA HISTORIA DE UN PERRO.
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TOKIO (Reuters)
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Sólo es un bulldog de patas gordas, pero eso no ha impedido que Bazooka se convierta en el perro 'skate' más famoso.
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Como prueba de que los animales también tienen su minuto de fama, el bulldog de pura raza, de dos años, patinó por un parque de Tokio el lunes, empujando su patinete con las patas traseras y apoyándose en las cuatro para dirigirla.
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"Fue amor a primera vista -dijo el dueño de Bazooka, Yoshio Ishikawa-. Cuando tenía 5 meses vio a alguien sobre un patinete por la calle y debió impresionarle" -agregó a Reuters Ishikawa, que diseña ropa de perro. "Después de esto fue como '¡Quiero hacer skate!" -confesó.
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Todavía tiene que aprender a hacer giros de 180º y 'kickflips', pero Bazooka parece muy cómodo sobre el patín saboreando el éxito que tiene entre personas y otros perros.
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Ishikawa tiene tablas personalizadas para asegurarse de que no tienen barnices tóxicos y que la longitud es apropiada.
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Y Bazooka demuestra aprecio de la manera en el que lo hacen la mayoría de perros: muerde las tablas hasta destrozarlas."Muerde y sigue royéndolas, así que hasta ahora llevamos 15 tablas hechas a medida", afirmó Ishikawa.




Fuente: http://ecodiario.eleconomista.es/noticias/noticias/1313626/06/09/Bazooka-y-el-skate-la-historia-de-un-perro.html.
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PUBLICADO POR RICARDO MUÑOZ JOSÉ